domingo, 30 de abril de 2017

El Himno al Verbo de Dios en el Evangelio de Juan


EL HIMNO AL VERBO DE DIOS EN EL EVANGELIO DE JUAN

El Himno al Verbo de Dios en el Evangelio de Juan 1: 1-5, 9-14 y 16-18, complementado con el contexto de Juan 20: 26-30, I Juan 3: 23-24 y I Juan 4:12

 

                                                                       Daniel Montero Bustabad

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I. Delimitación del pasaje y su contexto

 

 

El presente ensayo toma como punto de partida la dignidad humana entendida como el compromiso integral u holístico de tratar a cada persona como un fin en sí mismo y no como un medio, objeto o instrumento para otra finalidad, sin importar cuán sagrada, importante o patriótica, sea esa otra finalidad (Kant). Dignidad humana es la forma actual de expresar lo que históricamente se ha designado como amor al prójimo y hoy libertad y solidaridad (Fromm). Desde el sitial de la dignidad humana, surge la pregunta de cuál es la relevancia, para la causa de la dignidad humana, del Himno al Verbo (Logos) contenido en el Evangelio de Juan Capítulo 1, junto a su contexto.

 

Remitimos al lector al anexo de la presente, donde encontrará los pasajes bíblicos en las versiones Reina-Valera 1995, Dios Habla Hoy, Biblia de Jerusalén, Biblia Latinoamérica, Nueva Versión Internacional y Lenguaje Actual. Las citas que se harán a continuación se tomarán, en lo que se concierne al Evangelio de Juan, de la Reina Valera 1995; en lo que se refiere a la Primera Epístola de Juan, de la Biblia Latinoamérica:

 

“En el principio era el Verbo,

el Verbo estaba con Dios

y el Verbo era Dios.

Éste estaba en el principio con Dios.

Todas las cosas por medio de él fueron hechas,

y sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho.

En él estaba la vida,

y la vida era la luz de los hombres.

La luz resplandece en las tinieblas,

y las tinieblas no la dominaron.

 

Hubo un hombre enviado por Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino como testigo, para dar testimonio de la luz, a fin de que todos creyeran por medio de él. Él no era la luz, sino un testigo de la luz.

 

La luz verdadera que alumbra a todo hombre

venía a este mundo.

En el mundo estaba,

y el mundo fue hecho por medio de él;

pero el mundo no lo conoció.

A lo suyo vino,

pero los suyos no lo recibieron.

Mas a todos los que lo recibieron,

a quienes creen en su nombre,

les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.

Éstos no nacieron de sangre,

ni por voluntad de carne,

ni por voluntad de varón,

sino de Dios.

Y el Verbo se hizo carne

y habitó entre nosotros lleno de gracia y de verdad;

y vimos su gloria,

gloria como del unigénito del Padre.

 

Juan testificó de él diciendo: ‘Éste es de quien yo decía: ‘El que viene después de mí es antes de mí, porque era primero que yo’ ’ .

 

De su plenitud recibimos todos,

y gracia sobre gracia,

porque la Ley fue dada por medio de Moisés,

pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás;

el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre,

él lo ha dado a conocer…

 

 

Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, se puso en medio y les dijo: -¡Paz a vosotros! Luego dijo a Tomás: -Pon aquí tu dedo y mira mis manos; acerca tu malo y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: -¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo: -Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron y creyeron.

 

Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre…

 

 

¿Y cuál es su mandato? Que creamos en el Nombre de su Hijo Jesucristo y nos amemos unos a otros, tal como él nos lo ordenó. El que guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él, pues Dios permanece en nosotros, y lo sabemos por el Espíritu que nos ha dado…

 

A Dios no lo ha visto nadie jamás; pero si nos amamos unos a otros, Dios está entre nosotros y su amor se activa entre nosotros. Y ¿cómo sabemos que permanecemos en Dios y él en nosotros? Porque nos ha comunicado su Espíritu”.

