martes, 29 de mayo de 2012

Educación y Disciplina de la Iglesia.


La enseñanza de humanidades y sus implicaciones
En la enseñanza religiosa y en la eclesiología
Apuntes en la dirección de un nuevo paradigma


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1. El Antiguo Paradigma Formativo.


Mariategui señaló con atino que la educación (aunque habla de educación, un término preferible en este contexto es el de formación) refleja y profundiza la desigualdad y la injusticia que reinan en el mundo de la economía. Para explicar este aserto, podemos recordar cuál es el papel de la formación en el paradigma antiguo o tradicional, inspirados en las lecturas de Mariategui y Bordieu-Passeron y en las enseñanzas del Profesor Álvarez Toirac

Tradicionalmente no se educaba a las personas, sino que se las formaba. Es decir, a las nuevas generaciones se les imprimía la forma con el que los poderosos de la sociedad deseaban “encarrilar” a los jóvenes en el camino de una vida que perpetuara la opresión reinante. A las personas de clase baja se les dota de una formación básica que los haga “buenos y cristianos” siervos de la gleba, antes, y ahora “buenos ciudadanos” que no piensen por sí mismos y “buenos” trabajadores de las empresas cuyos dueños son los poderosos que gobiernan la sociedad por medio de estructuras “liberales” o “democráticas”. Esta formación básica, por supuesto, se basaba en la memorización y adquisición de habilidades que los capacitaran para rendir mejor como empleados. No se enseñaba a las personas a pensar por sí mismas, sino solamente a acatar las decisiones de los demás y a cumplir el papel “cristiano” que les correspondía en la sociedad, realizando “sus” deberes. Por tanto la formación no ayudaba a las personas a asumir el control o dirección de sus vidas, sino a obedecer a los poderosos. No se posibilitaba que un niño pobre pudiera aprender a crear su propia cooperativa uniéndose a otros, sino que se lo formaba como un simple trabajador que no piensa por sí mismo.

El antiguo paradigma trata a los niños y jóvenes como alumnos que, como señala el Lic. Álvarez Toirac, proviene del latín a-lumen, sin luz. Es decir, se hace del joven una persona que no puede valerse por sí mismo, alguien que no tiene la luz del conocimiento, y que solo puede llegar a tener esa luz subordinándose al profesor, permitiendo que el sistema que impera en la sociedad piense por él.

Este mismo esquema opresor se repite en ciertos usos de conceptos religiosos. Por ejemplo, “formar” se entiende como “evangelizar” y “a-lumen” como “pagano”.

La formación se percibe como un proceso de transmisión de conocimientos. Se inculca al niño la idea de que el profesor es la persona que sabe y el alumno el que no sabe. El joven tiene que memorizar el saber esotérico que posee el profesor y la casta social de sabios que posee el conocimiento en el que se basa la sociedad opresora; en esta sociedad se fuerza al joven a entrar y aportar a la misma solo en la medida y de la manera en que les conviene a los poderosos. Estos conocimientos que se transmiten son los que habilitan al niño o joven a ser útil a las empresas de los poderosos y “buenos ciudadanos” que apoyan al sistema opresor.

Por otra parte, el paradigma antiguo reservaba los salarios altos para quienes reciben una formación intelectual (“profesionales”) y los salarios bajos a las personas de familias pobres, a quienes se les brindaba una formación mayormente manual para oficios, etc. De este modo el sistema formativo transmite de generación en generación las bases del sistema opresivo.

Las conferencias del Lic. Álvarez Toirac son muy importantes; las lecturas de Mariategui y Bordieu-Passeron nos ayudan bastante. Desenmascaran una parte importante de la realidad formativa, de su trasfondo real. A la vez nos capacitan para abrir los ojos ante los contenidos reales del modelo educativo neoliberal.

En muchos lugares se hace actualmente de la formación una experiencia de adaptación a un sistema consumista donde se privilegia el “tener” sobre el “ser”. Es decir, se impulsa a las personas a formar un “sentido” para sus vidas que se base en sentirse bien por tener cosas. Las relaciones con los demás se cosifican, por lo que “se tienen amigos”, “se tiene una pareja”, “se tiene un estatus”, etc. Se forma a las personas en la dirección de que el sentido de la vida se basa en las cosas que uno tiene, o en la opinión que los demás tengan de nosotros. No se enseña a pensar por uno mismo, ni a buscar el sentido de la vida en D-os, es decir, en el compromiso el amor al prójimo, con la lucha por un mundo que sea justo. El sentido de la vida está en tener conocimientos, tener pareja, tener dinero y tener la aprobación de los demás.

