sábado, 24 de marzo de 2018

Comentarios al Don de la Autoridad (La Autoridad en la Iglesia III)


Título:          El Don de la Autoridad (La Autoridad en la Iglesia III)

Autor:           Comisión Internacional Anglicano-Católica Romana (ARCIC ll)
                    1999



Daniel Montero Bustabad monterodaniel@monterodaniel.com 

www.monterodaniel.com


I.                Antecedentes: Fruto de anteriores trabajos de ARCIC, se llegó a consensos tales como los que se exponen a continuación:

·       reconocimiento de que el Espíritu del Señor resucitado mantiene al pueblo de Dios en obediencia a la voluntad del Padre. Mediante esta acción del Espíritu Santo la autoridad del Señor actúa en la lglesia (cf . Relación Final, La Autoridad en la lglesia 1,3);

·       reconocimiento de que por su bautismo y su participación en el sensus fidelium el laicado representa una parte integrante en las tomas de decisión en la lglesia (cf. La Autoridad en la lglesia: Aclaración, 4);

·       la complementariedad de primado y conciliaridad como elementos de episcopé dentro de la lglesia (cf. La Autoridad en la lglesia 1,22

·       la necesidad de una primacía universal ejercida por el Obispo de Roma como un signo y salvaguarda de la unidad dentro de una lglesia re-unida (cf  La Autoridad en la lglesia ll,9);

·       la necesidad de un primado universal que ejerza su ministerio en asociación
colegiada con los otros Obispos (cf. La Autoridad en la lglesia 11,19);

·       una comprensión del primado universal y la conciliaridad que complemente y no suplante el ejercicio de la episcopé en las lglesias.


II.              Ideas Destacadas:


12. “Cuando un creyente dice "amén" a Cristo individualmente, siempre está incluida una dimensión más amplia: un "amén" a la fe de la comunidad cristiana. La persona que recibe el bautismo debe llegar a conocer la implicación plena del hecho de participar en la vida divina dentro del Cuerpo de Cristo… El "amén" del creyente a Cristo es tan fundamental que los cristianos individuales mediante su vida están llamados a decir "amén" a todo lo que la entera comunidad de cristianos recibe y enseña como el auténtico significado del Evangelio y del modo de seguir a Cristo”.

Considero que la segunda parte de la cita es de rectitud dudosa. Es cierto que un cristiano nunca lo es de forma individual, sino que está llamado a integrarse en la Iglesia. Sin embargo, esta integración eclesial no se puede asumir de forma automática que sea a una Iglesia concreta. Tampoco se puede asumir que todo lo que llegue a enseñar la Iglesia en cualquier momento sea recto ante Dios, ni que deba ser asumido incondicionalmente por el creyente. En principio debe el creyente aceptar la esencia de la enseñanza de la Iglesia y seguir la autoridad de la misma, pero ello lo es como norma general. Pueden surgir excepciones, en las cuales el creyente tenga el deber ante Dios de apartarse de doctrinas u órdenes de la Iglesia, por ser contrarias a la voluntad de Dios.

15.  …Mediante el proceso de la tradición, la lglesia administra la gracia del Señor Jesucristo y la koinonia del Espíritu Santo (cf . 2 Cor 13,14). Por tanto, la Tradición es esencial para la economía de gracia, amor y comunión…

16.  La Tradición apostólica es un don de Dios que debe ser constantemente renovado. Por medio de ella, el Espíritu Santo forma, mantiene y sostiene la comunión de las lglesias locales de una generación a la siguiente. La transmisión y recepción de la Tradición apostólica es un acto de comunión en el que el Espíritu une a las lglesias locales de nuestros días con las que las han precedido en la única fe apostólica. El proceso de la tradición entraña la recepción constante y permanente y la comunicación de la Palabra de Dios revelada en muchas circunstancias diferentes y en tiempos permanentemente en cambio…

22.  La formación del canon de las Escrituras fue una parte esencial del proceso de tradición. El reconocimiento de la lglesia de estas Escrituras como canónicas, tras largo período de discernimiento crítico, fue al mismo tiempo un acto de obediencia y de autoridad. Fue un acto de obediencia en el que la lglesia discernió y recibió el "sí" dador de vida de Dios por medio de las Escrituras, aceptándolas como la norma de fe. Fue un acto de autoridad en el que la lglesia, bajo la guía del Espíritu Santo, recibió y transmitió estos textos, declarando que estaban inspirados y que los demás no debían ser incluidos en el canon.

