sábado, 2 de septiembre de 2017

¿Nos ama Dios incondicionalmente? La Reforma Protestante como Respuesta

¿Nos ama Dios incondicionalmente? La Reforma Protestante como Respuesta


La Reforma Protestante surge como una respuesta de Dios al dilema de un cristiano sincero que vivía torturado por el sentido de culpa. Al haber interiorizado la enseñanza del cristianismo, tal como se vivía entonces, de ser Cristo un colérico Juez que se dedica a contar nuestros pecados y a castigarnos en el purgatorio y en el infierno, y que la salvación (el amor de Dios) sólo se conseguía por un número indeterminado de buenas obras, de modo que nunca podíamos saber si somos salvos o no, dicho cristiano era incapaz de amar a ese Dios. La falta de amor a Dios era imperdonable pecado, lo cual sume al cristiano en desesperación.

Aunque el mundo ha cambiado mucho desde entonces, hoy día podemos usar nuestra experiencia como muestra de tal dilema. Si una madre o un padre aplicase la regla de que se practicaba en el cristianismo de entonces, amaría únicamente a su hija o hijo (“salvación”) si éste cumpliese con un número indeterminado de reglas. El resultado de lo anterior es propiciar una hija o hijo neurótica o neurótico, pues no se sentiría amada/o; lucharía desesperadamente por cumplir la mayor cantidad de reglas posibles, motivado por la culpa, temiendo el castigo. Su vida sería regida por la culpa, el vacío, la frustración y el temor, todo lo cual es lo contrario al amor. En este sentido, Less Parrot III (Love’s Unseen Enemy) ha demostrado, desde la psicología, que donde prepondera la culpa, expulsa la capacidad de amar, de modo que la conducta será regida por la culpa, no por el amor.

Por el contrario, para propiciar que la hija o el hijo crezca sana o sano, la madre o el padre amaría a su descendiente incondicionalmente, y le comunicaría que es parte de la familia (“salvación”), por el simple hecho de ser humana/o y de aceptar el amor, nada más. De este modo, la progenie, segura del amor, crecería sana, sabiéndose amada (“salva”). Las buenas obras, el cumplimiento de reglas, brotarían poco a poco como fruto del amor, del agradecimiento, no de la culpa y el miedo. Esta es la clave de la sanidad, es decir, de la salvación.

Los Treinta y Nueve Artículos de la Fe Cristiana, tal como son reconocidos como inspiración histórica por la Iglesia de Cristo, nacen de la polémica. No procuran tanto explicar de forma completa o sistemática lo que la dirigencia de la Iglesia creía entonces, sino dar respuesta polémica al Protestantismo (especialmente el calvinismo puritano) y al Romanismo. Dichos Artículos no se inclinan por ninguna de estas corrientes, pero sí muestran huellas de la influencia parcial del cristianismo tal como se había vivido hasta entonces, como de la Reforma Protestante del cristianismo.

Podemos resumir esta influencia en cuatro puntos principales: A) Justificación (salvación) por la fe sola, no por obras. B) La Biblia como la única norma de fe y conducta, sujeta al libre examen por parte de cada cristiano. C) Sacerdocio universal de todos los fieles. D) Énfasis en la moral, no en la compra de la salvación por méritos de otros.

A) Justificación por fe sola y no por obras. Cristo ofreció el único sacrificio válido por nuestra culpa, ofreciéndonos el perdón, la salvación, solo por aceptar el perdón. Las buenas obras son consecuencia, no causa, de la salvación, siendo fruto del amor, del agradecimiento, y no de la culpa.

Esta enseñanza comienza a través de una interpretación del pecado original distinta de la romana. Para la doctrina romana el pecado original no nos hace radicalmente malos, con unas facultades mentales y volitivas radicalmente malas. Lo contrario sostiene la Reforma Protestante. El pecado original nos hace reconocer la necesidad de aceptar a Cristo como el único mecanismo necesario y suficiente para la salvación. “No se le compra a Dios misericordia”. No existen obras supererogatorias ni indulgencias posibles. El sacrificio de Cristo es suficiente para la salvación, y nos toca a nosotros decidir si aceptamos o no Su ofrecimiento. Esto lleva a vivir por amor, no por culpa.

Lo anterior implica el rechazo de la doctrina del purgatoria, entendiéndola como doctrina no cristiana. Asimismo se rechazan otras doctrinas como la mediación de santos, la procesión del pan, reliquias, etc.

Artículos 2, 9, 10, 11, 12, 16, 18, 22, 28, 31.

B) La Biblia como única norma de fe y conducta, interpretada por el libre examen de cada cristiano. Cada cristiano debe obligatoriamente leer la Biblia y regir su conducta de acuerdo a su interpretación, no de acuerdo a lo que la Iglesia u otra persona le ordenen. Durkheim ha demostrado que este fue el motivo impulsor de la alfabetización de los países protestantes, en contraste con los romanos. Artículos 6 y 20. Ello impulsó la traducción de la Biblia. Artículo 24.



C) Sacerdocio universal de todos los fieles. Este principio es recibido de forma matizada en Inglaterra, pues se mantienen los tres órdenes de ministros y la sucesión apostólica (Artículo 23, 36 y concordantes). Sin embargo, el principio se mantiene. Muestra de ello es que tanto laicos como ministros comulgan por igual tanto del pan, como del vino. Artículos 28 y 30. Artículo 24: Liturgia en la lengua del pueblo, pues, en cierto modo, todas/os somos sacerdotes.


D) Énfasis en la moral y no en subterfugios para evitar una vida apegada al deber: Artículos 7, 10, 12, 16. Ello se enfatiza por Weber, quien asigna a la ética calvinista (con el énfasis de la Reforma en el cumplimiento del deber y el trabajo ordinario como un ministerio cristiano), el florecimiento del capitalismo.



E) Otros: a) En cuanto a la predestinación, la misma no es aceptada por el Artículo 17 en el sentido que le diera Calvino, sino únicamente de una forma figurada, enfatizando la libertad de elección de la persona. Empero, de la explicación que se hace se fortalece la confianza del cristiano en la gracia salvadora de Cristo. b) Se rechaza la forma romana de entender la eucaristía como transubstanciación. Se la comprende de un modo parcialmente parecido al sostenido por autores de la Reforma. c) Matrimonio de los presbíteros. Es conforme a la doctrina Reformada. Artículo 32. d) Moderada separación entre Iglesia y Estado, en la línea de la Reforma Protestante. Artículo 37. 

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