El texto de Leonardo Boff nos anima a pensar en la forma en la que se distribuye el poder por excelencia de la Iglesia, que es el poder de enseñar. Fruto de la experiencia de dicha lectura, señalamos lo siguiente: El antiguo paradigma formativo se refleja en la estructura de la sociedad y de la Iglesia. La forma en que se distribuye el poder en la sociedad y en la Iglesia marca a las personas, y forma una parte fundamental del proceso formativo (que no educativo) de los seres humanos. Supuestamente el protagonismo social y político de la sociedad y de la Iglesia está en todos los seres humanos. Pero esto es una mentira colectiva en la que se forma a las personas. A los individuos se les forma en el sentido de que realmente gobiernan los poderosos y los famosos, y en la Iglesia quienes deciden y enseñan son los miembros del clero, en especial del alto clero pagados por los encumbrados. ¿Cómo es que se los forma en ese sentido? Pues marcando con la aprobación (puesto de trabajo, buenas notas, posibilidad de conseguir pareja, etc.) a quienes se amoldan al sistema opresivo. Esta forma en la que se organiza la sociedad y la Iglesia marca a las personas en su formación, y las hace reproducir en sus vidas dicho esquema: Nos hacemos sentir con la “buena conciencia” de que somos nosotros los que gobernamos nuestras vidas, cuando estamos aceptando que sean los “de arriba” los que piensen y decidan por nosotros. Esta es la finalidad auténtica de la formación según el paradigma antiguo o tradicional.

Friedrich Hayek sostiene que la principal base de la conducta de las personas se encuentra en los hábitos de la comunidad de la que forma parte. Estas configuran una parte muy importante de la emotividad y racionalidad humanas. Creo que el paradigma formativo antiguo busca consolidar la opresión arraigándola en los hábitos sociales más profundos. Busca también transmitir estos hábitos opresivos de generación en generación. Asimismo la formación tradicional busca que interioricemos los valores y los sentimientos que respalden el sistema opresivo. Es decir, busca que nuestro más profundo ser, configurado por nuestras emociones más profundas, nos pidan que actuemos respaldando el sistema opresor.

En Costa Rica existen diversos mecanismos por los cuales se transfieren a los ricos los recursos que pertenecen a los pobres. Podemos dar los ejemplos de: impuestos indirectos (incluyendo el impuesto indirecto al trabajo; el impuesto indirecto al trabajo no se ajusta a la capacidad contributiva del patrono ni mucho menos del trabajador; por ello, en el fondo, dicho impuesto vulnera los derechos humanos. El derecho fundamental a la salud establece que se tiene derecho a recibir atención médica y sanitaria por el simple hecho de ser una persona viva; el derecho a la salud no puede depender de que a ti o a alguien de la familia te hayan contratado laboralmente, o seas un trabajador autónomo) y la salud (el Seguro Social brinda cada vez menos tipos de medicamentos, baja el nivel de asistencia médica y aumentan los casos en que la seguridad social no paga los cuidados sanitarios necesarios, como es el caso de las personas que padecen determinados accidentes de tránsito que implican un monto superior a cierta cantidad). Otro es la educación. Dado que las personas de clases bajas muchas veces tienen que trabajar, además de estudiar, cuando cursan la secundaria, y dado que el nivel de los colegios públicos no suele ser tan bueno como el de los privados, generalmente quienes sacan mejores calificaciones en los exámenes son las personas provenientes de los colegios privados. Por ello estos son los mayormente admitidos a las mejores universidades, que son las públicas, que es también donde se paga menos. Las personas provenientes de estratos más bajos, que pueden pagarse sus estudios, generalmente tienen que ingresar a universidades privadas, que son más caras y donde la formación muchas veces no es tan buena. Con el trabajo de los estudiantes pobres se financia una parte importante la universidad privada. Por ello la educación es un mecanismo fuerte que quita dinero de los pobres para dárselo a los ricos.



2. Educación, filosofía y autobiografía


Educación es autobiografía, tal como nos hicieron ver las dinámicas a las que nos llevó el Lic. Álvarez Toirac en la conferencia del 6 de mayo del 2006 AD.

El Profesor López, intérprete especializado en Nietzsche, ha destacado acertadamente uno de los aportes de este filósofo. Lo hizo en el análisis de la obra nietzscheana Ecce Homo que revolucionó por completo el género de la autobiografía. Nietzsche demostró que toda filosofía es autobiografía. Es decir, no existe un conocimiento objetivo, cierto, que es válido en sí mismo. Todo “conocimiento” se basa en los valores de la persona, así como en su trasfondo social, individual, psicológico, etc. Por eso López señala que lo moderno es saber que la filosofía no es objetiva sino personal en este sentido.