 

A pesar de que objeto de estudio será únicamente el Himno al Verbo de los versículos referidos del Capítulo 1 del Evangelio de Juan, se incluyen en la cita los versos de la conclusión del evangelio que aclaran la finalidad de la autoría del mismo; asimismo se contienen los textos de la Primera Epístola de Juan, con la síntesis del pensamiento joánico. Es por ello que estos textos, aunque no se sitúan en el Capítulo 1 del Evangelio, se citan en el presente ensayo, dado su conexión con la introducción del Evangelio que se realiza mediante el Himno del Verbo en la apertura del Evangelio, en su Capítulo 1.

 

En otras palabras: El Evangelio de Juan inicia con un Himno al Verbo, en el cual se plantea el mensaje central de los escritos joánicos. Dicho himno es el objeto del presente ensayo. Asimismo se incluyen en el pasaje antes citado, la conclusión del Evangelio de Juan, donde se enfatiza el mensaje central. Adicionalmente se citan textos de la Primera Epístola de Juan en los cuales se reiteran estas claves.  

 

 

 

            II. Génesis de la obra, género literario y mensaje

 

 

La tradición que se remonta al siglo II D.C. atribuye este Evangelio y las Epístolas joánicas, a Juan hijo de Zebedeo, discípulo de Jesús. Las pistas que se encuentran en el texto mismo del evangelio y las epístolas, nos refieren a un discípulo amado por Jesús, para quien el amor representa un mensaje central de Jesús; dicho talmid (estudiante, discípulo), era conocido del sumo sacerdote, con conocimiento teológico judío. Otros atribuyen la composición a uno o más seguidores de Jesús con amplio dominio de lo que podríamos llamar, desde nuestra terminología actual, teología judía (derej torah).

 

Schonfield, por su parte, atribuye una doble autoría: 1) Juan, familiarizado con la temática sacerdotal judía, amado por Jesús, quien tuvo participación destacada en los planes de Jesús para la última etapa de su vida. 2) Juan el Anciano, quien escribe en Éfeso.

 

El lugar de composición más probable es Asia Menor Occidental, en Éfeso (en la actual Turquía), en torno al año 90 d.C. La tradición sostiene que el apóstol Juan residió sus últimos años de vida en Éfeso. En este entonces era Éfeso una de las ciudades más importantes del imperio romano. Sin embargo, el evangelio no se dirigió a una comunidad en particular, ni limitó la vigencia de su mensaje a un tiempo determinado.

 

El género literario constituye poesía, concretamente un himno. Al respecto hemos de tomar en consideración que ninguno de los cuatro evangelios representa una simple cronología de la vida de Jesús. Como toda obra escrita humana, un evangelio interpreta los aspectos relevantes de la vida de Jesús (“Buena Noticia de Jesús, el Cristo”, “el reino de Dios de ha acercado”, “fe”, etc.) y en torno a esos aspectos relevantes selecciona los momentos más valiosos de la vida de Jesús que desea destacar. En este sentido, podríamos decir que los evangelios sinópticos representan un primer nivel de abstracción, de selección, de elaboración, respecto al material crudo que sería una crónica de la vida de Jesús. Sin embargo, el Evangelio de Juan representa un nivel más de abstracción. Podríamos denominarlo el evangelio del segundo grado de abstracción. Ello se debe a que los conceptos teológicos básicos que son objeto de un evangelio sinóptico (Mesías –Cristo-, fe, reino de Dios, etc.), son objeto a su vez de otro proceso de abstracción, hasta llegar a un mayor nivel de abstracción que se muestra en la elaboración teológica. Un ejemplo palmario de este segundo nivel de abstracción es el concepto de Verbo (griego Logos) con el cual inicia, mediante un himno, el Evangelio de Juan. Logos no es el concepto simple judío de Mesías (griego Cristo), sino un concepto más abstracto, el de la personificación de la palabra hablada de Dios (en el Antiguo Testamento), con la cual Él creó el mundo, que se imbrica con el concepto de sabiduría que en Proverbios se personifica también de forma inicial. En los targumim (singular tárgum), que son las paráfrasis arameas de los libros hebreos de la Tanaj (Biblia hebrea), se ofrece también el proceso de personificación de la palabra de Dios. Una mención especial merece Filón de Alejandría, quien, en el Siglo I A.C., elabora una interesante síntesis entre el pensamiento de Platón y la Biblia, y enfatiza el concepto de Logos. Lo que deseamos significar es que el Evangelio de Juan no se limita a calificar a Jesús de Mesías, como lo hace Marcos en el pórtico de su evangelio, sino que recurre a un concepto más abstracto, el de la abstracción superior que abarca la personificación de la intención de Dios, la actuación de Él, su sabiduría y dirección, en un concepto sumamente abstracto, que es transformado en un concepto bañado en belleza literaria a través de este himno, con un mensaje muy claro: Hacernos saber que la salvación depende de creer en Jesús como el Escogido por Dios y en vivir Su amor. De esto depende la salvación, tu salvación, mi salvación, y el futuro de la humanidad. Digásmole “SÍ” a Jesús: Creamos en Él.

