domingo, 15 de marzo de 2015

El Acierto de Abraham... Introduccion a Genesis 18 y 19.

El Acierto de Abraham
… Y el error de Sodoma
Introducción a Génesis 18 y 19

Daniel Montero Bustabad


I.              Introducción.

El objetivo de la presente homilía consiste en tomar como punto de partida la dignidad humana y, desde su luz, destacar la importancia de los capítulos 18 y 19 del libro de Génesis.
En línea kantiana entendemos por dignidad humana, el compromiso integral u holístico de tratar a cada persona como un fin en sí mismo y no como un objeto o instrumento para otra finalidad, sin  importar cuán importante, sagrada, patriótica o urgente sea esa otra finalidad.
Tomando tal punto de partida, observamos que el mandamiento bíblico de amar al prójimo (Levítico 19:18), al extranjero (Levítico 19: 32-35) y al enemigo (implícito en el mismo Levítico 19:18 e incluido en Éxodo 23:4-6), constituye la forma bíblica de designar el compromiso integral (holístico) con la dignidad humana.
Es en este momento cuando nos preguntamos si Génesis 18 y 19 es una simple pieza literaria sin sentido o, como propugnamos, un texto importante entonces y ahora, con un mensaje muy importante para las personas de la actualidad.
Antes de iniciar se debe realizar la lectura bíblica de los siguientes textos: Génesis 1: 26-27, Génesis 9: 5, Levítico 19: 18, Levítico 19: 32-35, Éxodo 23: 4-6, Isaías 53: 10-11, Isaías 58, Jeremías 23:14, Ezequiel 16:49, Daniel 2. De la bibliografía posterior se pueden contemplar los siguientes pasajes: Marcos 12: 28-31, Mateo 25: 31 y siguientes, Santiago 2:8, Hebreos 12: 25 y 29 y Hebreos 13: 1-3.

II.            Justificación del título de la homilía.

Podríamos estar tentados a designar como título de la lección: “El juicio contra Sodoma” o “La destrucción de Sodoma”. Sin embargo, hemos de rechazar enfáticamente tal propuesta. Dado que consideramos que D-os es único, uno solo (Deuteronomio 6:4), y además separado, distinto de lo demás (santo, Isaías 6), establecemos que el bien (D-os) es cualitativamente superior al mal, y a cualquier otra cosa, en un grado superlativo. Como explica una autora, la distancia que separa el ángel más sublime del gusano más diminuto, no es nada comparada con la distancia que separa a D-os del ángel más destacado. De lo anterior se sigue que hemos de definirnos por aquello que nos distingue, es decir, por el bien, y no hemos de definirnos por lo que rechazamos. Es cierto que, debido a nuestro compromiso con la dignidad humana (bien), hemos de rechazar mucho; sin embargo, eso que rechazamos es una simple consecuencia de lo que nos define… y no al revés.
Es por ello que el título que debería encabezar los capítulos 18 y 19 de Génesis es: “El acierto de Abraham”. Abraham se define por aquello que él eligió, es decir, por su decisión de confiar en D-os, lo cual le fue contado por justicia (Génesis 15:6). Esto es lo que caracteriza el pasaje bíblico que analizamos. Lo demás, su rechazo del mal, su separación del error (pecado) de Sodoma, es una simple consecuencia de su amor por el bien.
Siendo así las cosas, podemos inquirir cómo se traduce de forma práctica este acierto de Abraham de confiar en D-os, es decir, en qué consiste la justicia que D-os le imputó a Abraham. Precisamente Génesis 18 y 19 ofrecen la respuesta a tal cuestión.

III.           Desarrollo.


1-    Génesis 18 versos 1 y 2.

La tradición judía (R. Bendahan) nos relata que Abraham se encontraba a solas, en un momento de comunión íntima con D-os. Abraham había llegado al nivel más alto de relación mística con el Padre... De pronto, observa unas personas que lo necesitan; en ese momento, Abraham no sabía quiénes eran esas personas; solo entendía que eran viajeros, vulnerables como tales, en necesidad de hospitalidad. Entonces Abraham hace una pausa en su intimidad mística con D-os, y se dirige rápidamente a esas personas que necesitan atención y cuidado. La enseñanza de ese pasaje (paralela a la lección talmúdica que, en torno a Éxodo 19 y 20 y Deuteronomio 4 a 6, impartió el filósofo Lévinas) se encuentra en que la norma suprema es el amor práctico al prójimo. La comunión mística con D-os es importante, pero debe ser un complemento al compromiso con amar y apoyar a las personas… incluyéndonos a nosotros mismos. Si tomamos el ejemplo del ayuno (una forma de comunión espiritual con el Padre), vemos que en Isaías 58 se enseña que lo importante es ayudar al débil y al necesitado, siendo el ayuno un aspecto subordinado a este imperativo de amor al prójimo.

