martes, 18 de septiembre de 2012

El Reto de Vivir de Lunes a Viernes (1).

El Reto de Vivir de Lunes a Viernes (1).

Daniel Montero Bustabad
priority@businesslaw.eu.com
www.businesslaw.eu.com

El Reto de Vivir de Lunes a Viernes (1). El fin de semana, literalmente, vuela, para quienes logran disfrutar de un tiempo especial en la congregación. Se escuchan bellas palabras bíblicas sobre el amor de D-os: Cómo debemos amar a las personas incondicionalmente, es decir, por lo que son (imagen de D-os), sin rechazarlas por apariencias ni por dinero u otros motivos. Se aprende sobre la justicia y el bien. También se disfruta en compañía de personas a quienes se aprecia, haciendo lo que agrada. Se pasa muy bien. Es como volar en el cielo de la plenitud, de la paz, de la compañía. Sin embargo, el fin de semana concluye y tenemos que enfrentarnos al lunes que viene… y al resto de la semana. Ninguna persona sana puede vivir de lunes a viernes deseando que esos días terminen pronto… porque la vida debe ser bien vivida, toda la vida, todos los días.

Por ello surge la pregunta de cómo llevar lo bueno del fin de semana, al resto de los días, para vivir bien la semana completa. Creo que existen dos principales retos; estos retos se nos presentan cuando el domingo pensamos con pesar en el lunes que se aproxima. El primer reto es la lucha por encontrar un grupo de amigos, o alguien especial, amistades, o una pareja, con quienes formar un proyecto de vida buena de lunes a viernes. El segundo reto es la lucha por enfrentar las dificultades de esos días, como las tareas que se nos presentan, las responsabilidades, las pruebas que hemos de afrontar, la familia, etc. En las siguientes líneas se hablará del primer reto; el segundo reto será estudiado en otra oportunidad.

Sobre el primer reto se puede sugerir lo siguiente:

1. Al escribir estas palabras, no puedo sino recordar con tristeza a una amiga, quien los lunes cuenta las dificultades de su fin de semana, enumerando los rechazos, desprecios y desaires de su pareja; ella es tierna, dulce, todo corazón, y se rompe por dentro al ser tratada de una manera tan fría. Su decisión consiste en mantener esa pareja, porque considera que no puede vivir sola… y esa escogencia de no vivir sola le cuesta tener que sufrir tanto al ofrecerse y darse a sí misma en ternura, dulzura y corazón… y a cambio recibir rechazos, desaires y desprecios. Si ella pudiera darse cuenta que es una persona completa por sí misma, que no necesita un hombre a su lado para ser íntegra, plena, que por sí misma vale, es completa, totalmente valiosa e importante, sin necesidad de pareja, en tal caso su vida mejoraría enormemente. La tragedia consiste en que ella…. como tantas y tantas personas, no lo ve así; todo su corazón, todas sus fuerzas, todo su aliento, cada partícula de su ternura y de su sensibilidad, clama a gritos por darse a una pareja… y no soporta la idea de la soledad, por lo cual acepta ese novio a pesar de todo lo que sufre. Esta es una verdadera tragedia, a la que se ha de hacer frente recordando, aunque cueste, que somos completos por nosotros mismos, sin necesidad de pareja, y que hemos de proporcionarnos por nosotros mismos todo el amor, el cuidado y los placeres, para hacernos sentir bien por nosotros mismos, independientemente de que se tenga o no pareja.

2. En la congregación se dice que D-os nos llena por dentro: no necesitamos nada más. Sin embargo, cada día sentimos dentro de nosotros la necesidad de compartir con un grupo especial de amigos, o con una pareja, o con gente buena, gente a la cual pertenecer, con la cual formar un proyecto de vida, de lunes a viernes. Si bien lo miramos, no existe contradicción. Sólo D-os nos puede llenar por dentro, pero también es cierto que esa misma plenitud interna en D-os nos pide compartir nuestro tiempo entre semana con personas especiales; puede que solo sean ratitos, minutos, pero ese tiempo nos renueva el corazón.

3. Nos encontramos en una situación difícil cuando nos damos cuenta de una verdad muy dura: Muchas personas valoran sólo el dinero, o las cosas que se tienen, o la imagen o las apariencias; rechazan a las personas diferentes. Muchos se juntan solo con personas de las que pueden “sacar algo” o beneficiarse. Nosotros, que somos diferentes, nos sentimos vacíos al encontrar gente así. Entonces sentimos el corazón partido: Una parte de nosotros se encuentra triste de ver esas personas; sin embargo, otra parte de nosotros desea ser parte de un grupo de amigos y no quiere vivir en soledad. Ese es un gran dilema. La respuesta al gran dilema podremos irla encontrando, poco a poco, siguiendo el siguiente camino:
4. No debemos participar en conductas o actividades contrarias a la ética ni unirnos a otros para actuar de forma contraria a la ética.