 

 

 

 

 

            III. Contexto histórico y destinatarios

 

 

Los destinatarios directos del Evangelio de Juan eran gentiles habitantes de Éfeso, de cultura grecorromana. Por ello se explican las costumbres judías, se traducen los términos arameos y se interpreta la geografía de la tierra de Palestina.

 

Éfeso era una de las más importantes y pobladas ciudades del imperio romano, el principal puerto marítimo de Asia, situada junto a la confluencia de dos ríos con sus valles, facilitando el comercio. Se situaba en una confluencia de caminos, y en una vía terrestre importante que unía Roma con Oriente. Éfeso destacaba como un importante centro comercial del imperio. Además en la misma residía el culto pagano a la diosa de la fertilidad Diana (Artemisa) y al emperador romano, considerado un dios, lo cual suponía un reto. Éfeso era también la sede del gobernador romano, posiblemente la capital de la provincia romana de Asia.

 

Pablo visitó rápidamente Éfeso en su segunda gira misionera, predicando en la sinagoga (Hechos 19), pues en Éfeso se encontraba una importante colonia judía, ciudadanos romanos. Pablo dejó allí a Priscila y Aquila. Hacia el año 52 d.C. Priscila y Aquila fundaron la Iglesia de Éfeso. En la comunidad cristiana de Éfeso se encontraban tanto gentiles como judíos (Hechos 19:10). Algún autor sugiere que el énfasis en el mensaje del amor puede deberse a la necesidad de armonizar los diversos grupos que conformaban la comunidad cristiana. Por su parte, el mensaje de Apocalipsis 2:1-7 dedicado a la Iglesia de Éfeso, sugiere que ésta había perdido su primer amor (¿amor a Dios únicamente, y/o amor al prójimo?), de allí el énfasis en el centro del mensaje cristiano. El mensaje de Apocalipsis sugiere adicionalmente que la comunidad de Éfeso tenía la madurez espiritual de evaluar a quienes traían doctrina, y apartarse de las falsas enseñanzas de quienes pretenden pasarse por apóstoles sin serlo. Además ha permanecido fiel en la prueba y trabajado arduamente por la obra del Señor. Parece ser que Pablo pastoreó dicha comunidad durante dos o tres años durante su tercera gira misionera, y utilizó Éfeso como base para fundar las demás Iglesias en el Asia Menor Occidental. Al retirarse Pablo, Timoteo quedó a cargo (1 Timoteo 1.3). Éfeso representó una comunidad cristiana importante. Ya mencionamos que la tradición aduce que Juan pasó sus últimos años en Éfeso. Asimismo en dicha ciudad se realizó el tercer concilio ecuménico.