2-    Génesis 18 versos 3 a 8.

Abraham se dirige a los viajeros con las palabras más corteses de la cultura oriental (los llama “señor”) y les ofrece lo mejor de alimento y les brinda su compañía. De ahí comprendemos que el necesitado merece lo mejor de nuestro respeto, afecto y ayuda. Abraham no se limitó a darles unos víveres y dejarles que comieran solos, sino que seleccionó lo mejor y les ofreció un don muy valioso: su tiempo y sincera compañía. No solo eso, sino que el mismo Abraham se puso a servirles, como el sirviente que atiende a su amo.

3-    Génesis 18 versos 9 a 15.

Después que los viajeros comieron, se da un diálogo muy importante, del cual se deduce que la Presencia del Padre se encontraba en medio de los viajeros. Sin embargo, como manifestamos anteriormente, debe quedar claro que en un principio Abraham desconocía quiénes eran estas personas; les sirvió, no porque supiese de su importancia, sino que les atendió porque eran personas que necesitaban de su apoyo (hospitalidad). Abraham no mostró ser una persona interesada que festeja a personajes relevantes, sino un ser humano que sirve a quien requiere de su apoyo, sin otro interés.

En el diálogo que se produce en los versos 9 a 15 vemos que el Señor promete a Abraham un hijo. Aquí encontramos una enseñanza racional de gran relevancia. Nos explica cuál es la consecuencia del comportamiento bondadoso y justo. El hijo simboliza la posteridad que recibe quien practica la rectitud. Incluso quien no tiene hijos, como el eunuco, puede estar seguro que su comportamiento de amor al prójimo no va a ser el vano (Isaías 56), sino que significa un aporte firme hasta la eternidad. El bien y la justicia que sembramos van a quedar para la posteridad, y aun después de fallecidos, esa bondad y esa justicia van a permanecer para siempre. Como escribimos una vez:

When a righteous man perishes,
The sacred bond of life is not cut off,
But the seeds of love he has sown in others
Begin to flourish in the most deep and unexpected ways.

La misma enseñanza encontramos en Isaías 52 y 53 (especialmente Isaías 53 versos 10 y 11); recordemos que el siervo sufriente que muestra este texto no es únicamente Jesús, sino también todo aquel que sigue su camino; como el mismo Cristo señaló: “quien quiera venir en pos de mí, tome su cruz (sufrimiento) y sígame”. Ello quiere decir que quien practica la bondad (ética) y la justicia (Derecho) sufre en la vida más que quienes viven superficialmente, pues reciben más rechazo y problemas. Sin embargo, persistir en el camino del bien a pesar de los obstáculos, es lo que ayuda al necesitado, es lo que trae beneficios a la vida de la humanidad, es lo que aporta en el camino de la rectitud (Levine).

Pues bien, lo que nos prometen los textos citados es que nuestra persistencia no va a ser en vano, sino que constituirá un haz de semillas que, aunque fueron plantadas y regadas con nuestras lágrimas, en algún momento (quizá después de que fallezcamos) germinarán en la vida de los demás. Este es el consuelo del siervo sufriente de Isaías 52 y 53 y este es nuestro consuelo. Abraham confió en D-os cuando el Padre le prometió esto mismo, y este es el llamamiento que la Biblia nos hace hoy a cada uno de nosotros.

4-    Génesis capítulo 18 versos 10 a 21 y Génesis capítulo 19 versos 1-29.

En este pasaje el Padre le comunica a Abraham que los viajeros visitarán Sodoma, para dar a los habitantes de la misma una última oportunidad de arrepentirse y cambiar; de lo contrario, los destruirá.

Es en este momento cuando nos podemos preguntar cuál es el pecado de Sodoma, qué es eso tan grave que amenaza con su destrucción. La respuesta la encontramos en Ezequiel capítulo 16 verso 49: “Este fue el pecado de tu hermana Sodoma: ella y sus aldeas se sentían orgullosas de tener abundancia de alimentos y gozar de comodidad, pero nunca ayudaron al pobre y al necesitado”.

Este es el mismo pecado que se comete hoy día. El “Estado social y democrático de Derecho” del cual hablan tanto los políticos, legistas y jueces, se encuentra seriamente amenazado, y puede desaparecer más pronto de lo imaginado; las causas de ello son su materialismo, su consumismo y su superficialidad.

En el libro del profeta Daniel (por ejemplo Daniel capítulo 2 versos 27 a 45) vemos el símbolo de una estatua que representa los diversos imperios paganos que han dominado el mundo. Podemos preguntarnos, ¿qué queda hoy de la cultura pagana egipcia que dominó el mundo? ¿Y de la babilonia, de la medo-persa, de la griega y de la romana? Poco. Y lo poco que ha sobrevivido lo ha hecho porque se trata de aspectos que revisten un gramo de rectitud, los cuales fueron injertados en la cultura judeocristiana. Sin embargo, el aporte religioso y cultural del judaísmo es enorme, brilla hoy en día, a pesar de tratarse de un pueblo infinitamente más pequeño que los grandes imperios que una vez dominaron el mundo.