23. El significado del Evangelio de Dios revelado es comprendido plenamente sólo dentro de la lglesia. La revelación de Dios ha sido confiada a la comunidad. La Iglesia no puede ser descrita con propiedad como un conjunto de creyentes individuales, ni puede considerarse su fe como la suma de las creencias de los individuos. Los creyentes forman, juntos, el pueblo de la fe, porque han sido incorporados por el bautismo a una comunidad que recibe las Escrituras canónicas como la auténtica Palabra de Dios; reciben la fe en el interior de esta comunidad.  La fe de la comunidad precede a la fe del individuo.

Resulta valiosa la comprensión de que la tradición en Iglesia no es la suma de creencias de los creyentes individuales, sino que el cristiano debe vivir imbuido plenamente de la vida de la comunidad cristiana eclesial. De ello se deriva que la Iglesia tiene un cierto peso en la toma de decisiones individuales, así como que lo que ésta enseña debe ser analizado seriamente por el individuo. Sin embargo, estimo que, desde un punto de vista valorativo, la fe del individuo precede a la de la comunidad, pues la justificación es por fe sola. Por ello debe descartarse la consecuencia de la tesis contraria que se podría desprender de lo manifestado en el documento, que sería que el magisterio eclesial debe ser incondicionalmente obedecido por el creyente individual. Quien ha de rendir cuentas ante el Hijo de Hombre-juez, es el individuo, amparado en la justificación por la fe sola que él decide aceptar individualmente en su vida. Por ello, aunque la tradición eclesial y el consiguiente magisterio deben tener un peso cierto en la toma de decisiones del creyente individual, éste debe apartarse de aquéllos cuando exista una desviación grave de la voluntad de Dios, como individuo que, como tal individuo, debe vivir como si fuese a rendir cuentas ante el Juez terrenal (nuevo reino de Dios), Jesús el Mesías.


28.  El pueblo de Dios como un todo es el portador de la Tradición viva. En situaciones  cambiantes que producen nuevos desafíos al Evangelio, el discernimiento,  actualización y comunicación de la Palabra de Dios es la responsabilidad de la totalidad del pueblo de Dios. El Espíritu Santo actúa a través de todos  los miembros de la comunidad, utilizando los dones que él da a cada uno para el bien de todos. Los teólogos especialmente sirven a la comunión de la Iglesia entera explorando si y cómo se deberían integrar las nuevas ideas en la corriente viva de Ia Tradición. En cada comunidad existe un intercambio, un toma y daca mutuos, en el que Obispos, clero y laicos reciben de y dan a los otros dentro del cuerpo entero (el énfasis es añadido).


La autoridad en la Iglesia sirve para la proclamación del evangelio y para la acción del mismo a los que no son cristianos. Es decir, la autoridad de la Iglesia es con una finalidad misionera (apartado 32). Por ello la autoridad ha de buscar la unidad de todos los cristianos, y así hallar legitimidad ante los no cristianos, al percibir una Iglesia unida (33).

El Obispo tiene autoridad para tomar decisiones (jurisdicción), y el creyente tiene el deber de obedecerle, pues ha de recibir como creyente su decisión y acatarla. Su libertad consiste en saberse creyente que, como tal, recibe y cumple la decisión del Obispo (36).

Sínodos en la Iglesia. Los Obispos, a su vez, se integran en un colegio de Obispos (pues las Iglesias locales son interdependientes, de modo que las mismas muestran su pertenencia a un todo más amplio, siendo esto la comunión entre las Iglesias), de modo que cada decisión debe tomarse en el nivel apropiado. Este principio se manifiesta de forma distinta en las dos comuniones.

La indefectibilidad de la Iglesia significa el cumplimiento de la promesa de Cristo a la Iglesia, de que le enseñará toda la verdad, generando certeza a la Iglesia, pues Cristo mantendrá a la Iglesia en la verdad (41). Como la Iglesia es indefectible, su enseñanza es infalible (42). El colegio episcopal ejerce esta función magisterial, en virtud de la sucesión apostólica (44).


Comentario de Daniel Montero: La historia refuta estas tesis.


La primacía consiste en ejercer “la autoridad en colegialidad y conciliaridad” (45). La ARCIC ha establecido que la primacía debe ser ejercida universalmente. Por ello el magisterio universal (proclamar y enseñar una verdad a todos) es ejercido por el obispo de Roma en el colegio episcopal (47). Esta enseñanza tiene el mismo peso que la aducida por los concilios ecuménicos (47).