 

En el caso de Éfeso, muchos que practicaron la magia se convirtieron y quemaron sus libros, que alcanzaban un importante valor. El cristianismo tuvo tal impacto que hizo peligrar la economía asociada a la religión pagana, concretamente la orfebrería que fabricaba imágenes relacionadas con el culto a Diana. Este sector económico organiza un tumulto en contra del cristianismo. Pablo logra escapar y deja a Timoteo al frente de la comunidad.

 

Asimismo se ha sugerido que del texto ya citado de Juan 20:30-31 se desprende que el Evangelio de Juan estaba destinado a los incrédulos, que escucharían a otros leer el evangelio, y por eso la redacción del evangelio y su insistencia en la necesidad de creer en Jesús como el Cristo para ser salvos.

 

 

 

 

 

 

 

            IV. Palabras del texto, significado y elementos relevantes

 

 

Palabras del texto
Significado
(Elementos diacrónicos)
Otros
Elementos relevantes
“En el principio…”
 
Aquí, con su paralelo en 1 Juan 1:1, se hace referencia a la creación del mundo en Génesis 1:1. Se refuerza la afirmación de que Dios Padre creó el mundo mediante el Verbo (Palabra creadora personificada).
estaba con Dios
también traducido como estaba ante Dios
 
era Dios
Identidad con el Padre.
Schonfield traduce “la Palabra era divina”.
El Verbo (Mesías, Hijo de Dios) es Dios mismo, de lo cual se deducirá posteriormente que es Dios Hijo en la doctrina trinitaria.
vida
Rasgo de la Divinidad. Dios es Vida.
 
luz
Otro rasgo de la Divinidad. Dios es la Luz. Asimismo la luz derivada es el primer elemento de la creación. Se plantea la cuestión de si el autor sostiene que el Verbo es luz en el sentido de Dios Padre (Dios Padre es luz), o bien como primera creación de Dios (en Génesis 1 lo primero que Dios crea es la luz, días antes de crear el sol, la luz y las estrellas). A raíz de la confesión de Tomás, se ha de interpretar que el Verbo tiene el mismo rango que Dios Padre: el Verbo es Dios Hijo.
 
luz y tinieblas
La contraposición entre luz y tinieblas es propia de la mística judía, incluyendo los esenios. Schonfield aduce que el discípulo amado de Jesús fue en un principio seguidor de Juan el Bautista y, por tanto, conocedor de la doctrina esenia.
Por otra parte se podría evaluar si esta contraposición podría reflejar un ambiente cultural permeado por el pensamiento gnóstico, sin implicar que la doctrina gnóstica haya sido aceptado por el Evangelio, sino más bien rechazada por éste.
 
Juan el Bautista
Calificado en los evangelios como la voz que llama al arrepentimiento ante la venida del Mesías. Un profeta que proclama a voz en cuello que todos los hebreos deben arrepentirse; si la colectividad no lo hace, se propiciará que el mal caiga sobre la nación.
El bautismo es un signo de que la persona se arrepiente de sus pecados y se incorpora al nuevo Israel arrepentido que inicia una nueva etapa.
testigo, testimonio
La misión de Juan sería anunciar la ira venidera, llamar al  arrepentimiento y (como traduce la TLA), convencer a las personas de quién es Jesús.
 
“Juan… creyeran por medio de él”
 y: “mundo no lo conoció”.
 
En el pasaje citado con su contexto se hace referencia a creer en Jesús ocho veces. La importancia del concepto de creer en Juan va paralelo al de “fe” en los evangelios sinópticos. Es clave en el mensaje de Jesús. El reino de Dios se activa en nosotros por medio de la fe. A consecuencia de esta fe, se cree que Jesús es el Mesías.
Por otra parte, el conocer a Dios en Jesús va paralelo a la fe y a creer en Jesús. En sentido contrario, rechazar a Jesús es no conocerle.
mundo
El espacio-tiempo presente, con sus características éticas, sociales, económicas, políticas, etc., marcadas por el pecado.
 
