miércoles, 29 de agosto de 2012

La Ley de D-os.

La Ley de D-os.


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La Ley de D-os es un tema de suma importancia para todas las épocas, incluyendo la nuestra, en la cual, por todas partes, se encuentra la idolatría; la moderna idolatría consiste en el amor al dinero, a las cosas, a las “diversiones” superficiales y a la indiferencia hacia los que sufren. A continuación se incluyen unos aportes para que el lector pueda valorarlas a la hora de forjar su posición acerca de la Ley de D-os:

1. El concepto “Ley” debe ser entendido en sentido amplio, es decir, integral u holístico. Abarca todo lo que pensamos, hacemos y la valoramos, desde lo que realizamos cuando nos levantamos en la mañana… hasta lo que hacemos en la noche al acostarnos, todo, cada minuto y segundo del día. “Ley” en sentido amplio incluye la ley moral, aquello que debemos pensar, aquello que debemos valorar, las reglas y principios que deben guiar nuestra conducta, a lo largo de todo el día. “Ley” en sentido estricto viene a ser lo jurídico, es decir, aquellos aspectos de la “Ley” en sentido amplio que deben ser respaldados por la fuerza, principalmente a través de los poderes públicos (“Estado”). La Ley moral no debe ni puede ser impuesta a la fuerza, por cuando debemos respetar la libertad de los demás, personas con dignidad que, como tales, son las que deben escoger y tomar sus propias decisiones morales. Lo jurídico se respalda por la fuerza, pues existen aspectos básicos en la convivencia humana, que deben ser impuestos, incluso por la fuerza, para garantizar el respeto a los aspectos más sensibles de la dignidad de todas las personas. Por ejemplo: -) Ninguna religión debe ser impuesta a la fuerza, pues cada persona debe decidir en conciencia, es su opción moral. -) El Derecho debe prohibir la tortura e imponer castigos a quienes torturen a otros; es algo esencial para la convivencia en dignidad humana.

2. El término “D-os” debe ser explicado. Erich Fromm realiza un análisis de Éxodo 3 y explica cómo el Nombre de D-os en la Biblia hebrea equivale a lo que nosotros llamaríamos hoy la oposición a la idolatría; se entiende por idolatría toda forma de oprimir o explotar a otras personas, tanto física como psicológicamente. Lerner explica que “D-os” significa la fuerza de sanidad interna y transformación social, es decir, aquello invisible que nos permite encontrar sanidad a nuestras heridas internas, para reponernos y seguir adelante sin dañar a otros, sino más bien contribuyendo a ayudar a los necesitados… y a todas las personas, ricas o pobres, a quienes podamos apoyar. Kaplan por su parte desarrolla el Nombre de D-os como aquello de la naturaleza (en sentido amplio) que nos empodera (permite) desarrollarnos como personas realizadas y vivir conforme a la ética.

3. El centro de la Biblia hebrea es el amor al prójimo, lo cual incluye los enemigos, es decir, aquellas personas a las cuales nos sentimos tentados a guardar rencor u odiar (Levítico 19:18) y los extranjeros. Son muchos los textos bíblicos que ordenan proteger y dar recursos a los pobres, incluyendo huérfanos y viudas.

4. Recordemos la enseñanza de Jesús sobre el mayor mandamiento y sobre el juicio (Mateo 25) que se hará, no por teología, sino por amor al prójimo en acción.

