miércoles, 19 de diciembre de 2012

Crisis de Fe como Vocación (Introducción).


La crisis de fe: una respuesta.

(texto escrito en el año 2006).


Daniel Montero Bustabad
priority@businesslaw.eu.com
www.businesslaw.eu.com


1. Introducción


Mucha de la teología se ha escrito desde una perspectiva muy concreta, a saber, aquella en que se encuentra el teólogo cuando siente que “todo encaja” dentro de un plan D-vino. Sin embargo, podemos percibir que nuestras congregaciones se componen en su mayoría de personas que pertenecen a las mismas porque sus madres o padres eran ya miembros de la misma desde antes de que nacieran. Por ello acuden a la capilla desde niñas o niños. Vemos en nuestras congregaciones que muchas personas que han sido criadas en las mismas, al llegar a una cierta edad, pasan por una crisis de fe más o menos consciente y dejan de asistir a las misas.

La respuesta que la mayoría de las teologías ofrecen a las crisis de fe consiste en la insistencia de que todo encaja bajo un Plan D-vino, y que el dolor que han sufrido, sufren y sufrirán (y el que también sufrimos todos) los inocentes, forma parte de un designio de D-os, quien tiene derecho a crear a las personas y seres vivos aun sabiendo todo el dolor que experimentarían los inocentes. Empero, la persona que atraviesa por una crisis de fe suele sentir que la D-vinidad no tiene derecho a crear seres vivos sabiendo todo el dolor que atravesarían los inocentes. Se han ofrecido argumentaciones racionales por parte de los defensores de la fe, así como réplicas por parte de quienes viven en una crisis de fe. Sin embargo, aunque se utilicen argumentos lógicos, en realidad se trata de razones emocionales que impiden a la persona que atraviesa una crisis de fe abrirse a D-os.

Estas barreras emocionales son las que causan el alejamiento de la Iglesia, a pesar de todas las argumentaciones lógicas que ofrece la Iglesia. No se necesita que la persona que vive la crisis sea un intelectual para que se aparte de la congregación. De hecho, se trata de un sentimiento que tienen todas las personas en crisis, que les dice que el dolor que encuentra en su vida, y en el devenir vital de otras perso-nas, simplemente NO ENCAJA en ningún plan D-vino, y que ningún Creador tiene derecho a hacer seres vivos sabiendo todo el dolor injusto por el que pasarán. Es-tos SENTIMIENTOS son los que provocan el alejamiento de la Iglesia, y el desin-terés por la teología. La teología es la cosmovisión en torno a la fe que tienen to-das las personas, por más sencillas que sean. Toda persona creyente piensa cons-ciente o inconscientemente acerca de su fe, y del papel que esta desempeña en su vida, por más sencilla que sea la persona. La crisis de fe no solamente aleja a la persona de la Iglesia, sino que también lo aparta de la teología, que le viene a re-sultar un campo ajeno a sus intereses.

Por ello se necesita profundizar en una necesaria reconstrucción de la teología que sea apta para traer de nuevo a la Iglesia a aquellas personas que viven una crisis de fe. Se trata de demostrar que, si el centro de la vida de una persona es el com-promiso con los derechos humanos, entonces este ser humano tiene el deber ético de participar activamente en la Iglesia. Esta reconstrucción teológica estará desti-nada a remover las barreras EMOCIONALES que alejan a la persona en crisis de la fe de la Iglesia, reinterpretando la fe y la teología de un modo que se le haga en-tender la necesitad de apoyar a la Iglesia. A esta necesaria reconstrucción teológica están dirigidas estas líneas.

Como preámbulo o introducción a la tarea solicitada, se hace necesario aclarar una cuestión para evitar un posible malentendido. Esto permitirá a la vez enmarcar el contexto en el cual proponemos una indicación de hacia dónde buscar también una concepción de la teología. El Profesor Álvarez Toirac apunta a la crisis de la metafí-sica a causa de la incapacidad humana de definir las cosas en sí. Por ello no es posi-ble estudiar a D-os en sí. Además, dado que una característica esencial de la concepción de la D-vinidad señala que esta es trascendente, entonces no resulta viable un análisis racional de D-os. Esto lleva a que el objeto de una disciplina (tal como lo es la teología, que es una disciplina) no pueda ser D-os. Lo que sí puede analizar con rigor la teología es la fe en D-os. La fe en Ella parte de una OPCIÓN. Ante la disyuntiva de tener o no tener fe en D-os, la teología parte de la escogencia de contar con fe en D-os. Este es el asunto que merece la aclaración.