Lo mismo resulta válido respecto a la educación. La “educación cristiana objetiva-ortodoxa” o la “educación laica-secular neutral” en realidad constituye un amoldamiento al paradigma tradicional al que aludimos en el apartado anterior. En su pretendida “ortodoxia”, “neutralidad” u “objetividad”, esconde una serie de intereses claramente definidos, de defensa de un sistema económico opresor en el que el bienestar de unos pocos se basa en la indiferencia hacia la pobreza y daño a los demás.

Dado que no existe una educación neutral, resulta importante explicar los valores que este estudiante asigna a la “educación católica”: Dado que el propósito de mi vida es crecer como individuo en el compromiso individual y colectivo con los derechos humanos, entonces para el que suscribe la educación católica es la educación que se brinda a todos los seres humanos por parte de la teología católica.

En otra ocasión ya señalamos que, para nosotros, teología católica es:

“La gaya ciencia de la experiencia global del compromiso individual y colectivo con la causa de la dignidad y los derechos humanos, en un contexto socioeconómico concreto”.

Por tanto, la educación católica es la verdadera educación en la cual tanto el profesor como los estudiantes aprenden (se desarrollan) en la teología católica y en la aplicación de la misma a las distintas áreas de la personalidad individual, así como su incidencia colectiva.

Esto nos muestra que para nosotros no cualquier educación que se llame católica es realmente tal, sino aquella que se comprometa con los valores e intereses de la causa por la dignidad humana (derechos humanos).




3. Una nueva esperanza. El nacimiento del individuo y la educación


El judaísmo ha sido históricamente un campeón de la educación popular. El pueblo hebreo en los diferentes países donde ha vivido, ha dedicado muchos recursos a que brindar educación judía popular hasta al más pobre. Los judíos de clases altas han contribuido mucho para esta educación de los pobres. También han ayudado a las necesidades de los no judíos. Por otra parte, como señalamos en otro lugar (Open Letter to the Evangelisch-Lutherische Kirche apoyándonos en la obra fundadora de la sociología de Durkheim), el papel del protestantismo fue fundamental en el camino hacia la generalización de la educación a todos los estratos de la sociedad. Mariategui y Bordieu-Passeron formulan las críticas al sistema formativo de un modo muy general, aplicándolo a todos los países. Esto ha de ser matizado.

El protestantismo pone el acento en enseñanzas católicas que habían sido arrinconadas en el transcurso de los siglos. Mostró que las personas somos salvas por la fe en el sacrificio redentor de Jesucristo. No podemos “comprar” la salvación por obras, sino que esta es un regalo, es gratuita, y la aceptamos como tal don que se nos ofrece sin condiciones. La salvación se vive en una relación individual de la persona con D-os. Esta relación personal se basa en la lectura y meditación de la Biblia. Dado que la salvación se recibe individualmente, es cada persona quien tiene que ajustar sus cuentas con D-os a solas. Cada persona tiene que decidir lo que es bueno y lo que es malo para D-os, y actuar en consecuencia. Nadie puede zafarse de su responsabilidad dejándose guiar por el magisterio de la Iglesia, ni por lo que otras personas consideren que es correcto. Cada uno tiene que decidir lo que es correcto ante los ojos de D-os, y a actuar en consecuencia. Para poder tomar decisiones y distinguir lo bueno de lo malo, cada cual ha de guiarse por la Biblia. Por eso el estudio de la Biblia es una prioridad. Por ello los países protestantes generalizaron la educación popular, puesto que cada persona tiene el deber de leer la Biblia para guiar su vida por ella en su relación con D-os.

Los países católicos-romanos no aceptaron esta enseñanza católica, y por ello las decisiones de las personas se entendían basadas en el magisterio eclesial. Por ello no se enseñó a las masas a leer, puesto que bastaba con los sabios de la Iglesia para decidir por todos lo que es bueno y lo que es malo.

Los países escandinavos son los que han vivido más apegados a la enseñanza católica de unir libertad con justicia social. Por ello han creado un sistema educativo gratuito por el cual todos, hasta la persona de condición más baja, estudia gratuitamente y además recibe dinero para poder vivir mientras estudia.

De lo anterior se deduce que las tesis de Mariategui y Bordieux-Passeron deben ser considerablemente matizadas. Son, sin embargo, muy válidas para el Tercer Mundo, donde no han calado profundamente enseñanzas católicas importantes como la justificación por fe y el sacerdocio universal de los creyentes. Podemos ver en Escandinavia un auténtico modelo, no de formación, sino de auténtica educación.