5. No tiene sentido pertenecer grupos (o a una pareja) superficiales; la gente superficial es la gente que rechaza a otros por dinero, por apariencia-imagen, o que solo se preocupan por perder el tiempo y no por hacer cambios al mundo a través del amor al prójimo. Lo superficial lo deja a uno vacío por dentro.

6. El psicólogo Viktor Frankl ha demostrado que, quien se esfuerza o se afana por buscar la felicidad, no la encuentra; la felicidad que se persigue es la que nunca se podrá encontrar; el autor propone comprometerse con un sentido en la vida, con ayudar a otros de una forma y, con el tiempo, llega la felicidad, sin buscarla. Podemos decir algo parecido respecto a la búsqueda de un grupo de amigos o de pareja: si uno persigue este objetivo, nunca lo encontrará. Lo que debemos hacer es ser amables y compartir tiempo con personas que nos necesiten, a quienes encontremos en nuestra vida diaria, cotidiana, de lunes a viernes.

7. Ya sea en el trabajo, en clases, o donde sea, uno puede encontrar personas de buen corazón, que no son superficiales. También podemos ver personas que necesitan de nosotros. En una clase puede tratarse de personas tímidas, pero que sean de buen corazón. En un trabajo pueden ser los conserjes o porteros. Debemos compartir nuestro tiempo con esas personas, con gentes no-superficiales, de buen corazón. No podemos ni debemos pedir a la vida que nos regale un grupo de amigos o una pareja. Pedirle eso a la vida no es sano, nos hace mal por dentro. Lo que sí podemos pedirle a la vida es compartir, el poco tiempo que tenemos entre semana para socializar, con personas de noble corazón, con gente que nos necesite. Eso es lo sano, eso es aquello a lo que hemos de dedicar nuestro tiempo y nuestros esfuerzos. Buscando hacer el bien a esas personas, compartiendo nuestro tiempo con ellos, es como marcaremos una diferencia, aunque parezca pequeña. También, dentro de esa vida diaria comprometida con otros, es cuando, de pronto, sin saber cómo, encontraremos el grupo de amigos, con quienes compartir un proyecto de vida. Sin buscar el grupo de amigos o la pareja, hallaremos la verdadera amistad.

8. El camino indicado es el camino de Moisés, quien escogió ayudar a los esclavos hebreos, de José, quien, viviendo en la corte del Faraón, escogió ayudar a los pobres, de Daniel quien, en el palacio del rey, se identificó con sus amigos pequeños, y de Jesús, quien pasó su tiempo llenando de amor y ayuda las vidas de los pobres, de los abandonados, de las personas pequeñas de las que casi nadie se preocupa.

9. Nuestro deber consiste en compartir nuestro tiempo entre cuatro ejes:

a. Con nosotros mismos, tratándonos bien, cuidándonos y apoyándonos, para disfrutar de nosotros mismos en soledad.

b. Con la humanidad en general, aportando un granito de arena para todas las personas.

c. Apoyando a los grupos a los que pertenecemos: el perro para quienes viven solos, la familia en caso de otras personas, la sociedad en la que vivimos, el Estado. Debemos contribuir y apoyar de una forma aceptable a la ética.

d. Apoyando a la congregación escogida por nosotros. Esto resulta bien ilustrado por la historia del libro bíblico de Daniel sobre el sueño del rey, en la interpretación de White. En dicho sueño se simbolizan todos los reinos e imperios que han existido y que han pasado a la historia. Si bien lo miramos, del imperio egipcio no queda nada, ni del babilonio, ni del medo, ni del persa… y así podemos seguir. Lo que sí queda es el Pueblo de D-os, porque su misión es conforme a D-os, quien sí permanece en el tiempo. Si no queremos ser borrados de la historia, si no queremos que nuestros esfuerzos y nuestra vida queden sin dejar huella, debemos apoyar al Pueblo de D-os (la congregación), con el fin de contribuir a que el Pueblo de D-os marque una diferencia hoy y en el futuro, con la ayuda de D-os. No vivimos solos. Debemos dejar una contribución permanente, aunque sea un granito de arena, a través del Pueblo de D-os.

10. El amor al prójimo es el centro de la Biblia. Vivamos este camino de amor.


Daniel Montero Bustabad
priority@businesslaw.eu.com
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