La directriz del Profesor podría interpretarse en un sentido que excluya de la teología a quienes pasan por una crisis de fe en la que se sienten tentados a declararse ateos o agnósticos. Ante la disyuntiva de tener fe o no tener fe en D-os, los no-creyentes escogen no tener fe en Ella y, por tanto, su opción no los hace parte de la teología. Este punto de vista tan extendido aliena de la espiritualidad a los mu-chos no-creyentes, y hace que la teología no pueda resultar significativa para estas personas. Esta perspectiva hace imposible la evangelización de las personas que, siendo solidarias, han escogido racional o emocionalmente ser ateas o agnósticas.

Creemos, sin embargo, que lo manifestado por el profesor ha de ser interpretado en un sentido distinto, de manera tal que se abran las puertas a una auténtica nueva evangelización de aquellas personas comprometidas con los demás que han elegido seriamente considerarse como agnósticas o ateas por una crisis de fe.

Tal como Nietzsche ha demostrado, por más “objetivo”, “racional”, “lógico” o “se-guro” que se manifieste la ciencia, el saber y la cosmovisión que tenga cada perso-na, esa ciencia o esa manera de ver las cosas que tenga cada ser humano no se basa ni en una realidad objetiva, ni en la razón-en-sí, ni en la lógica, ni en la certeza. La base de toda disciplina, por más científica que se llame, es una opción moral. El problema es que Nietzsche parte de una ética pagana que niega los derechos humanos, pero él acierta en mostrar que toda disciplina parte de una escogencia moral. Nosotros, en nuestra cosmovisión y, por tanto, también en nuestra manera de concebir la teología, partimos de una opción moral. En nuestro caso, es una opción por una ética decididamente a favor de los derechos humanos. Escogemos partir de la dignidad humana como punto de arranque de la teología. Estos derechos humanos no son algo demostrado, sino que representan una opción a partir de la cual trabajamos sobre la fe en D-os. Es en este sentido en el que se debe interpretar la postura del profesor de que la fe en D-os constituye una opción, el punto de arranque de la opción de la fe. La manera moderna de explicar la escogencia de la fe como lugar de partida es la opción por los derechos humanos. Decidimos hacer de los derechos humanos el corazón de la teología. En efecto, desde este punto de inicio se interpreta también la Biblia, y se resalta en ella como centro el amor al prójimo. El prójimo abarca tanto el que nos ha herido (Levítico 19:18), como el que es muy distinto de nosotros, como el extranjero (Levítico 19:32-35), como la persona de una generación distinta a la nuestra (ídem), o como el enemigo (Éxodo 23:5).


2. Un concepto que D-os que responde
cuando nos encontramos en una crisis de fe.

Esta conclusión nos lleva a la interpretación del concepto de D-os que hace Eric Fromm, lo cual nos introducirá a nuestro concepto de la teología. Erich Fromm, en su explicación del Nombre de D-os en Éxodo 3 y, en general, en su interpretación de la Biblia hebrea, señala que lo que significa HaShem (el nombre de D-os de Éxodo 3) es precisamente el rechazo de la idolatría, entendiendo por esta todo aquello que viola los derechos humanos. En la cosmovisión pagana las estructuras de opresión “del hombre (y la mujer) por el hombre (y la mujer)” forman parte del orden natural, del mismo modo que las leyes de la naturaleza. Todo forma parte de la misma REALIDAD, de modo que los explotados deben soportar su situación porque así son las cosas. Sin embargo, el Nombre de D-os significa que la opresión no forma parte de la REALIDAD. La REALIDAD está marcada por el cambio, por lo que HaShem debe interpretarse como “Yo Seré el que Seré”, de modo que parte de ese cambio es el derribo de las condiciones de opresión. D-os es el D-os del amor al prójimo, que lleva a tratar a cada persona como un fin en sí mismo y no como un instrumento ni un medio para otro fin, por más importante, sagrado o venerado que sea ese otro fin. Este es el fundamento de los derechos humanos, tal como lo desarrolló Kant en sus Fundamentos de la Metafísica de la Moral.