En todo caso, los aportes de Mariategui y Bordieu-Passeron son muy interesantes, y nos ayudan a abrir los ojos y a discernir los modelos eclesiales y los paradigmas educativos. Nos preparan para poder descubrir cuál es el modelo educativo-eclesial neoliberal y a distanciarnos de él.



4. Determinismo o libertad; libertad severamente limitada, sí, pero libertad. Fundamento antropológico del proceso educativo.


En la introducción de esta tarea dejábamos traslucir un cierto distanciamiento respecto a cierto determinismo del que podía estar imbuida la crítica al sistema educativo tradicional efectuada por Mariategui y Bordieux-Passeron. Podría ser que, para ellos, los prejuicios de clase, género, origen, etc. determinan necesariamente la concepción educativa de las personas. A ello nos oponemos. La libertad de las personas está severamente limitada, pero somos libres. A pesar de nuestros condicionamientos de edad, clase, etnia, género, origen, etc., podemos escoger vivir por unos valores de equidad. No es que podamos transformarnos en justos solo por quererlo, pero sí podemos elegir luchar contra nuestros condicionamientos y acercarnos lo más que podamos a la causa de los derechos humanos, a la causa de la auténtica liberación.

Quien nace rico no tiene que defender la formación que beneficie a los ricos. Quien nació en una familia de clase media no está destinado a oponerse a los pobres. Tenemos libertad para acercarnos a la causa de la dignidad humana.

Parece que para Bordieu-Passeron el gusto por la cultura pertenece solo a la clase de los poderosos, y el paladar por lo cultural se basa en precondicionamientos. Sin embargo, creemos que este no es el caso de todos los que aman la cultura. Existen también personas comprometidas con la causa de los derechos humanos que aman la cultura por el hecho de ser cultura.

Además, para ellos las personas como yo vivimos en una ilusión consistente en que nos sentimos libres (es decir, dotados de libre albedrío), cuando en realidad hemos olvidado que estamos determinados (ausencia de libertad) por nuestra genética y la clase social y origen nuestro. Esta ilusión hace que nos sintamos libres, y formemos a otros en esa ilusión, cuando en realidad estamos repitiendo y transmitiendo a las generaciones siguientes el sistema opresor internacional.

Estas tesis se refutan ante su incapacidad de explicar cómo es que entró el cambio en el mundo. Si todos estamos “determinados” por nuestro “gusto innato” producto de la casta social a la que pertenecemos, entonces, ¿de dónde ha surgido la idea de que las cosas pueden cambiar, de que el mundo puede convertirse en un lugar donde no haya opresión, donde los pobres puedan liberarse ellos mismos? ¿Dónde se forjaron las bases del nuevo paradigma educativo liberador?

Estas preguntas ya las contestamos en otro lugar (Open Letter to the Evangelisch-Lutherische Kirche). Allí explicamos el concepto de D-os de Éxodo 3 en la interpretación de Erich Fromm. D-os es “Seré el que Seré”. D-os es el cambio en el camino de la liberación de los oprimidos y de toda clase de opresión, interna o externa. Esta es la gran enseñanza del judeocristianismo. Por ello hay quienes odian el judeocristianismo, porque odian los derechos humanos y añoran un sistema opresivo que no tenga alternativas ni críticas.

El concepto de D-os de Éxodo 3 es la destrucción del determinismo, y la asunción por parte de las personas de nuestras facultades de cambiarnos a nosotros mismos y al mundo en el camino de la liberación. Por ello, aunque estemos severamente limitados, sí gozamos de libertad.

El modelo antropológico sobre el que se basa la educación católica es el siguiente: el ser humano cuenta con una libertad severamente limitada, pero aun así es libre. Por ello es posible una educación católica, que faculte a las personas a pensar por sí mismas, a discernir valores, escoger qué es católico, y a crecer en el compromiso con el amor al prójimo. Este crecimiento en D-os es la síntesis de la educación católica y nos lleva a unirnos a otros para actuar juntos como Iglesia al servicio del prójimo… y del lejano, de todas las personas, hasta de aquellas respecto a las cuales nuestras emociones nos tientan a hacernos sentir más indiferentes respecto a ellos.




5. El Apostolado Educativo. La misión del educador humanista


En el apartado anterior concluimos que el proceso educativo se basa en el aserto de que tanto el profesor como el estudiante son personas con una libertad severamente limitada, pero que son libres. Esta libertad hace posible el sistema educativo que propugnamos. La siguiente base del proceso educativo es determinar la relación que ha de mediar entre profesor y estudiantes. En el paradigma antiguo, no había una auténtica relación, sino subordinación, tal como indican las lecturas. Para nosotros debe basarse la educación en la igualdad radical de todas las personas.