suyo, suyos
 
Se subraya que el mundo (espacio-tiempo) pertenece al Verbo. El dominio de todo no corresponde al emperador romano, sino a Dios Padre y al Verbo. Dado que todo fue creado por el Padre por medio del Verbo y que todo le pertenece, se entiende que la usurpación actual que el maligno y sus secuaces ejercen en la tierra (véase la parábola de los malos labradores que matan al Hijo), llegará a su fin, y en el día de la ira, los malvados serán muertos y el espacio-tiempo será para los hijos del Señor, entre los cuales se encontrarán (siguiendo la parábola) otros labradores, a saber, los gentiles que se hayan convertido.
hijos de Dios
Véase lo indicado en el apartado anterior (suyo, suyos). Los arrepentidos son adoptados por el Padre como hijos suyos.
 
sangre, carne
Griego sarx. La palabra hebrea que se encuentra detrás de esa designación de carne (basar), designa al cuerpo con sus tejidos, y al ser humano en sus limitaciones, contrapuesto con Dios que no se encuentra limitado.
Basar no es un término peyorativo ni implica pecado. El cuerpo, la carne, no es pecado, a diferencia del pensamiento gnóstico que sostiene lo contrario. Tan fuerte es el mensaje de que el cuerpo no es pecado, que el Verbo se hizo carne-cuerpo y residió entre nosotros. Este pensamiento se refuerza en este pasaje y en la Epístola de Juan, con su insistencia en la recta doctrina de que el Verbo vino en carne.
habitó entre nosotros
Lit. puso su tienda (tabernáculo) entre nosotros. Es una referencia al tabernáculo (santuario portátil) en el cual Dios “residía” en el pueblo de Israel durante la travesía de Egipto a la Canaán. También es una referencia a la fiesta de las enramadas, que es la festividad, regulada en la Biblia hebrea, en la cual todo hebreo debía peregrinar a Jerusalén, y habitar en una choza o enramada, al aire libre, para recordar la morada provisional del pueblo en su travesía hacia Canaán.
De este modo se da a entender que el tabernáculo (e, indirectamente, el templo) es un tipo de Cristo. Lo mismo la fiesta de las enramadas. Sin embargo, se puede ir más allá, y sostener que toda la travesía del pueblo hebreo de Egipto a Canaán es un tipo que apunta a la travesía del Verbo en la tierra.
gracia,  verdad, gloria
 
Atributos propios de Dios Padre que, por tanto, comparte el Verbo. La gracia es el amor de Dios por el cual justifica a los pecadores, tomando la iniciativa de morir por nosotros para alcanzar el perdón para nosotros.
primero que yo
 
Aunque Jesús fue dado a luz con posteridad a Juan el Bautista, éste reconoce que Jesús es primero que él en rango. Además, como traduce claramente, TLA Jesús precede a Juan el Bautista en existencia, como Dios Hijo, segundo Adán (ver Schonfield).
gracia sobre gracia
La traducción DHH indica “…todos hemos recibido un don en vez de otro…”
Quiere decir que el alcance de la ley fue un don limitado; el don más importante es Jesucristo, pues en él se muestra la verdad y la gracia, amor del Padre, en el cual, siendo aun pecadores, Cristo murió por nosotros para alcanzar el perdón.
Ley
Ley escrita y Ley oral. La tradición hebrea conceptúa que tanto la ley escrita (Pentateuco) como la oral, fue revelada por Dios a Moisés en el Monte Sinaí. Incluso se dice que cualquier criterio que emita un discípulo en presencia de su maestro, ya fue revelada por Dios a Moisés en el Sinaí.
Albert Nolan y otros comentaristas señalan que la Ley y su aplicación eran patrimonio de la clase estudiada (fariseos) o acaudalada (sacerdotes, saduceos). De la misma se encontraban excluidos los pobres y aquellos considerados impuros por quienes aplicaban la Ley: cobradores de impuestos, pescadores, pastores, prostitutas. Por ello el empoderamiento de los excluidos que realiza Jesús por su amor vienen a través de la gracia (amor) y la verdad. Se ha de notar la contraposición con el evangelio de Mateo, en el cual Jesús indica que no se modificará ni una jota ni una tilde de la Ley. Se requiere una interpretación armonizadora para indicar que lo que se descalifica es el legalismo, pero se aprecia lo que Pablo denomina Ley de la libertad que en Cristo da vida, que es la justificación que Dios realiza en Cristo y, como consecuencia de la misma, la ley de la libertad en los frutos del espíritu.
“Señor mío y Dios mío”
La ciudad de Éfeso estaba dedicada al culto a Diana y al emperador como dios. Este se calificaba con los títulos que se aduce que Tomás atribuye a Jesús, el verdadero Dios, no el emperador. Este título se detentaba a finales del Siglo I d.C. por el emperador Domiciano, perseguidor  de cristianos.
 