¿Qué pasa con aquellos ateos o agnósticos que han decidido comprometerse con los derechos humanos pero que no pueden creer en D-os? Pues bien, ellos no se han dado cuenta de que creen en D-os, pero en realidad ellos sí creen en D-os, porque creer en D-os es comprometerse con la dignidad humana, aunque uno, habiéndose comprometido con ella, no se haya dado cuenta de que cree en la D-vinidad. La clave de una nueva evangelización a aquellos no-creyentes que se hayan comprometido con la causa de los derechos humanos es hacerlos conscientes de que ellos sí creen en D-os, porque Ella es el fundamento de la opción por la dignidad humana en su sentido kantiano. Luego se explicará al ateo o agnóstico que le conviene abrirse a recibir ayuda en el compromiso por los derechos humanos de una manera que la razón no pueda entender, porque D-os es “Seré el que Seré”, es el Autor de los cambios más allá de lo que creemos posible. Este abrirse por parte del no-creyente lo introducirá en la espiritualidad cristiana, en la cual puede ir creciendo día con día.

Como dijo Víctor Frankl, solo hay dos tipos de personas: las decentes y las inde-centes, es decir, aquellos que respetan los derechos humanos y aquellos que los violan. Las personas no se dividen en amarillos o negros, altos o bajos, creyentes tradicionales o ateos.

De este modo la teología se convierte en una disciplina que no excluye a las perso-nas que pasan por crisis de fe pero que se hayan adherido a la opción de la fe, que es la opción por los derechos humanos. La fe en D-os no es una entidad gnóstica. Los gnósticos pensaban que la salvación venía por que la persona tuviera en su cabeza un conocimiento especial, y este conocimiento especial le daría salvación. El gnosticismo es pagano, y no se corresponde al centro de la Biblia. El énfasis de la Biblia no se encuentra en el conocimiento que uno tenga, sino en el compromiso con una ética de los derechos humanos. Por eso en la Biblia “conocer a D-os” signi-fica hacer el bien, no tener unas ideas determinadas que produzcan mágicamente la salvación. El que se compromete con la dignidad humana tiene fe en D-os, aunque no se haya dado cuenta de que cree en Ella. En la Biblia la expresión “conocimiento de D-os” no significa tener en la mente una serie de creencias, sino amar a D-os, entendiendo ese amor a D-os como el compromiso por los derechos humanos.

Por lo anteriormente señalado quisiéramos apuntar hacia una concepción de la teo-logía que nos motive a seguir adelante incluso cuando suframos una cruel crisis de fe en la cual no veamos salida. Cuando todo parezca oscuro, cuando no se divise alternativa alguna, aun así sigue teniendo sentido la fe en D-os como el fundamento de nuestros valores, y sigue siendo de ayuda la teología como disciplina de esa fe.



3. Un concepto personal de teología.

En mi humilde opinión la teología, pues, puede ser vista como la sistematización de la experiencia global que brota del compromiso auténtico individual y colectivo con la causa de los derechos humanos.

1) En primer lugar, es una sistematización. Se trata de un esfuerzo por presentar coherentemente la experiencia del compromiso con la causa de los derechos humanos. Aquí “sistema” ha de entenderse en este sentido amplio como esfuerzo de ordenar y de exposición clara. No se trata de sistema en el sentido de labor de hacer encajar con forceps la fe en una serie de ideas preconcebidas (“sistema”) en las cuales en realidad no cabe la fe.

Podría incluso hablarse de la teología como gaya ciencia (Fröhliche Wissenschaft) en el sentido nietzscheano de un saber jubiloso que rehuye un encajonamiento forzoso en moldes preestablecidos. La filosofía nietzscheana no es realmente gaya ciencia, ya que se basa en el regocijo de unos basado en el dolor de otros. La auténtica ciencia feliz, o saber jubiloso, es aquel que brota del compromiso con los derechos humanos, aunque este compromiso sea motivo de persecuciones. Aquí el pueblo de Israel y la historia de la Iglesia nos muestra el sentido bíblico de regocijo, que no es ausencia de persecuciones, sino una gracia, gracia de la capacidad humana de resiliencia y de encontrar una plenitud humana (una felicidad profunda en ser uno mismo comprometido con la dignidad humana a pesar de las persecuciones) que no anula sino que sobrepasa el dolor.