Preiswerk critica el empleo del término apostolado en el ámbito educativo, porque para él reproduce el paradigma formativo antiguo o tradicional al que ya criticamos. Sin embargo, el apostolado ha de ser entendido en el marco de la doctrina católica del sacerdocio universal de todas las personas. Todos somos apóstoles, tanto el “profesor” como el “estudiante”. Los dos desarrollan un servicio sacerdotal. Tanto el “profesor” como el “estudiante” enseñan y aprenden en el auténtico proceso educativo.

El sacerdocio universal se basa en el texto de la Carta de Pedro que llama a las personas católicas “real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por D-os”. Hace eco de textos de los profetas de la Biblia hebrea que calificaban a Israel de pueblo sacerdotal. Con el tiempo el catolicismo olvidó esta enseñanza hasta que fue recobrada por la reforma protestante.

Desde mi concepción personal del judaísmo puedo sostener que los sacerdotes en la Biblia hebrea tenían varias funciones: 1) Sacrificadores. El sacrificio debe entenderse según la mentalidad antigua. Se trataba de un rito educativo por el cual la persona que traía un animal para que el sacerdote lo sacrificaba, expresaba por la entrega del animal su determinación de entregarse a la causa del amor al prójimo, es decir, a D-os. Este entregar el animal tenía el efecto educativo de enseñar que todos le pertenecemos a D-os, es decir, que todos pertenecemos a la dignidad humana, y no a ningún sistema opresivo. Por ello el sacerdote no era una persona que fuera más sacerdote que los demás. Todo el pueblo era un pueblo igualmente de sacerdotes, solo que a la persona designada como sacerdote se le asignaba una función simbólica de garantizar la seriedad de la persona que traía el animal para sacrificarlo. 2) Jueces. 3) Maestros.

El judaísmo no cuenta con sacerdotes desde hace muchos siglos. La figura coordinadora en el ámbito religioso es el rabí, que proviene de la figura del escriba o del maestro de la Ley. El rabí es un maestro y también un posek, un juez que determina el contenido de la Ley que se ha de aplicar en cada caso concreto. Creo que el papel del rabí tiene paralelismos con el del obispo, quien es un maestro y un juez.

Todas las sociedades antiguas creían que la ley era creada por los d-oses, no por las personas. Sin embargo, la realidad era que, a efectos prácticos, en los pueblos paganos eran los poderosos los que determinaban qué era lo bueno y qué era lo malo, según les beneficiara a ellos. Por ello en realidad en el paganismo la ley sí es creada por las personas. En el pueblo bíblico, sin embargo, la ley verdadera es la ley de la liberación de los oprimidos. El sacerdote bíblico como juez no crea la ley, sino que se limita aplicar a cada caso concreto lo que determina la ley de los derechos humanos.

Leonardo Boff en la lectura asignada denuncia el carácter anticatólico de la distinción romana entre clero y laicos. En realidad todos somos sacerdotes al mismo nivel.

Dado que hemos escogido el compromiso con la dignidad humana como la base de nuestra vida y como el punto de arranque de nuestra cosmovisión, entonces todos somos igualmente apóstoles y sacerdotes.

El que escribe estas líneas cree que el romanismo ha llevado a cabo un fraude de ley. La ley es que todos somos igualmente sacerdotes. El romanismo parece aceptar esto en textos oficiales, pero a la hora de la verdad no lo hace, ya que reparte las funciones y privilegios de una manera tal que en realidad se viola la ley de D-os de que todos somos realmente sacerdotes. Veamos el concepto de fraude de ley del Código Civil (artículo 20):

“Los actos realizados al amparo del texto de una norma, que persigan un resultado prohibido por el ordenamiento jurídico, o contrario a él, se considerarán ejecutados en fraude de la ley y no impedirán la debida aplicación de la norma que se hubiere tratado de eludir”.

Todos somos sacerdotes, y todos tenemos que hacer cumplir la ley real, que es la ley de D-os, la “ley de la libertad en Cristo que me ha liberado de la Ley del pecado y de la muerte” (Romanos 8). Por eso se ha de llamar a todos los católicos a una rebelión en defensa de la fe, y exhortarlos a no aplicar las “leyes” romanas que violan este sacerdocio igualitario, y apliquen en vez de ello la igualdad real de todas las personas, que es la ley de D-os.



