sábado, 24 de marzo de 2018

Comentarios al Informe de Virginia



Título:          Informe de Virginia


Autor:                     Comisión lnteranglicana Teológica y Doctrinaria
Consejo Consultivo Anglicano, Partnership House, 157 Waterloo Road, Londres, 1997.
Integrantes:  Eclesiásticos y profesores (¿de teología/Biblia?) de las diferentes provincias de la Comunión Anglicana.

Objetivo:      Éste consiste en: “analizar en cierta profundidad el significado y
naturaleza de la comunión” anglicana (pág. 1).

Reto:            Ofrecer directrices sobre cómo los anglicanos podrían vivir juntos en
la mayor comunión posible mientras se siguieran sosteniendo opiniones y aplicando prácticas diferentes” (pág. 3) en temas polémicos como la ordenación de mujeres, etc.


Daniel Montero Bustabad monterodaniel@monterodaniel.com 

www.monterodaniel.com


Ideas Destacadas:

      I.          El informe de la Comisión reunida en Virginia a principios de la década de 1990, se denominaba “Belonging Together” (“Perteneciendo Juntos”) (pág. 4). Con la retroalimentación recibida y el análisis realizado, se emite el presente informe.

    II.          En cuanto al contexto, podemos manifestar que, desde los primeros tiempos, el llamado de Jesús a mantener la unidad para que así el mundo pudiera creer, ha sido un elemento motivador a la comunión de las tradiciones cristianas, es decir, la unidad e interdependencia.

  III.          La autonomía del individuo y el libre examen propio del creyente, fruto de la Ilustración y de la Reforma, han producido un doble efecto de bendición, pero también a una desintegración de los valores y estructuras sociales (egoísmo, anomia, aculturación (Durkheim, Capella).

  IV.          En respuesta a estos déficits de la Modernidad, las personas buscan identidad. Las Iglesias Anglicanas buscan dar respuesta a estos y otros retos locales, incluyendo aquellos de justicia social.

    V.          En este contexto surgen las preguntas de cómo mantener la unidad en la diversidad, y cuáles son los límites de la diversidad, es decir, hasta dónde llega la aceptación de las diferencias para mantener la unidad o romperla.

  VI.          Se desea que los resultados de esta reflexión sobre la unidad e interdependencia en la diversidad, sirva también de contribución al diálogo ecuménico.

VII.          La Trinidad es, por esencia, unidad e interdependencia en la diversidad; constituye nuestro modelo a seguir. Pág. 8: “El Espíritu Santo es la tuerza unificadora de Dios en la comunidad. La unidad de la lglesia que es dada, y que sin embargo la lglesia procura profundizar, se basa en la unidad misma de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo (Efesios 1.3-14, a: 1-6)”.

VIII.          La unidad Trinitaria en la vida y misión reconciliadora de la Iglesia, se proclaman en los dos sacramentos: bautismo (crecimiento y misión de Cristo) y santa cena (reconciliación, gratitud y entregarse).

  IX.          Cada don, carisma o ministerio, por definición, nace y se ejerce en interdependencia con las demás personas que ejercen otros dones.

    X.           Los anglicanos convergen en la manera en que imbrican las Escrituras, la tradición (la mente viviente, el centro del sistema nervioso de la lglesia) y la razón (ordenación y comunicación de experiencias, sentido común de una cultura en particular), para discernir en caminar con Cristo en cada generación.

  XI.           El don del ministerio ordenado capacita a la Iglesia a cumplir la misión encomendada por Cristo (pág. 15).

XII.           El ministerio o don de supervisión (episkopé) es sostenido también con posterioridad a la Reforma Protestante. El mismo es reconocido en diferentes documentos ecuménicos. Ello resulta relevante para los anglicanos en el discernimiento y reflexión (pág. 16). El ministerio de supervisión es ejercido para los anglicanos tanto por el obispo a nivel individual, como de manera colegiada por los consejos diocesanos encabezados por el obispo. La vida anglicana incluye tanto la colegialidad como la primacía.