Por ello más que de “sistematización” hemos de hablar de “gaya ciencia” porque la teoría sistemática árida disfraza como “verdad” o “realidad objetiva” lo que en rea-lidad es ethos personal y juicios morales. La gaya ciencia parte jubilosa de una op-ción moral determinada por la dignidad humana, y fruto de esa ética elabora toda una cosmovisión. Toda la personalidad del ser humano se involucra en la elabora-ción teológica, porque esta no es un producto abstracto de la mente, sino el fruto de lo que se es como persona integral. Decir “gaya ciencia” no excluye la reflexión serena, ni el autodistanciamiento crítico, pero constituye un permanente recordato-rio de la participación de la personalidad entera en la labor teológica. Recordemos que la teología no la hace el profesional, sino cada persona comprometida con los derechos humanos. Cada uno la hace consciente o inconscientemente porque todos tenemos una cosmovisión en torno a nuestra fe entendida como compromiso por la dignidad humana.

Nietzsche también destacó acertadamente que toda reflexión es autobiográfica, porque nosotros, aunque hablemos de la “realidad objetiva”, en realidad estamos introduciendo nuestra perspectiva personal en nuestra reflexión, por más serios e imparciales que nos declaremos.

Para nosotros:

Evangelio = Buenas Nuevas = Saber Jubiloso = Sabiduría (Proverbios) = la auten-tica gaya ciencia.

2) Auténtico. Este mundo está lleno de superficialidad y de culto a la imagen. Ahora muchas instituciones y personas se dicen comprometidas con la causa de los derechos humanos, cuando en realidad lo que buscan es ganar buenos salarios vendiendo la imagen de trabajar por el bien. Por ello estamos hablando de un compromiso de verdad, auténtico, no aparente.

3) Derechos humanos. Entendemos como sinónimos la causa de los derechos humanos con la dignidad humana entendida en el sentido kantiano mencionado de compromiso con la causa de tratar a todos los seres humanos como fines en sí mismos y no como medios o instrumentos para otro fin, no importa cuán sagrado, importante o necesario sea ese otro fin. Esta dignidad humana es la clave hermen-éutica para comprender los derechos humanos y para armonizar cada derecho humano con otro derecho humano, y para llenar los vacíos.

4) Individual y colectivo. Desafortunadamente el individualismo está muy desacre-ditado. Se le ha confundido con la superficialidad o con la opresión. Pero, en reali-dad, la salvación empieza por un acto estrictamente individual, que es el dejar de poner obstáculos a la acción salvífica de D-os por medio del sacrificio de Jesús (tal como apuntó Juan Fernando Sánchez), es decir, la justificación por la fe. El individuo es el punto de arranque de la soteriología. Del mismo modo, si queremos decir por fe en D-os a través del sacrificio de Jesucristo el compromiso con la causa de los derechos humanos, hemos de entender que este compromiso empieza por una acción individual. Sin esta decisión del individuo no hay compromiso auténtico con los derechos humanos.

El nacimiento del individuo significó también el nacimiento de la anomia de Dur-kheim, que se produce cuando el individuo vive de acuerdo a su independencia individual, pero no se ha podido comprometer con ningún colectivo comprometido con los derechos humanos.

Asimismo la teología es colectiva, porque representa el esfuerzo del individuo por trabajar junto a los demás por la causa de un mundo más justo.

5) Global. La teología es reflexión sobre la globalidad o generalidad de la experiencia de vidas compartidas en la causa de los derechos humanos. Las demás disciplinas que se encuentran comprometidas con la causa se ocupan de ciertas experiencias parciales de este compromiso, mientras que la reflexión con carácter de global se incardina en la teología. Así el derecho en sentido estricto versa sobre el com-promiso con los derechos humanos concretados en una ley justa, entendiendo por esta el conjunto de intereses que han de ser protegidos por el aparato coactivo con el fin de avanzar en el proceso de traer una mayor implementación del respeto a los derechos humanos en el mundo.

La psicología y la psiquiatría se ocupan de las fuentes de salud mental con el fin de que la persona logre curarse de sus heridas internas y continúe adelante con el compromiso por la causa a pesar del dolor tan abundante en el mundo. La filosofía trata acerca de la profundización en las preguntas (y avances de respuestas) más importantes en la vida de una persona y de una comunidad comprometidas con los derechos humanos. La economía debe tratar de la repartición de la riqueza que suponga un avance en la implementación de los derechos humanos, empezando por el derecho a no morirse por una nutrición básica.


