domingo, 8 de julio de 2018

Recensión sobre Homilética


Recensión



Alvarenga, Willie. Predicando la Palabra de Dios. Tejas (EE.UU.), Alvarenga Publications, 2015.



El objetivo del libro consiste en tratar de manera completa el contenido de la homilética, es decir, del trabajo de preparar correctamente y predicar, bíblicamente, de manera certera, sermones, o dar lecciones bíblicas (página 5).



La obra se basa en el presupuesto de que el predicador debe dedicarse a exponer la Palabra de Dios (Biblia) y no sus propias palabras motivacionales, ideas, consejos o determinaciones. Los predicadores no han de enseñar sus ideas citando la Biblia ocasionalmente, sino analizar rigurosamente el texto bíblico, y exponer lo que Dios (no el predicador) enseña en su Palabra. Este es el presupuesto teórico del autor que, aunque no lo manifieste explícitamente, se basa en el presupuesto de la Biblia como Palabra de Dios infalible, inerrante y completa en sí misma, propia del protestantismo conservador (evangelicalismo). Aunque el presupuesto de la inerrancia e infalibilidad de la Biblia no sea compartida por ciertos sectores del anglicanismo (broad Church, liberalismo teológico), las enseñanzas del libro son sumamente valiosas para todos los sectores del anglicanismo. Ofrecen un excelente fundamento para aprender a predicar rigurosamente, dependiendo de Dios, y permitiendo a la Biblia explicarse por sí misma, alejando, en lo humanamente posible, las preconcepciones y prejuicios del predicador.



A continuación resumiremos en letra cursiva los aportes del texto, y en letra simple consignaremos algunas reflexiones al respecto.



El autor entiende por predicación la comunicación verbal de la voluntad de Dios a la audiencia (página 3). Ello conlleva una gran responsabilidad, porque está en juego la salvación de las personas (Ídem). Este proceso de predicación comporta dos elementos: 1) La verdad de la voluntad de Dios revelada en la Biblia. 2) La personalidad específica de las personas que escribieron el texto bíblico y, agregamos nosotros, la personalidad de quien predica. Un sermón es bíblico cuando se expone al ciento por ciento, la Palabra de Dios pura, sin manipularlo para que el mismo se conforme a nuestros deseos o intenciones.



Resulta sumamente iluminador el aporte del autor, al destacar la gran responsabilidad que consiste en predicar. Es la oportunidad de alimentar las ovejas, representando la gran mayoría de la nutrición espiritual que reciben muchas personas a lo largo de la semana. Por ello su influencia es sumamente alta, y es responsable de gran parte de la cosmovisión de muchos asistentes (participantes) a la eucaristía.



Elementos clave para lo anterior son el razonamiento lógico (“lógica”) para exponer adecuadamente la Biblia, y la relación personal con Dios (página 7).



Resulta limitado el acercamiento del autor, porque desde Nietzsche sabemos que no existe una lógica objetiva, ni en las denominadas ciencias naturales, y mucho menos en las disciplinas humanas de las que se ocupa la Biblia. Empero, resulta valioso el llamamiento del autor a emplear mecanismos serios de razonamientos, muy desarrollados en ciertos campos (i.e., argumentación jurídica).



En el capítulo siguiente del libro se pretende efectuar un diagnóstico del estado actual de la predicación. Sostiene que la Palabra de Dios no está siendo predicada al ciento por ciento de pureza. Se debe predicar solamente la Palabra de Dios. Muchos se convierten en oradores motivacionales, o en buscadores de retribuciones, y se olvidan de la Palabra. No permiten que Dios hable a través de los sermones, debido a que no predican la Palabra de Dios.



De nuevo el autor expone un valioso acercamiento. En muchos grupos la predicación consiste en un mecanismo de manipulación de las personas, o en un aditamento del espectáculo, que procura mantener a las personas en la superficialidad, sin cuestionar ni sustituir los grandes intereses que gobiernan el mundo y los países.



El capítulo que prosigue es dedicado a explicar los beneficios que trae la predicación bíblica, tales como salvar a las personas, traer gozo a todos y todas, y ayudar a las personas a experienciar un cambio cualitativo importante en sus vidas. La importancia de lo anterior consiste en que debemos conservar en mente estas realidades positivas cualitativas, para que nos animen en los momentos difíciles que pasa todo predicador, pues tal labor desgasta a la persona. A continuación el capítulo siguiente explica las razones por las cuales se predica bíblicamente, tales como alabar al Señor, comunicar la verdad de Dios y refutar las falsas doctrinas. Luego, en el capítulo siguiente, se tratan los propósitos generales de la predicación.