XIII.           A nivel provincial la primacía se ejerce precisamente por el arzobispo o primado, el cual preside la estructura sinodal. No existe órgano legislativo superior a cada provincia, pues cada una es autónoma. Sin embargo, la autonomía no es el único principio que rige las relaciones de las diversas provincias entre sí. Otro principio ampliamente reconocido es el de la interdependencia. “Existen algunas señales de que las Provincias se están dando cuenta cada vez más de que necesitan compartir sus recursos espirituales, intelectuales y materiales a fin de cumplir con su tarea de misión” (pág. 17). Asimismo el Arzobispo de Canterbury ejerce un papel de primacía; el primero entre iguales. Entre los obispos, el Arzobispo de Canterbury representa una primacía de honor, no de jurisdicción.  

XIV.           La prueba de la pertenencia exterior y visible en el anglicanismo, consiste en estar en Comunión con la Sede de Canterbury. Ello fue reconocido explícitamente en la Conferencia de Lambeth de 1930.

XV.           Junto al instrumento de unidad que representa el Arzobispo de Canterbury y la Conferencia de Lambeth, se encuentra en Consejo Consultivo Anglicano. Se reúne cada tres años y su Comité Permanente, cada año; “…su finalidad más vital, al igual que la conferencia de Lambeth, es el establecimiento de una comunión de atención, interdependencia y rendición de cuentas mutuas para servir a la unidad e interdependencia en misión de la comunión Anglicana” (pág. 20). El compartir experiencias fomenta la interdependencia (pág. 20). Al respeto se requiere no solo que cada representante traslade las experiencias de su provincia al consejo, sino también que el enriquecimiento  generado en el compartir, sea trasladado por los representantes a las provincias que son representadas (provincia, país y diócesis).

XVI.           Otro instrumento es la reunión de primados, la cual se propuso para cada dos años.

XVII.          Como indica el documento: “El episcopado es el instrumento primario de la unidad anglicana, pero el episcopé se ejerce personal, colegial y comunalmente. La emergencia de la Conferencia de Lambeth y, en forma más reciente, la Reunión de Primados y el Consejo Consultivo Anglicano, conjuntamente con la primacía del Arzobispo de Canterbury, se han convertido en medios eficaces para mantener a las Provincias en contacto unas con otras y para vincular estrechamente a todos los miembros de la Comunión Anglicana” (pág. 22).

XVIII.           De lo anterior se desprende el carácter conciliar del anglicanismo moderno, como uno de los distintivos más relevante del mismo (pág. 22).

XIX.           Las señas de una Iglesia que la deben caracterizar en todo lugar y tiempo, es: Una, Santa, Católica y Apostólica.

XX.           Cada nivel de la Iglesia tiene una razón de ser propia y cada nivel debe resolver los asuntos que sea más efectivo adoptar en el mismo; sólo se remitirán a un nivel “más alto”, aquellos asuntos que, por sus características, deban ser resueltos en ese otro nivel (subsidiariedad).

XXI.           La koinonía es un rasgo importante en el desarrollo y gestión de estructuras. “…las estructuras de unidad y comunión a nivel mundial aún están en desarrollo. Dicho desarrollo necesita inspirarse ahora en un entendimiento renovado de la lglesia como koinonia; en un reconocimiento del don de Dios a todo el pueblo de Dios de un ministerio de episcopé, ejercido de maneras personales [obispo], colegiales y comunales, dentro de toda la compañía de los bautizados y por ella; en principios de subsidiariedad, rendición de cuentas e interdependencia; y en un entendimiento de los procesos de discernimiento y recepción guiados por el Espíritu” (pág. 29).