4. Dialogando con otras concepciones de la teología.


a) Bases para el diálogo

Norman indicó su preocupación por la existencia de una multiplicidad de teologías, lo cual contrasta con el carácter de D-os de ser uno solo (Deuteronomio 6:4). Se-ñaló como clave para resolver esta tensión el que nos concentremos en dilucidar, no como se ha hecho tantas veces hasta ahora, lo que pensamos sobre Ella, sino que nos centremos en determinar qué es lo que D-os pide de nosotros. Creemos que ha aportado la clave para determinar qué diálogo es posible con cuáles con-cepciones de la teología. Es posible el diálogo con aquellos conceptos de teología que compartan con nosotros la conclusión de que lo que D-os pide de nosotros es que amemos al prójimo, es decir, que nos comprometamos con los derechos humanos. Es posible por ello un fecundo diálogo con todos aquellos entendimientos de la teología que tengan como centro el respeto a la dignidad humana.

No resulta posible ningún diálogo con aquellas concepciones de la teología cuyo centro no sea el respeto a los derechos humanos. El respeto a los mismos es inne-gociable, por lo cual no se puede dialogar con aquellas teologías para las cuales haya algo más importante que la necesaria protección de los derechos humanos.

Destacan las teologías enmarcadas dentro del ámbito judeocristiano como muchas de aquellas centradas en los derechos humanos. Sin embargo, no todas las teolog-ías judeocristianas tienen la dignidad humana como su centro. Desafortunadamente el concepto de “D-os” se ha convertido en un término valorativamente neutro, ya que para muchos “d-os” justifica la violación de los derechos humanos. No hay diálogo posible con esas teologías por más judías o cristianas que sean. Por otra parte, existen teologías que no son judeocristianas, pero en cuyo centro está el respeto a los derechos humanos. Con estas teologías sí es posible un diálogo fe-cundo. En este sentido se ha de entender lo dicho por S. Pablo: “para los gentiles, su conciencia es ley”.

Hemos de ponernos en guardia frente al apogeo de hoy en día de ciertas interpre-taciones de las religiones de Oriente en la cual el centro no lo constituye el com-promiso con la causa de los derechos humanos, sino la “autosuperación”, el “sen-tirse bien”, el “curar las heridas internas”, la “felicidad” individual, en resumen, el yo desprovisto de su compromiso con la dignidad propia y con los derechos humanos de los demás. Mucha de esta religiosidad entiende que todas las teologías son igualmente válidas, y con ello nos intentan cegar ante la radical diversidad de las teologías en torno a cuál es su centro. Ciertas interpretaciones de la “teología del predicado” podían ser entendidas en el mismo sentido señalado, corriendo por tanto el riesgo de caer en el neopaganismo. Ello se agrava cuando, por ejemplo, un teólogo de esta línea reconoce que, frente a otras escuelas que centran la teología en la ética, él realmente no puede ubicar cuál es el centro de la teología. Este pen-samiento “light” abre la puerta al paganismo que conculca la dignidad humana.

Esta teología del predicado no puede explicar tampoco por qué el pueblo de D-os (aunque sea el pueblo oprimido) tiene el deber de actuar éticamente aunque esto vaya contra sus intereses, absteniéndose, por ejemplo, de torturar a otros.


b) Conceptos preliminares

Al comienzo de esta exposición adelantamos un concepto preliminar de la teología que podría ser: “la cosmovisión en torno a la fe que tienen todas las personas, por más sencillas que sean”.

Podría interpretarse que la teología de los autores Herder se opone al entendimiento del objeto de la teología según los diversos conceptos que se esbozarán. Podría interpretarse que el que la teología parta como punto de arranque, no de la ciencia de aquello que podemos entender de D-os, sino de la fe humana en D-os, supone incurrir en el orgullo de partir de un presupuesto subjetivo que menoscaba la reali-dad objetiva de la existencia de D-os. Es solamente a partir de esta realidad objetiva que es D-os como podemos entender al humano individual y al conjunto de per-sonas, comprendiendo lo que es ser humano, y los deberes y atribuciones que ello implica.

