jueves, 10 de enero de 2013

Licenciada (II).

Dos obras de arte, una a la siniestra, otra a la diestra; la primera de ellas obra de un humano; la otra, la más bella, la más espectacular, la Licenciada, obra primero de la naturaleza... y, después, pero tan importante, obra de ella misma, de su convicción de apostar por los valores nobles, de su deseo día a día de abrir su corazón a la amistad de todo tipo de personas, de cultivar su inteligencia con finas lecturas, a ejercer su vocación con valores rectos... esa, esa es la más espectacular obra de arte, el arte que ella hace de su vida misma una vida que es arte viviente. Hubiera sido lógico pensar que una dama tan atractiva como ella cerrara su mundo únicamente a la gente importante, dedicase su tiempo solo a personas a su altura por su impresionante belleza física y grandioso éxito profesional; sin embargo, cada día opta por ser una persona accesible, por cultivar un corazón de valores... y ese, ese es el arte supremo.

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