bienaventurados
Otra bienaventuranza. Procede valorar su encaje de sentido con las bienaventuranzas contenidas en los evangelios de Mateo y Lucas.
 
señales
Actos realizados por Jesús que apuntan a su carácter de Verbo de Dios.
 

 

 

 

 

 

 

            V. Análisis socioeconómico

 

 

La comunidad cristiana de Éfeso integró  judíos y gentiles. La mayoría de los gentiles de las comunidades cristianas, eran excluidos sociales: pobres, iletrados, esclavos, mujeres. Recordemos que el mensaje de la Carta de Pablo a los Efesios incluye la doctrina de la integración de judíos y gentiles en la Iglesia, que es un solo Cuerpo, la cual se extiende hasta su Cabeza, que es Cristo. El que consten personas de diversas clases sociales en la Iglesia habría generado dificultades de convivencia eclesiástica, lo cual motivaría diversas provisiones de las epístolas del Nuevo Testamento al respecto.

 

El cristianismo en Éfeso se contraponía al culto al emperador. Las palabras con las cuales se calificaba el emperador a sí mismo de divino, son las palabras con las que Tomás, en el Evangelio de Juan, designa a Jesús (“mi Señor y mi Dios”), por lo cual queda claro que la divinidad corresponde solo a Jesús. Esto significa que la fuente de la ética, de los valores para conformar la vida de las personas, procede de Jesús, con su ética del amor, no del emperador, con su ética del poder y el dinero.

 

Albert Nolan ha destacado que la ética de Jesús se caracteriza por la solidaridad universal. Se ama, protege y ayuda a las personas (se comparten los recursos materiales con los necesitados), sólo por el hecho de ser personas, independientemente de que nos unan o no lazos de familia con esas personas, e independientemente de que existan otros vínculos con esas personas. Frente a una religiosidad en la cual, según Nolan, la mayoría de los hebreos en aquel momento se solidarizaban solo con sus familiares, o con quienes se compartieran otros lazos, Jesús irrumpió con la solidaridad universal. Esta crítica a los religiosos hebreos de la época podría ser compartido por fuentes judías posteriores como el Talmud, el cual señala que el Segundo Templo fue destruido porque los hebreos no fueron más allá de su deber. También el Talmud califica como “pecado de Sodoma” el no compartir con los necesitados.

 

 

El cristianismo en Éfeso se contrapuso también a la religión pagana mercantilizada, hasta tal punto que los empresarios de la orfebrería consideraron al cristianismo una amenaza; éstos provocaron un tumulto con malos designios, el cual, no prosperó, pero conllevó que Pablo escapara a Macedonia.

 

 

 

            VI. El Himno al Verbo y su aplicación actual.

 

 

Dentro de este panorama socioeconómico irrumpe el Himno al Verbo para comunicarnos que el emperador ni el paganismo son divinos, sino que lo es Jesús, el Cristo. Jesús se caracteriza por abrazar en su ministerio al pobre y al excluido, por integrarlo en su familia, y por compartirle su amor, su tiempo y sus recursos económicos. El mensaje del Evangelio de Juan es un llamado a creer en este Jesús como el Cristo, y a vivir este mensaje de amor, de solidaridad universal, abrazándonos a nosotros mismos, y a toda la humanidad, a todos los necesitados, que precisen de nosotros cariño, tiempo, recursos, apoyo.