Al respecto podemos responder que, desafortunadamente, el concepto de D-os se ha tornado en una entidad axiológicamente neutral, ya que se utiliza el recurso a D-os para justificar los procederes más dispares. Por ello se hace necesario especificar qué entendemos por “D-os”. Partimos del concepto ofrecido por Erich Fromm al cual nos hemos referido más arriba. Por ello estimamos que lo que puede ser entendido de D-os es el imperativo del compromiso con los derechos humanos, por lo cual se salva el aparente abismo entre las dos concepciones de teología, hacien-do equivalente aquello que conocemos de D-os con el significado de la fe en ella.


c) Conceptos elaborados

Tanto los conceptos de Álvarez Toriac como el de Gutiérrez nos compelen a vivir por ellos. La diferencia con nuestra concepción radica en que para ellos la fe en D-os que es el objeto de la teología, no equivale solo al compromiso con los derechos humanos, sino que incluye también una relación con ese Ser sobrenatural que es D-os. Como nosotros trabajamos en una concepción de la teología que sea signifi-cativa también para aquellas personas que viven inmersas en una crisis de fe, lo que hacemos es interpretar el concepto de D-os en términos de Erich Fromm (con el aporte de otras concepciones postmodernas de la D-vinidad). Sin embargo, ello no significa que para nosotros la teología se reduzca a una moral que refleje el compromiso con la dignidad humana. No. Para nosotros la teología reflexiona sobre una experiencia global, por lo que involucra no solo la conducta personal y colecti-va, sino también los pensamientos, las costumbres y las emociones. Aunque la la-bor teológica de la que partimos se presenta de forma racional, lo que en realidad trata es de superar las barreras emocionales que son las que creemos que hacen que muchas personas vivan en una crisis de fe, tal como explicamos al principio.

Dado que la teología se ocupa no solo de las conductas, sino también de los pen-samientos y emociones, entonces vale la pena hacer una mención de la necesaria reinterpretación de los Credos católicos como aquellos instrumentos que nos per-miten vivir comprometidos con la causa a pesar del dolor injusto que reina en el mundo, ayudándonos a curarnos de las heridas internas, a desarrollar resiliencia y a mantener nuestro compromiso individual y colectivo no solo a través de los años, sino también para transmitirlo de generación en generación. Este es el papel que puede desarrollar la teología que se ocupa de los Credos y, en general, del ritual de la Iglesia (oración, sacramentos, gestos cultuales, etc.)

De esta manera podemos ver que para nosotros la teología no se agota en las conductas, sino que abarca también una variante del equivalente al amor de D-os que sea entendido por personas que pasan por una crisis de fe. De esta manera recibimos la influencia positiva de los conceptos de teología del profesor Álvarez y de Gutiérrez, y la adaptamos a la necesidad de las personas que se sienten pasar por una crisis de fe.


d) Universalidad o contextualidad

Varios autores que centran la búsqueda teológica de la fe en D-os en el amor al prójimo entienden que la teología tiene el carácter de universal. Álvarez Toirac pre-fiere la postura de ciertos autores cuando señalan el carácter esencialmente con-textual (y, por tanto, no universal) de la teología. Cada teología se emite en un determinado contexto social, económico y político y se encuentra, no determinado por él, pero sí marcado por el mismo. Por ello una teología comprometida tiene que ser consciente de los presupuestos en los que se formula y, por tanto, de sus límites. Una determinada interpretación de la contextualidad de la teología podría llevarnos a considerar que hay algo más importante que los derechos humanos, lo cual llevaría a relativizarlos o a preterirlos por otra cosa que llegue en el futuro a ser más importante que la dignidad humana. Recuérdese que nuestro punto de partida señala que NO HAY NADA QUE PUEDA COLOCARSE POR ENCIMA DE LA DIGNIDAD HUMANA. Por ello, aunque la humanidad evolucione y mejore en el futuro, aun entonces lo más importante seguirá siendo la protección de los derechos humanos. Por ello entendemos que la teología es universal.

Esto no significa que no tengamos que reconocer el acierto de Álvarez Toriac al des-tacar la contextualidad de la teología en lo que se refiere a la APLICACIÓN en cada momento y lugar de este compromiso con la causa. Aunque la dignidad humana no cambie, sí evolucionará y cambiará (esperemos que para mejor) la aplicación que se haga en cada momento y lugar de una teología centrada en la dignidad humana. Por ello nuestro concepto de teología deberá ser modificado fruto del diálogo con otros conceptos de teología, para dar cabida así a la contextualidad destacada por Álvarez Toirac .


e) Otros conceptos de teología.