(El pueblo de Israel corre el riesgo de caer en idolatría al colocar los intereses de poder del Estado de Israel por encima de la ética de amor al prójimo; de hecho, muchos ya han caído en tal idolatría).

Aquí hallamos otra gran enseñanza. Si vivimos en el consumismo, con un estilo de vida superficial, no solidaria, seremos engullidos por la historia y no dejaremos huella, como ha sucedido con los grandes imperios paganos del pasado, aludidos en el libro de Daniel. Por el contrario, el futuro se encuentra en ser parte de una pequeña minoría, una ínfima minoría de personas que viven de forma comunitaria en Iglesia, practicando la bondad y la justica, es decir, el amor al prójimo, la dignidad humana. Allí se encuentra el futuro de la humanidad.

5-    Génesis 18 versos 22 a 33.

Como bien señala un autor, Abraham intercede por Sodoma, busca y pide lo justo para todas las personas, aunque se trate de personas con el estilo de vida superficial completamente contrario al nuestro. Quien busca y vive la justicia procura actuar rectamente con todos, sin excepción e intercede por ellos. Por lo anterior, el diálogo de Abraham con el Padre se desarrolla en búsqueda de justicia. Se parte de la idea común en ese lugar de que una sociedad, para existir como tal grupo o sociedad, requiere de un mínimo de diez personas. (Del mismo modo, en una Sinagoga, se necesita un número mínimo de personas, diez, para que exista un מִניָנִים minyanim o quorum válido para realizar las oraciones que se hacen como tal congregación). Abraham dialoga para que el Señor garantice que todos los habitantes sobrevivirán, con la única condición de que se encuentre un mínimo de personas justas (diez). Sin embargo, como hemos visto en los pasajes arriba citados, en Sodoma ni siquiera se encontraban diez justos. Por ello Sodoma es extinguida, pero D-os salva a quienes sí eran justos, Lot y sus hijas.

El texto aludido no ha de ser tomado en su literalidad, sino que hemos de entender y guardar en nuestro corazón el mensaje racional que nos transmite: Sodoma, como toda ciudad pagana y como todo imperio pagano, pasará a la historia sin dejar huella positiva, lo mismo que puede pasarle al moderno “Estado social y democrático de Derecho”, debido a su paganismo (idolatría de consumismo y superficialidad).

Sin embargo, el llamamiento de la Biblia es a que seamos como Abraham, personas dedicadas a amar a D-os y al prójimo de una manera práctica y, de este modo, encontremos vida, posteridad, futuro. Como nos dice Deuteronomio 39:19: “…Escojan, pues, la vida, para que vivan ustedes y sus descendientes”.




IV.          Conclusión.


Algunos aspectos relevantes del pasaje analizado son:

1-    El acierto de Abraham fue confiar en D-os de una manera práctica, es decir, amando al Padre y al prójimo, a todas las personas que necesitaban de él, sin esperar nada a cambio. Es decir, Abraham trató a las personas conforme a su dignidad humana, en amor.

2-    El error de Sodoma fue tratar a las personas como objetos o instrumentos, ya sea tratando de violarlas, ya sea reteniendo para sí su bienestar material, sin compartir con los demás.

3-    Los imperios paganos que han dominado al mundo a lo largo de los tiempos, han sido engullidos por la historia, es decir, se han extinguido sin dejar mayor huella positiva. Para no quedar extintos por la historia, sino para realizar un aporte positivo que persista por la eternidad, hemos de vivir como Abraham, amando de forma práctica a D-os y al prójimo y, de este modo, siendo parte activa de la Iglesia, reino de D-os eterno (Daniel capítulo 2  versos 27 a 45).

4-    Estamos llamados a tratar con bondad y justicia a todas las personas, incluso a quienes viven valores opuestos a los nuestros. Intercedamos por ellos, pues las puertas del arrepentimiento están todavía abiertas (Ezequiel 18).

5-    No seamos como la mujer de Lot pues, como señala un autor, tenía apego por Sodoma y su pecado, y por ello corrió la misma suerte que esa ciudad. No nos dejemos encandilar por lo material, el consumismo, la superficialidad, sino amemos a D-os y al prójimo de una manera práctica.

Bibliografía
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Lévinas, Emmanuel. Cuatro Lecturas Talmúdicas. Madrid, Río Piedras, 1997.
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Nolan, Albert. ¿Quién es este hombre? Cantabria, Sal Terrae, 2011.
Zagrebelsky, Gustavo. La exigencia de justicia. Madrid, Trotta, 2006.


Daniel Montero Bustabad


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