“Cuestiones planteadas a los Anglicanos
56. Hemos visto que son necesarios a todos los niveles instrumentos de vigilancia y toma de decisiones para sostener la comunión. Teniendo esto en cuenta la Comunión Anglicana está explorando el desarrollo de estructuras de autoridad entre sus provincias. ¿Está la Comunión también abierta a la aceptación de instrumentos de vigilancia que permitirían que las decisiones que deben adoptarse, en determinadas circunstancias, vincularan a la lglesia entera? Cuando surgen nuevas cuestiones importantes que, en fidelidad a la Escritura y Tradición requieren una respuesta unida, ¿estas estructuras ayudarán a los Anglicanos a participar en el sensus fidelium con todos los cristianos? ¿Hasta qué punto la acción unilateral por parte de provincias o diócesis en materias que conciernen a la lglesia entera, una vez que la consulta ha tenido lugar, debilita la koinonia? Los Anglicanos han mostrado su voluntad de tolerar anomalías con el fin de mantener la comunión. Ciertamente esto ha llevado al debilitamiento de la comunión que se manifiesta en la Eucaristía, en el ejercicio de la episcopé y en el intercambio de ministros. ¿Qué consecuencias se derivan de ello? Sobre todo, ¿cómo tratarán los Anglicanos la cuestión de la primacía universal tal como está emergiendo de su vida común y del diálogo ecuménico?”


III.            Conclusiones del texto:


a.     No existe el cristiano aislado. Ser cristiano implica, por definición, ser miembro activo de la Iglesia.

b.     Ser miembro activo de la Iglesia conlleva someterse a la autoridad de la misma en asuntos eclesiales, y acatar el magisterio (enseñanza) de la misma.

c.     Para que la Iglesia actúe como tal Iglesia, es decir, conjunto coherente de miembros (sociedad eclesial) y no como una banda de individuos aislados, se requiere un elemento aglutinador. Este elemento aglutinador implica el poder, el cual tiene dos ramas principales: i) Poder decisorio sobre asuntos eclesiales (jurisdicción). ii) Salvaguarda y enseñanza del depósito de la fe (magisterio).

d.     La jurisdicción y el magisterio son ejercidos en la Iglesia por los Obispos de forma colegiada, en los distintos niveles estudiados en los textos. Ello se fundamenta en la sucesión apostólica, entendida, ya sea como manifestación del derecho divino, o por derecho humano.

e.     Sobre esta base se reflexiona acerca de que los niveles de decisión eclesiales no son solamente a nivel de diócesis y provincia, sino que también existe un nivel universal donde debe reconocerse la primacía universal del obispo de Roma, con cierta autoridad y magisterio de forma colegiada. Este es el punto de contacto para lograr en el futuro una plena comunión entre anglicanos y romanos. Para ello los anglicanos deben avanzar en los procesos de reconocimiento de un nivel universal de magisterio, toma de decisiones y supervisión (episcopé). Los romanos, por su lado, deben profundizar en el carácter colegial y conciliar del ejercicio de la jurisdicción y magisterio a nivel universal, nacional y diocesano.

f.      Los romanos y los anglicanos deben asumir de nuevo lo que realmente significa el primado universal.



IV.            Reflexiones:


a.     El texto formula muchos aportes para la comprensión de la autoridad en la Iglesia. Muy significativo resulta el reconocimiento de que ser creyente implica, por definición, ser miembro activo de la Iglesia y que el miembro activo, como tal, debe sujetarse a la jurisdicción y magisterio de la Iglesia.

b.     Considero, sin embargo, que podría existir una deficiencia metodológica en los presupuestos teórico-metodológicos del texto. El mismo parte de una estructura vertical de arriba hacia abajo y de un papel pasivo del creyente individual, que simplemente obedece. Sin embargo, a partir del Renacimiento, la Reforma y la Modernidad, resulta incompatible con la cosmovisión del creyente ilustrado actual, el punto de partida pasivo-vertical del texto. Para que el creyente actual pueda asumir los objetivos del texto, se debe partir del proceso contrario, es decir, de forma horizontal de abajo hacia arriba y de un papel activo del creyente en la determinación de la verdad y de la autoridad.

c.     Para la reconstrucción de la vida eclesial de forma horizontal y de abajo hacia arriba, resulta fundamental la teología de Borowitz, la cual, si es el caso, podré exponer oralmente en clase.