Podríamos también esbozar otros conceptos de la teología que nos sirvan como complemento a lo que hemos señalado.

La cosmovisión en la que una persona enmarca o sitúa la fe entendida como el compromiso con la dignidad humana.

Teología como el logos de D-os. Se trata de la relación de D-os (en el sentido de E. Fromm) con las personas por medio del Verbo de D-os como concretización del compromiso con los derechos humanos,


f) Concepto de teología fruto del diálogo.

Nuestro concepto personal de teología, moldeado por el diálogo con otras concep-ciones de la misma, sostiene que esta es:

La gaya ciencia de la experiencia global del compromiso individual y colectivo con el proceso de implementar progresivamente un mayor respeto a la dignidad humana en el mundo, en un determinado contexto socioeconómico y político.

Para nosotros la teología tiene, en principio, estas ramas: 1) Teología individual. Toda persona decide en soledad cuál va a ser el centro de su vida, y tiene el deber de decidir en soledad quiénes son los colectivos que en su lugar de residencia se ocupan de verdad de la causa de los derechos humanos y de unirse a ellos. 2) Teo-logía colectiva, que se subdivide en eclesiología y en teología práctica. 3) Teología sistemática, que es aquella a la que nos referíamos en el apartado de los conceptos elaborados de teología, aquellos del Profesor Álvarez y de Gutiérrez. Esta teología sería la ciencia de los recursos internos (credos, dogmas, etc.) para vivir vidas fieles a la causa. 4) Teología ritual (en sentido amplio). Los ritos como aquello que alimenta nuestras emociones y las hace comprometerse a lo largo del tiempo y las generaciones con los derechos humanos.


g) Por qué la Iglesia

Como hemos dicho en otro lugar, la persona que vive una crisis de fe, o que ha abandonado la fe, tiene el deber ético de permanecer en la Iglesia y de abrirse a la acción de D-os en su vida: “Una Iglesia que se abra a estos conceptos postmoder-nos de D-os se está abriendo a evangelizar a ateos y agnósticos de una manera nueva. Lo importante es centrar la pista de la búsqueda de D-os en el compromiso de los derechos humanos. Esta es la única base para encontrar al D-os de la Biblia y este punto de partida de dignidad humana es innegociable. La persona que se compromete de verdad con los demás (con los derechos humanos), pero que se dice ser atea o agnóstica, es una persona que en realidad sí cree en D-os y sí per-tenece al pueblo de D-os, pero solamente todavía no se ha dado cuenta de ello. Creer en D-os no es una idea gnóstica que se resuma en un credo o dogma, sino que creer en D-os es comprometerse con los derechos humanos. La dignidad humana es el único camino donde se encuentra la voz de D-os, aunque uno se considere ateo. El papel evangelizador de la Iglesia respecto a los ateos o agnósti-cos es de hacerlos conscientes de que en el fondo, aunque ellos no se hayan dado cuenta, en realidad sí creen en D-os. Luego se hará consciente al “no-creyente” que la vida no es una realidad simple de 2 + 2 = 4. La mayoría de las decisiones de la vida se toman no basándose en cálculos que pueden ser probados científicamente, sino fuera del ámbito científico. Por ejemplo, decisiones como a quién amar, con quién casarse, con qué valores vivir, con qué causas comprometerse, etc., son las decisiones más importantes de la vida, y son decisiones para las cuales el método científico no sirve para nada. Por tanto existe toda una realidad que no depende de la ciencia, y por ello debemos vivir abiertos a recibir ayuda de un modo que no sea explicable científicamente, como por ejemplo a través de los milagros. Por ello al ateo o agnóstico le conviene abrirse a D-os en cuanto compromiso por los derechos humanos, y abrirse a D-os a través de un recibir ayuda de un modo que la razón no puede comprender, pero que es real. Este es el camino de una auténtica nueva evangelización a ateos y agnósticos”.



h) En pocas palabras.

Si hubiéramos de expresar en tres sustantivos el concepto de teología, diríamos que es “el compromiso con los derechos humanos”.

Este, entendemos, es el magno papel de la teología in the scheme of things, en el mundo.


Daniel Montero Bustabad
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