Podríamos cuestionar si la predicación puede salvar a las personas, o si es más bien la respuesta personal del oyente a la invitación de Jesús (Ap. 3:20). En todo caso, es plenamente cierto que “la fe viene por el oír, y el oír por [escuchar] la Palabra de Dios”. Grandes cambios cualitativos de las personas, metamorfosis, pueden darse como respuesta de las personas a la invitación de la predicación de abrir nuestros corazones a Jesús. Asimismo la enseñanza sólida y constante representa un importante elemento para que los oyentes se conviertan en activos participantes en sus relaciones personales con Cristo, con gran edificación individual y colectiva en la Iglesia. La predicación resulta fundamental para el crecimiento y santificación de la Iglesia.



A continuación aborda los requisitos para ser un buen predicador o maestro (“expositor de la Palabra de Dios”), tales como estar dispuesto a sufrir por Jesús, y amar Su verdad bíblica, estudiarla constantemente a fondo, meditar en ella en el corazón, rechazar el pecado, ser compasivo con los que sufren (todos sufrimos), amando al prójimo, defender la verdad, ser un buen modelo o influencia, obedecer la Palabra, y estar convencidos de la existencia de Dios y de la veracidad de Su Palabra, orar asiduamente, y conocer el mundo y la sociedad actual.



Un maestro dijo a un candidato a discípulo: ¿Estás dispuesto a morir por el judaísmo? En el ámbito cristiano, debemos ser igualmente conscientes de que quien inicia una relación con Jesús, y más aun, quien aspira a ser predicador, debe tomarse en serio su compromiso con Cristo y estar dispuesto a enfrentar las dificultades, no solo por predicar, sino por seguir a Jesús en la vida diaria. El equilibrio entre vida ministerial, familiar y trabajo no es fácil, pero debe asumirse con seriedad este reto. El estudio constante forma parte del quehacer del predicador, fundamental para su compromiso cristiano laico u ordenado.



El capítulo siguiente consiste en tratar la Palabra como el mecanismo propio para comunicar la Palabra de Dios. Rechaza el entretenimiento como método para transmitir la Palabra de Dios. En la siguiente sección ofrece algunos consejos como huir del orgullo, enfatizar que el centro es el mensaje, no quien lo comunica, predicar todo lo que indica el texto, sin seleccionar, para no omitir Palabra de Dios en la exposición, atenerse a la sana doctrina, imitar a Jesús, relacionar los textos con el contexto. Posteriormente explica por qué ofende a otros el contenido de la predicación bíblica, incluyendo aquellos que no comparten la interpretación de las Escrituras de este autor que comentamos.



El poder, el orgullo, el conformismo y el dinero son grandes tentaciones del púlpito. Por ello el predicador debe fortalecer su relación diaria con Cristo, y vivir en dependencia constante de Jesús, y su ministración, que viene diariamente, como el pan que pedimos. Al predicar debemos ser modestos en gestos y comportamiento, para que destaque el contenido de lo que se predica, y no nosotros como personas.



El capítulo décimo aborda la responsabilidad del predicador, la cual es sumamente alta por lo que hemos visto. A continuación realiza un llamamiento a volver a la predicación bíblica tradicional. El poder se encuentra en la Biblia y no en las interpretaciones de las personas, o en sus ideas. Posteriormente indica los grandes predicadores que son personajes bíblicos. Sigue exponiendo qué tipos de ministros son los que Dios desea: serios, bíblicos, fieles.



El capítulo decimotercero se ocupa de los componentes del sermón: 1) Tema y título. El tema debe llegar a expresarse en una frase corta y clara. Todo el sermón se estructura en un único tema que le da unidad. El título debe centrarse en torno a una palabra clave.  2) Texto bíblico a exponer en el sermón. 3) Proposición del sermón. Consiste en una frase completa que contiene todo el sermón. 4) Objetivo del sermón. 5) Introducción del sermón. De la misma dependerá de que la gente ponga atención al mensaje. No debe ser de más de cinco minutos. 6) Acerca del texto. Breve resumen del texto bíblico que se analizará. Es una parte de la introducción. 7) Declaración de discusión. Es una frase incompleta que se llenará con cada uno de los puntos de los que trate el sermón. 8) Cuerpo del sermón. Los puntos o apartados del cuerpo del sermón no deben ser más de tres o cuatro, seguir un orden lógico, y estar vinculados al tema. Debe contener explicación, ilustración y aplicación (el sermón ha de ser relevante a la persona oyente). El sermón debe apelar al entendimiento y la emoción de los oyentes, con la finalidad de acceder al punto clave: la voluntad de cada oyente, para permitirle tomar la decisión de si desea ser fiel a Jesús; a tal efecto la claridad es necesaria. Seamos simples, lógicos y breves. 9) Conclusión del sermón. Consiste en resumir los apartados de la predicación o la clase. Debe dejar a los escuchas pensando e incluir el plan de salvación. Para todo ello resulta muy importante desarrollar y practicar la habilidad de pensar.