5. Una lectura atenta de Deuteronomio 6:18 nos lleva a ver que existen dos fuentes de normas en la Ley de D-os: Primero, las reglas que establece la Biblia. Segundo: Otros deberes que brotan del corazón de toda persona comprometida con el estilo de vida que la Biblia nos requiere. Ello quiere decir que ni siquiera un libro con un millón de páginas puede contener todas las reglas y principios que deben guiar nuestra conducta, pensamientos y valores en todas las situaciones de la vida, en cada época. Debemos actuar también de acuerdo a lo que dicta el corazón de toda persona realmente comprometida con la forma de vida que defiende la Biblia, es decir, con la forma de vida de solidaridad, de amor al prójimo. Partiendo de lo anterior, diversos autores se han dado cuenta que incluso las reglas y principios contenidos en la Biblia se encuentran, implícitamente, limitados a la época de la Biblia, sin que hayan sido emitidos con la finalidad de que se aplicaran literalmente a todas las épocas. (Por ejemplo, nadie cree hoy que las normas de la esclavitud fueron dictadas para todas las épocas. Lo mismo pasa con las normas que ponen a la mujer en un segundo plano, detrás de los hombres. Ahora se entiende que esas normas establecieron avances favoreciendo a los esclavos y a las mujeres, pues antes de la Biblia la situación de ellos era mucho peor. Sin embargo, todos entendemos que las normas que permitían eso son autorizaciones únicamente aplicables por un tiempo, no para nosotros ahora. Jesús, por ejemplo, dice que las normas bíblicas que permitían el divorcio fueron dadas “por la dureza del corazón” y que solo regían en la antigüedad, no ahora). Por ello el corazón de las personas en relación con D-os no solo cuenta con la responsabilidad de encontrar y vivir esos deberes adicionales que tenemos respecto al prójimo, la naturaleza y de sí mismos; también el corazón de nosotros cuenta con la responsabilidad de valorar las reglas contenidas en la Biblia, para determinar cuál es su vigencia actual. Debe entenderse que uno no puede ni debe escoger las reglas que le convienen; no existe un camino fácil; nuestra responsabilidad ineludible abarca interpretar las reglas bíblicas para saber cuáles rigen en la actualidad, no por conveniencias, sino para vivir hoy el estilo de vida holístico de amor al prójimo que nos pide D-os. Recuerden que Pablo dijo que la letra de la ley mata, pero que la Ley del Espíritu vivifica. La letra de la ley es aquella que regía sólo en el pasado. La Ley del Espíritu es la que nos exige servir al prójimo hoy.

6. A lo largo de los siglos se han realizado diversos intentos para resumir en pocas palabras el contenido de la Ley de D-os. Uno de los más famosos es Hilel, en el siglo I antes de Cristo, el cual redujo en pocas palabras toda la Ley. Sin embargo, la tradición no concuerda al recordar cuál fueron exactamente sus palabras. Para unos, dijo: “amarás al prójimo como a ti mismo”; según otros, indicó: “lo que no quieres que te hagan a ti, no lo hagas a otros”.

7. El filósofo protestante Kant realizó un intento muy valioso. Explicó que lo único en lo que podemos coincidir todas las personas es en que debemos tener buena voluntad hacia los demás (y hacia nosotros mismos). Luego expone cómo esto implica dos aspectos: Primero. Tener buena voluntad es tratar a otros (y a nosotros) con dignidad humana, es decir, como fines en sí mismos y no como instrumentos para otros fines, sin importar cuán importantes, venerables o patrióticos sean esos otros fines. Ningún humano es una cosa, ni una herramienta ni un instrumento al servicio de otros; nadie es ninguna basura, que se use y se tire, ni nadie es un objeto ni una cosa, sino que todos contamos con dignidad, somos imagen de D-os. Segundo. Tener buena voluntad hacia otros es actuar de tal modo que el motivo (máxima) de mi conducta pueda convertirse en una ley obligatoria para todas las personas (imperativo categórico). Esta es una forma más sofisticada de explicar lo que dijo Hilel.

8. Sin embargo, valiosos autores se han dado cuenta que el imperativo categórico está pensado en deberes que tenemos hacia todas las personas por igual, omitiendo los deberes especiales que tenemos hacia las personas del Pueblo de D-os y hacia otros grupos en los que participamos, como la sociedad en la que vivimos y su Derecho. Por ello Borowitz reformula el imperativo categórico en una forma de triángulo: deberes hacia nosotros mismos, hacia D-os y hacia el Pueblo de D-os. De acuerdo a nuestra filosofía, podemos decir que, bajo el nuevo imperativo, es buena toda acción cuyo motivo (máxima) armoniza de forma proporcionada las exigencias que tenemos hacia nosotros mismos, hacia la humanidad en general y hacia los grupos orgánicos en los que nos integramos (Pueblo de D-os, sociedad), en el camino hacia el nuevo tipo de individuo y el nuevo tipo de sociedad que la dignidad humana requiere de nosotros. Eso sí, ha de quedar claro que este nuevo imperativo es solo uno de los topoi o máximas de autoridad que deben regir nuestra conducta. La experiencia en el compromiso en dignidad humana hace surgir otros topoi que pueden llevar a permitir o exigir conductas que lleven a privilegiar, en circunstancias muy especiales, los deberes hacia uno de los tres componentes (nosotros mismos, grupos, humanidad), de forma desproporcionada, pero necesaria a pesar de todo.