XXII.           Agrega: “No es por debilidad que la lglesia no pueda tomar decisiones inmediatas respecto de los asuntos complejos de fe, orden y moral que se le plantean, sino que el modo en que vive en el proceso de discernimiento, toma de decisiones y recepción pueden dar un profundo testimonio y proporcionar un modelo para otras comunidades” (pág. 34).

XXIII.           Se indica en pág. 38: “Los obispos deben rendir cuentas de sus palabras y acciones en Lambeth, ante Dios y la lglesia toda. Los obispos en Lambeth deben representar a quienes no tienen voz: quienes no pueden confiar en nadie más para contar su historia y defender su causa; aquellos a cuyos intereses la sociedad y/o la lglesia han escogido no hacerlo, a veces deliberadamente, a veces por olvido. Es cuando los obispos aceptan que deben rendir cuentas a los más necesitados que descubren el camino del Reino de Dios. La diócesis es llevada por el obispo a Lambeth, y Lambeth, a través del obispo, de vuelta a la diócesis. Es una modalidad importante de participación de todos los miembros del pueblo de Dios en las preocupaciones y el pensar de la comunión mundial”.

XXIV.           En cuanto a la apreciación dinámica de los tres instrumentos de unidad, señalan con acierto las págs. 40 y 41: “Tres instrumentos, el Consejo Consultivo Anglicano, la Reunión de Primados y la Conferencia de Lambeth, tienen sus propias características distintivas y mantienen potencialmente en equilibrio y tensión tres aspectos de la vida de la comunión. Lambeth concentra la relación de obispos con obispos y, por lo tanto, de diócesis con diócesis. La Reunión de Primados concentra la relación de Primados con Primados y, en consecuencia, de provincias con Provincias. El Consejo, que es la reunión más completa, representa la voz de la vida interior de las Provincias, mediante la representación del laicado, clero y episcopado. En esos tres instrumentos de interdependencia preside el Arzobispo de Canterbury, centrando de ese modo la unidad y diversidad de la Comunión”.

Conclusiones:

      I.          Resulta valioso que el documento haga girar la forma misma de destacar la forma de conceptuar la comunión (en términos generales y refiriéndose a la Comunión Anglicana) como unidad e interdependencia. No se trata de uniformidad, sino de mantenernos en armonía dinámica (unidad) y vínculos recíprocos de lealtad (rendición de cuentas e interdependencia).

    II.          En esta comunión destacan los tres instrumentos de unidad, respecto a los cuales se señala con acierto en lo siguiente, en las págs. 40 y 41: “Tres instrumentos, el Consejo Consultivo Anglicano, la Reunión de Primados y la Conferencia de Lambeth, tienen sus propias características distintivas y mantienen potencialmente en equilibrio y tensión tres aspectos de la vida de la comunión. Lambeth concentra la relación de obispos con obispos y, por lo tanto, de diócesis con diócesis. La Reunión de Primados concentra la relación de Primados con Primados y, en consecuencia, de provincias con Provincias. El Consejo, que es la reunión más completa, representa la voz de la vida interior de las Provincias, mediante la representación del laicado, clero y episcopado. En esos tres instrumentos de interdependencia preside el Arzobispo de Canterbury, centrando de ese modo la unidad y diversidad de la Comunión”.

  III.          Es en lo indicado en los dos párrafos anteriores donde se manifiesta el ministerio, carisma o don espiritual de la supervisión espiritual-eclesial (episcopé), la razón de ser del episcopado que, por definición, caracteriza a la Comunión Anglicana.

  IV.          Lo anterior garantiza una vida eclesial sin autoritarismo, donde se busca la formación de consensos para la toma de decisiones en el nivel apropiado a cada caso (libertad, subsidiariedad) y, donde el consenso no sea posible, se facilita un marco amplio de convivencia donde se reduce la posibilidad de fracturas en la comunión (mínimo dogmático, broad church).