6. El papel educativo de la distribución de los poderes en la Iglesia


Continuamos con la base importante de la educación que está implicada con el tema del poder. Ya señalamos que un componente importante del papel educativo o formativo de una sociedad reside en el hecho de cómo distribuye el poder. Lo mismo sucede respecto a esa sociedad que constituye la Iglesia. La Iglesia debe organizarse de modo que la autoridad en la Iglesia se divida en tres poderes: legislativo, ejecutivo y judicial. Los laicos miembros de las congregaciones han de poder elegir democráticamente a sus representantes que, como tales, formarán un Parlamento. Este ostentará la potestad legislativa en la Iglesia, asesorado por el clero, de modo que esta Asamblea creará y modificará el Derecho canónico en el marco del respeto al amor al prójimo, que es la Norma a la cual todo lo demás está subordinado. La potestad ejecutiva estará atribuida a diversas figuras, quienes representarán a la Iglesia.

El poder judicial será ejercido por personas independientes, conocedoras de la teología católica, comprometidas con el bien. Estas personas son las señoras y los señores Obispos. El papel importante que el Obispo tiene en la Iglesia se basa en que ella o él es el maestro y el juez Cuando se necesite aplicar el Derecho canónico ante casos concretos, esa aplicación será llevada a cabo por el Obispo de la Diócesis donde se planteen esos asuntos. Los maestros de educación cristiana (incluyendo quienes realicen las misas en las Iglesias, pues el papel de la liturgia es, por definición, educativo) serán los presbíteros y diáconos nombrados por los Obispos, y ante quienes el clero deberá rendir cuentas de su conducta apegada a los derechos humanos.

El Obispo, como profesor-juez que es, debe garantizar que la Iglesia presente su respaldo solamente a aquellas enseñanzas y solamente a aquellos profesores (clero) cuya conducta se apegue al bien. De lo dicho a lo largo de este texto se desprende que el papel del profesor es el ser un juez (de los derechos humanos) que haga que la Iglesia dé las notas correspondientes de aprobado o reprobado a un estudiante dependiendo de si este ha crecido o no en el compromiso con el amor al prójimo.

El Obispo es un profesor-juez que determina que solamente puedan pertenecer a la Iglesia aquellas personas que sean fieles al pacto de compromiso con el amor al prójimo. La Iglesia solo puede prestar su sello de aprobación (que está representado por el acto de admitir o mantener a una persona como miembro de la Iglesia) solamente a aquellos individuos comprometidos con la causa. En un mundo tan superficial como el nuestro, donde se crea la ilusión de que todo es lo mismo, de que todas las ideas son igualmente válidas, donde da lo mismo si estás comprometido o no con el auténtico amor al prójimo, el papel del Obispo destaca como el maestro que enseña el bien, que elige a los profesores de las Iglesias, y que admite o mantiene como miembro de la Iglesia a quien realmente debe ser miembro de la misma, o sea, aquella persona que lucha contra sus defectos, pide perdón por sus pecados, y hace lo mejor para ir creciendo en el compromiso con los derechos humanos. El Obispo debe poner límites y, como juez, determinar aquello que es malo y, como tal, no ha de ser permitido por la Iglesia.

Lo anterior no implica negar el hecho de que es a cada individuo a quien le corresponde determinar ante D-os lo que es bueno y lo que es malo ante Ella. Cada persona tiene que discernir el bien del mal sobre la base de la relación personal que cultive con D-os. Lo que hace el juez es comprometer el nombre de la Iglesia solamente con aquellas personas que de verdad hacen del amor al prójimo el centro de sus vidas.

Las señoras y señores Obispos han de elegirse de un modo que se garantice lo que los constitucionalistas llaman una doble confianza, es decir, un doble filtro seleccionador. Por una parte, el apoyo del pueblo católico y, por otro, la selección por parte de los Obispos consagrantes, que otorgarán el sacramento solamente a la persona que reúna las condiciones para ser juez-Obispo.



7. Hacia un nuevo paradigma


En la década de 1960 adopta Latinoamérica un nuevo paradigma educativo. Se trata de un paradigma cuyo fundamento se encuentra en la educación popular y, en el ámbito de la educación católica, en las Comunidades Eclesiales de Base. Como señala el Profesor Álvarez Toirac, se encuentra ligada a los movimientos sociales con incidencia realmente política. Como tal produce concientización, y empodera a la base. El estudiante que escribe estas líneas explica este empoderamiento como la enseñanza que lleva a las Comunidades a asumir el control de sus vidas. De esta manera esta educación católica se convierte en una educación de verdad. Este nuevo paradigma ha sido elaborado tanto por personas que viven en el Tercer Mundo como en el Primer Mundo.