9. En la Antigüedad antes de Cristo, la doctrina jurídica hebrea había analizado el Pacto de D-os con Noé y desarrolló toda una filosofía y un catálogo de deberes, propios de todos los seres humanos; se trata de deberes de toda la humanidad ante D-os. El Primer Concilio (Hechos 23) establece deberes de los discípulos de Jesús no-judíos; cita, por ello, los principales deberes establecidos en el Pacto de Noé, siguiendo la doctrina judía. Grocio, confundador del Derecho Internacional, utiliza esta doctrina del Pacto de Noé como fundamento del Derecho Internacional.

10. Por su parte, Pablo desarrolla su pensamiento partiendo de la naturaleza humana creada por D-os y sus exigencias hacia nosotros. Con apoyo en Aristóteles, Santo Tomás de Aquino funda su teología y su teoría jurídica en esta naturaleza humana pauliana. Francisco de Vitoria, otro cofundador del Derecho Internacional, crea también el Derecho Internacional desarrollando esta teoría de Santo Tomás y, por tanto, de Pablo.

11. Los Derechos internos de cada país cristiano fueron creados en la Edad Media sobre esta base cristiana.

12. Las Declaraciones de Derechos francesas se emitieron tomando en consideración las Declaraciones de Derechos anglosajonas. Éstas, por su parte, se fundaban en la forma de pensar cristiana, como ha expuesto Georg Jellinek.

13. Con lo anterior vemos que el Derecho de Occidente es un Derecho judeocristiano, y lo mismo la moral. La Ley de D-os ha marcado lo que hemos sido, y lo que somos, y nos llama a ser fieles en el futuro.

14. Sin embargo, aunque hay muchos aspectos positivos, también Occidente ha desertado de su tradición judeocristiana, y en muchos aspectos se ve la idolatría del dinero, del poder, del amor a las cosas, de “diversiones” superficiales que realmente no llenan, y de indiferencia hacia los demás. Esta idolatría lleva al consumismo y el consumismo lleva al desastre ambiental con el que nos enfrentamos y que amenaza con crear un Infierno para las próximas generaciones.

15. Lo anterior no debe desanimarnos. Debemos sobreponernos, cambiar y ser fieles a la Ley de D-os.

16. Las principales responsabilidades derivadas de la Ley de D-os son:

a. Cada persona debe poner todo su empeño en ganarse la vida honradamente. Pablo nos dice que el trabajo debe ser ejecutado para gloria de D-os, pues D-os es nuestro verdadero amo. Nuestro trabajo debe “hablar” por sí mismo, por hechos, de que somos personas que amamos a D-os. Quienes estudian deben hacerlo en serio, con empeño y cariño, sabiendo que estudiar es un trabajo extra que también se hace para D-os, y para ayudar a los necesitados. Este es el gran papel social del estudio. No se estudia para perder el tiempo ni para convertirse uno en un pedante. Se estudia en serio, para honra de D-os, para testimonio y para servir a los demás.

b. Debemos abstenernos de engañar, manipular, dañar a otros (y a sí mismo) ni debemos quitarle a la persona lo que es de ella.

c. La persona no debe trabajar en un puesto laboral que implique manipular, engañar o dañar a otras personas.

d. A la hora de participar en política, por ejemplo, votando en las elecciones, no se debe votar por la manipulación, el engaño ni para perjudicar a otras personas.

e. En la medida de nuestras posibilidades y responsabilidades, debemos apoyar económicamente a quienes no puedan mantenerse a sí mismas. Debe asimismo tomarse en consideración que, de ser posible, ha de enseñarse a esas personas a trabajar, o proporcionarles un puesto de trabajo. Solo en caso de que esto no sea posible (paro estructural, enfermedad, etc.) debe ayudarse mediante el dinero.

f. Se debe dedicar parte del tiempo libre a trabajar en asociaciones o grupos que ayuden a otras personas. También uno debe involucrarse, de corazón, con tiempo y esfuerzos, en una congregación seria (salvo especiales causas justificadas) y contribuir a transmitir de generación en generación el mensaje solidario de la Biblia.


Sus observaciones, preguntas y comentarios, serán bienvenidos.


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