    V.          Sin embargo, en los últimos tiempos nos encontramos ante divergencias dentro de la comunión que amenazan con la división de la Comunión. Se trata de situaciones en las cuales una parte de la Iglesia entiende que se encuentra en juego la raíz de ser de la Iglesia que es el amor al prójimo (derechos humanos), mientras otra parte de la misma considera que se ha abandonado uno de los postulados básicos del Credo: Las Sagradas Escrituras como única norma de fe y conducta. Ello pone en juego a la comunión misma como unidad, rendición de cuentas e interdependencia. Ante esta situación, los instrumentos de unidad se juegan su misma existencia o razón de ser: ACC, Reunión de Primados, Conferencia de Lambeth. De su capacidad de encontrar formas de convivencia bajo el Espíritu Santo, depende el futuro de la Comunión Anglicana.


Sugerencias:

       i.          Grupos de estudio posteriores que se ocupen de estas u otras materias, podrían enriquecerse con el aporte de sabios en distintas materias seculares, así como de profesionales en ejercicio, laicos activos de la Comunión, con el fin de aportar una visión fresca desde el laicado experto en distintas ramas del saber y en contacto con la luz cenital que ofrece el contacto con la realidad, tal cual es percibida en las diversas profesiones prácticas.

      ii.          Convendría que los representantes provinciales ante los instrumentos de unidad (especialmente Comité Consultivo Anglicano), realicen giras muy frecuentes a las diversas parroquias, misiones y puntos de predicación, para transmitir tanto el clima de unidad como los acuerdos que se toman en el Comité Consultivo, haciendo más conscientes a los feligreses, tanto de un sentido de pertenecer a la Comunión Anglicana, como a sus diversos esfuerzos, así como para conocer de primera mano la vitalidad, necesidades, aspiraciones y características de cada parroquia, y darlas a conocer mejor al Comité Consultivo. Lo mismo aplica, con las diferencias del caso, respecto a la Conferencia de Lambeth como la Reunión de Primados; en particular, sería impactante para los anglicanos, incluyendo aquellos sin voz o menos reconocidos socialmente, ver periódicamente tanto a su Obispo como a su Primado, y sentir que ellos lo escuchan y se interesan por él/ella y sus necesidades. Recordemos que el documento que analizamos enfatiza el papel del Obispo como voz de los sin voz, quien defiende a los anglicanos de colectivos no reconocidos socialmente, o que no se pueden expresar.

  iii.          Quizá sea una apreciación subjetiva, pero como laico activo, agradecería una mayor actualización sobre el quehacer diario de la Comunión, en el sentido de que en el espacio de anuncios después de la Misa, se informe al laicado del día a día de las labores de los instrumentos de unidad, de los resultados de sus reuniones, la formación de comités que recibirán sugerencias por vía electrónica, temas que serán debatidos, objetivos que se formulen y las formas de darle seguimiento a dichos acuerdos a todos los niveles de la Comunión, desde el Arzobispo hasta la parroquia, misión y punto de predicación. En otras palabras, sería posible que el laicado de hoy en día perciba de forma más clara el sentido de pertenencia a la Comunión Anglicana, a través de la información constante del quehacer de la Comunión, así como de las formas de participación de la misma, directamente o a través de sus representantes.

    iv.          Las modernas tecnologías permiten la formación de comités sobre temas candentes u otros, que reciban retroalimentación del laicado de cada rincón del planeta. Esta participación mundial reforzaría el sentido de pertenencia de los feligreses a algo más amplio que ellos mismos, a toda una Comunión.

     v.          Por lo dicho deviene valiosa la propuesta de Congreso Anglicano formulada en el Apéndice del documento que estudiamos. Ello potenciaría la capacidad de los anglicanos de sentirse parte de la Comunión y de orar juntos y hacer oír su voz, que en el fondo, sería la voz de toda la Comunión, en su pluralidad.

Daniel Montero Bustabad monterodaniel@monterodaniel.com 


www.monterodaniel.com

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