d.     En este proceso, el creyente individual asume el libre examen, su deber de formular sus creencias y de asumir las consecuencias de formar parte del Cuerpo de Cristo. A partir de estas bases entiende la participación activa en la Iglesia, la cual implica acatar la jurisdicción de la Iglesia y su magisterio, pero no de forma incondicional. La historia está llena de ejemplos de ejercido incorrecto de la autoridad eclesial, ante la cual los creyentes individuales asumieron su responsabilidad ante Jesús de apartarse de tales decisiones o enseñanzas. Sin embargo, el que la sujeción a la jurisdicción y al magisterio no sea incondicional, su recepción cuidadosa por cada creyente individual, proporciona una base suficiente para garantizar una vertebración adecuada de la vida eclesial y el avance del Reino de Dios.

e.     No comparto la tesis de que deba existir un magisterio y jurisdicción universales. El primado universal ha de ser únicamente de honor y, en el ejercicio de ese honor, se debe utilizar la persuasión, nada más. Un papel semejante al del Arzobispo de Canterbury, pero ejercido universalmente, no necesariamente desde Roma.



V.              ¿Qué dificultades se presentan en la Iglesia en el ejercicio de la autoridad?


En las Iglesias cristianas, independientemente de cuál comunidad se trate, se presentan retos tales como los siguientes:


1.               Colegialidad. Garantizar que las decisiones sean adoptadas con el debido consenso de clero y laicado (incluyendo las diversas clases sociales). Potenciar la conciliaridad y la colegialidad.

2.               Gobernabilidad. Garantizar que el debate no se eternice sin adoptar las decisiones que sean adecuadas, tras un proceso decisorio colegiado (que admite primacía) que legitime la decisión. En caso de que la decisión no sea unánime, deberá estar respaldada por una mayoría lo suficientemente fuerte (el tipo de mayoría, simple, absoluta o más reforzada, dependerá del tipo de decisión) como para garantizar la legitimidad de la misma, y, por tanto, la obediencia a la misma.

3.               Representatividad. Garantizar que los representantes de los colegios decisorios, sean lo suficientemente representativos del clero y del laicado, incluyendo las diversas clases sociales, niveles de educación, etnias, etc.

4.               Primacía. Procurar ganar legitimidad ante la sociedad, mostrando la unidad de los cristianos a través de una primacía honorífica.

5.               Episcopalidad colegial. Cada generación debe re-descubrir y perfilar mejor el papel de las Obispas/os como custodios del depósito de la fe que se re-interpreta en cada generación. La relevancia de las mismas incluye lo siguiente: 1) Custodios del depósito de la fe. 2) Supervisor de la rectitud de la administración eclesiástica. 3) Juez eclesiástico. Para todas estas labores se necesita un órgano independiente, que no dependa de elecciones o de mayorías transitorias, sino de personas cristianas independientes de solvencia contrastada.

6.               Todo lo anterior constituye la respuesta a dificultades de todas las comuniones, tales como: i) Falta de representatividad de los colegios decisorios, por involucrar solo clero y no laicado, o, aunque involucre a ambos, éstos no representen las diversas clases sociales, niveles de educación, etnias, etc. ii) Unilateralidad en la adopción de decisiones, sin garantizar la colegialidad que contribuya a la legitimidad de las mismas. iii) Fragmentariedad local o provincial de las decisiones y magisterio, de modo que lo establecido en una provincia contradice lo dispuesto en la otra. Para responder a ello se encuentran los instrumentos de unidad. iv) Falta de gobernabilidad: Los debates internos se hacen internos y no se adoptan decisiones. v) Falta de acatamiento de las decisiones y/o del magisterio. Ello puede deberse a falta de legitimidad de las decisiones, o bien a falta de compromiso del laicado. La falta de compromiso del laicado (¿clero?) es un grave reto para el cristianismo. Vivimos una plaga de “cristianismo” nominal que insulta a Jesús. Otro problema es una plaga de cristianos verdaderos, pero no comprometidos con ninguna Iglesia. Este es otro grave reto del cristianismo. iv) En el cristianismo también se vive una fuerte independencia de la Iglesia de cada barrio o ciudad, con ausencia de cobertura espiritual o conexión con la Iglesia universal. Ello fomenta toda clase de desviaciones y problemas. La episcopalidad colegiada es una respuesta a tal situación.


 Daniel Montero Bustabad monterodaniel@monterodaniel.com 


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