 

Jesús se hace presente a nosotros hoy a través de su Espíritu, es decir, el Espíritu Santo, que se manifiesta en la Iglesia. La Iglesia es la familia que Jesús instituyó para que todas las personas nos amemos y nos apoyemos unas a otras.

 

La relevancia del Himno al Verbo para la causa de la dignidad humana se encuentra no en un análisis que se efectúe en un frío laboratorio (Zagrebelsky) con asépticos instrumentos lógicos, sino en la práctica. Esta práctica constituye el compromiso compartido con otras personas por tratar a las personas de forma coherente con su dignidad humana, tal como Jesús lo ejemplificó en grado sumo, hasta apuntar su condición de Verbo en carne. Quien viva esta práctica, encontrará que la Iglesia Anglicana o Episcopal es la Iglesia visible de Cristo por antonomasia, no tanto por el estado actual de la misma, sino por la calidad a la que la misma se elevaría de emplear todo el potencial que Cristo pone cualitativamente a su alcance mediante la fe, la esperanza y el amor, con los frutos del Espíritu (McAdoo, Neill).

 

La persona que viva seriamente el compromiso por la dignidad humana se encuentra llamada a creer en Cristo tal como lo hace el pasaje que analizamos, y el conjunto de la obra de Juan. Radicando su existencia en tal creencia, hallará que la Iglesia de Cristo es el Espíritu Santo viviente entre los hombres, y que la misma es la presencia de Jesús en la tierra, es su Cuerpo, de quien Cristo constituye la Cabeza.

 

En otras palabras: la persona que dedique su devenir vital a la dignidad humana, se encuentra llamado por el pasaje a creer en Jesús como el Cristo, y esta creencia lo radicará como un miembro del Cuerpo de Cristo en la tierra, en relación al cual la Iglesia Episcopal es la Iglesia visible por antonomasia.

 

En una segunda etapa, ya como cristiano consolidado, el discípulo de Cristo compartirá su experiencia de esfuerzo en pro de la dignidad humana de todas las personas, con todos aquellos, creyentes o no, que comparten esta experiencia, que es la experiencia de la justicia (Zagrebelsky). En este compartir la experiencia el discípulo de Cristo será un portador de la luz de Cristo a toda persona, un testigo que llama al no creyente a reconocer a Jesús, y unas manos abiertas de amor que se prodigan a todas las personas en su necesidad.

 

 

 

 

            V. Lecturas sugeridas

 

 

Entre las lecturas sugeridas aludimos, por una parte, a las diversas versiones comentadas de la Biblia, como las indicadas en el siguiente anexo, junto a la de Scofield y Editorial Holman (Reina-Valera 1960).

 

 

Fromm, Erich. And You Shall Be As Gods: A Radical Interpretation of the Old Testament and Its Tradition. Nueva York, Henry Holt & Co, 1966.

 

Fromm, Erich. ¿Tener o Ser? México, Fondo de Cultura Económica, 1993.

 

Kant, Immanuel. Groundwork of the Metaphysics of Morals. UK, Cambridge University Press, 1997.

 

Levine, Ethan. Un judío lee el Nuevo Testamento. Madrid, Cristiandad, 1980.

 

McAdoo. Being an Anglican. UK, S.P.C.K., 1977.

 

Neill, Stephen. El Anglicanismo.

 

Nolan, Albert. ¿Quién es este hombre? Jesús antes del cristianismo. Santander, Sal Terrae, 1981.

 

Philo (Filón de Alejandría). The Complete Works of Philo. EE.UU., Hendrickson, 2002.

 

Ramos Orench, José Antonio. Las María Dolores.

 

Schonfield, Hugh. El Nuevo Testamento Original. Barcelona, Editorial Martínez Roca, 1990.

 

Zagrebelsky, Gustavo y Martino, Carlo. La exigencia de justicia. Madrid, Trotta, 2006.

 

 

 

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