El teólogo Mardoqueo Kaplan formula el concepto de la verdadera Ley (Torah) de D-os como “la Torah del corazón educado”. Aquí “corazón” se entiende en el sentido de “voluntad”. La educación no se dirige solo al cerebro ni solo a las emociones, sino además y, principalmente, a la voluntad de los individuos y de la comunidad creyente. Basándose en el mensaje de Jeremías 31:31 y siguientes, se enseña que la verdadera Ley (de liberación) de D-os se enseña en el corazón de las personas. Recuérdese que “corazón” se entiende en el sentido de la voluntad de las personas. La ley de la liberación es educada y se arraiga en la voluntad de las personas, animándolas a pensar por sí mismas, a tomar sus propias decisiones, a escoger qué ideas y conductas realmente son liberadoras y a trabajar juntos, unidos, para cambiar el mundo en el camino de la liberación. Para Mardoqueo Kaplan el propósito principal de las congregaciones es la educación creyente de los adultos.

Por el momento la educación religiosa ha estado dirigida básicamente a los niños, y el concepto de D-os, de Revelación, etc. que se enseña es un concepto válido para niños, pero no para todos los adultos debido a su configuración interna. Cuando la persona crece, esos conceptos muchas veces no le resultan válidos, y por eso los humanos entran en crisis de fe y se alejan de las congregaciones. Por ello él llama a una reconstrucción de la teología, que parta de una reconstrucción radical de todos los conceptos y temas de la religión que realmente responda a las personas en crisis de fe, y que las anime a seguir considerándose seguidores de D-os a pesar de que su concepto de D-os y de lo demás difiera radicalmente de los adoctrinamientos tradicionales. Esta es la razón de que centre la eclesiología, o sea, el papel de las congregaciones, en la educación religiosa de los adultos, pues la educación teológica de los adultos es de lo que más han carecido las instituciones religiosas.

La educación católica puede ser vista desde un nuevo paradigma como el proceso de crecimiento interno y externo, individual y colectivo, en la causa de la dignidad humana, que trae como consecuencia el empoderamiento de todos, incluyendo los pobres, haciéndonos conscientes de las causas reales de la opresión que impera en el mundo, proveyendo también fuentes individuales y colectivas de resiliencia (resiliencia es el proceso de curarnos nuestras heridas internas, sobreponernos a todo el dolor que hay en el mundo y en nuestras vidas cotidianas, y encontrar fuerzas para seguir adelante, sobreponiéndonos, y uniéndonos en la lucha por un mundo más cercano al respeto a los derechos humanos), y brindándonos recursos externos e internos para luchar por la liberación o progreso real, transformando a las personas y a las estructuras de las sociedades.

El protagonismo educativo católico en el nuevo paradigma no lo asume el profesor, sino el estudiante. El estudiante representa la imagen de D-os, es decir, la educación parte del reconocimiento de la dignidad humana de todos. Tal como lo mostramos en otro texto (Open Letter to the Evangelisch-Lutherische Kirche), de este punto de partida consistente en los derechos humanos se desprende que cada persona, incluyendo cada estudiante, es un legislador. Es decir, cada estudiante determina lo que es bueno y lo que es malo dentro del marco de la causa por la dignidad y derechos humanos. Ella o él educa por sí misma a su voluntad en la senda del amor al prójimo, y educa también las demás áreas de su personalidad (sentimientos, razón, hábitos, etc.). El estudiante piensa por sí mismo y en este sentido usa los instrumentos didácticos que el profesor le da, de la manera en que el estudiante determina mejor para el proceso de su crecimiento personal en la causa de los derechos humanos.

El papel del profesor es ser una persona que selecciona y provee al estudiante los recursos didácticos más idóneos, y es también un juez de los derechos humanos en el sentido de que a través de él el centro educativo garantiza que el estudiante católico haya crecido en lo personal y en su vida de compromiso con el amor al prójimo.

Dentro del marco pedagógico que el profesor brinda a los estudiantes está, especialmente, el hacer conscientes a los estudiantes del planteamiento de las Cuestiones – Temas – Problemas que son básicos, fundamentales, en la materia que se estudia, según los diversos paradigmas que se hayan producido en ese tema. El profesor ha de explicar los contenidos de los diversos paradigmas, así como plantear cuestiones que susciten preguntas, inquietudes y nuevas ideas en los estudiantes (thought-provoking statements). El profesor anima al estudiante a crear su propio paradigma o a crear y seguir las propias convicciones del estudiante.

Es importante reiterar que en el nuevo paradigma no se educa solo la mente, sino todas las áreas de la personalidad: sentimientos, valores, hábitos, la voluntad, etc.

Existe un dicho rabínico donde el maestro afirma que aprendió mucho de sus profesores. Más aun aprendió de sus colegas. Pero de quienes más aprendió, fue de sus discípulos. Aquí está el verdadero núcleo de la educación, en un proceso donde todos los profesores y todos los estudiantes aprenden unos de otros, y enseñan unos a otros.