En el siguiente punto se trata de los principios para predicar efectivamente lo que se preparó, como el denuedo, convicción, fuego, estudio, naturalidad y claridad.



Posteriormente ofrece bases para apartar el miedo a la hora de predicar.



A continuación ofrece el contexto de la audiencia como elemento a valorar antes y durante la predicación.



Se trata de aportes sumamente valiosos que deseo llegar poco a poco a reflejar.





En el siguiente capítulo trata del material de apoyo para preparar el sermón, como distintas traducciones de la Biblia, Diccionario Bíblico, diccionario de cultura general, comentarios bíblicos, léxicos griegos, Concordancia Exhaustiva Strong, interlineales, aprovechándolos, pero cuidando de no repetir acríticamente lo que dicen los demás, sino elaborar críticamente lo que predicamos, y siendo plenamente capaces de preparar nosotros mismos los sermones por nuestra cuenta.



De nuevo se trata de aportes serios del autor a seguir. En particular, recomiendo libros de escritores judíos expertos en distintas áreas, pues ayudan mucho a comprender toda la Biblia: Erich Fromm y Michael Lerner en psicología, Mordecai Kaplan en sociología, Hermann Cohen en humanismo, etc. Asimismo se puede tomar en consideración que CLIE acaba de publicar su Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia, disponible en internet y en Librería Nueva Creación (antes Caribe). Asimismo la Biblia de Estudio Palabra Clave agrupa, en un tomo accesible, la RVR 1960, más un condensado de Strong, bajo letras hebreas y griegas, y muchas otras ayudas.





Luego aborda el autor el análisis del texto bíblico, como la búsqueda de palabras clave, el contexto, estudio de las palabras desconocidas, atención al lenguaje figurado y al literal, y el empleo de la Biblia para interpretar la misma Biblia, interpretando conjuntamente unos textos remitiendo a otros, para captar el sentido de ambos. Enfatiza el desarrollo de las capacidades de hacer las preguntas correctas al texto, tomando en consideración quién es el escritor, quién(es) es el destinatario del texto bíblico, la razón de escribirlo, el reto o problema que buscaba dar respuesta o resolver, la época en la cual se escribió, y el lugar donde se redactó. De este modo se evitan frecuentes errores que se cometen por interpretar de manera literal el texto bíblico.



A continuación se tratan los distintos tipos de sermones, como los tópicos (tratan de un tema, exponiendo lo que la Biblia enseña sobre esos temas), temáticos (el autor propone una aserción, y enseña los textos bíblicos que lo respaldan), expositivos (el predicador expone lo que contiene un texto bíblico concreto), apologéticos (se convence a la audiencia de una doctrina) y evangelísticos (llamado a la conversión).



De nuevo se trata de aportes sumamente valiosos. Destaco la importancia trascendental de los sermones evangelísticos y los sermones temáticos sobre aspectos relevantes para el no creyente del Siglo XXI, terminando cada sermón con una invitación a seguir a Jesús.





Posteriormente el autor trata el tema de predicar sin el uso de notas. Ello no significa predicar sin tener delante la Biblia, sino predicar sin tener frente al predicador ni el texto escrito del sermón, ni un bosquejo del mismo. Llevar la Biblia comunica al auditorio que el predicador depende de la Biblia. No llevarla implica que la misma no es tan importante para él, brillando el mensajero y no la Biblia. Para predicar sin notas se requiere una sólida preparación bíblica personal, así como haber preparado bien el sermón, junto a depender de Dios (una relación personal cercana con Dios que llevará a estar abierto a lo que Él desee enseñar a la congregación a través del predicador). Depender de notas elimina mucho el contacto visual con la congregación, con lo cual decae el nivel del sermón y puede dar a entender a las personas que ellas no son importantes.



Se trata de un gran reto.



Prosigue el autor, en la siguiente sección, ofreciendo consejos para predicar la Palabra de Dios utilizando power point. Subraya la necesidad de estar bien familiarizado con el programa y con el sermón, no utilizar muchas diapositivas, ni fotos, ni efectos especiales, ni recurrir con frecuencia a ese mecanismo para predicar.



En lo personal, me opongo, en términos generales, a este método. Me resulta chocante.



Posteriormente el autor recopila frases de predicadores relevantes acerca de nuestro tema y enumera una serie de títulos de sermones que nos podrían ser de utilidad, destacando: “Por qué soy miembro de la Iglesia de Cristo”. “El poder de la cruz de Cristo”, “¿Qué significa seguir a Cristo?”, “Si este fuera mi último sermón”, “Lo que significa nacer de nuevo”, “Buscando al perdido” y “Por qué las Iglesias no crecen”.



A continuación el autor recopila diversos sermones suyos que procuran servir de ejemplo.



Finalizamos reiterando el aporte sumamente valioso que implica el libro, y el deseo de continuar aprendiendo de los retos que nos plantea.

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