8. Educación religiosa y evangelización


La educación católica puede ayudar mucho a una auténtica evangelización. En otro texto ya señalamos cómo la teología católica ayuda a las personas que se sienten ateas o agnósticas pero que, en realidad, están comprometidas con la causa del amor al prójimo. La educación católica lleva a comunicar esta teología a todas las personas, incluyendo aquellas que se consideran no-creyentes, y a animarlas de esta manera a pertenecer a la Iglesia.

Por ello el sujeto de la educación católica abarca todas las personas, incluyendo aquellas que se sienten alejadas de la Iglesia. De este modo la educación católica se constituye en un componente indispensable de la evangelización.

La Iglesia puede enseñar a todas las personas acerca del amor al prójimo, y acerca de cómo llevar a la práctica de manera concreta ese amor en cada una de las facetas de nuestras vidas. La Iglesia puede enseñar a las personas seculares acerca del contenido real de la Biblia. Puede comenzar enseñando cómo la Biblia es un documento secular fundante de la civilización occidental, y el texto a partir del cual se inicia en la historia en mayor grado el compromiso con los derechos humanos.

Los romanos en la Era Antigua, cuando capturaban a un gentil que se había convertido al judaísmo, lo condenaban por “ateo”. Esto sigue teniendo sentido hoy. El verdadero ateo es el católico. Ser católico es negar todos los d-oses que hay en nuestra sociedad. El D-os de la Biblia, tal como lo señalamos, es la negación de todos los d-oses, es decir, es el rechazo de todos los ídolos, es decir, de todo aquello que viola el amor al prójimo o que justifica la violación de los derechos humanos. Sobre la base de este entendimiento del D-os de la Biblia la Iglesia puede animar a todas las personas comprometidas con el amor al prójimo a recibir ayuda hasta del modo que la razón no entienda. De este modo quien se siente ateo o agnóstico se podrá abrir a la espiritualidad cristiana.



9. Eclesiología y educación religiosa


¿Cuál es el papel de la Iglesia tomando como punto de partida el compromiso con el amor al prójimo (es decir, derechos humanos)?

En la sociedad en general nunca puede obligarse a nadie a elegir una moral de solidaridad. Cada persona tiene el derecho humano a elegir si va a ser una persona superficial, que se deje llevar por las modas o por agradar a los demás, o si por el contrario elige hacer del amor al prójimo el centro de su vida. En la sociedad existe libertad para escoger. Sin embargo, la causa de la solidaridad necesita que haya un grupo de personas que se forme sobre la base de que sus miembros elijan voluntariamente comprometerse con los derechos humanos. Solo serán miembros de este grupo quienes se comprometan con la dignidad humana. Esta colectividad hace avanzar profundamente la causa el bien. Este grupo tan necesario es la Iglesia.

La Biblia habla reiteradamente de pactos. El pacto con D-os es el pacto que hace Israel (la Iglesia) con el mensaje de D-os, que es el amor al prójimo. La Iglesia es la comunidad, el grupo que vive bajo este pacto.

Con el fin de que los individuos profundicen en el contenido de este pacto, con el fin de que crezcan como personas en este compromiso, con el fin de que se unan a otros de la manera más eficaz y conveniente para formar un instrumento efectivo para el amor al prójimo de manera individual y colectiva, para todo ello se requiere que el papel de la Iglesia (eclesiología) se base en la educación católica. Para que el amor al prójimo sea la base de nuestra vida, y para que este compromiso se transmita de generación a generación de miembros de la Iglesia, para que se profundice individual y colectivamente en la causa del amor al prójimo, para todo ello se requiere de una continua educación católica dentro y fuera de la Iglesia, así como de un reavivamiento en el seno de la Iglesia.

La Iglesia es una institución centrada en la lucha por un Derecho justo, entendiendo “Derecho” en un sentido amplio y estricto. Se trata de un Derecho justo, es decir, de un Derecho centrado en el compromiso con los derechos humanos. En otro lugar explicábamos el contenido del Derecho en sentido amplio (Torah), identificándolo con el de teología, según el concepto de teología que sostuvimos más arriba. Para nosotros el Derecho en sentido estricto es:

“El conjunto de intereses que han de ser protegidos por el aparato coactivo de la sociedad (y por la comunidad internacional) con el fin de avanzar en el proceso de implementación de los derechos humanos en el mundo”.

Con el fin de que el mundo avance en lograr un mayor respeto a los derechos humanos, se necesita de un grupo a nivel local –y a nivel más amplio- comprometido en la lucha por un Derecho comprometido con el amor al prójimo, es decir, con la dignidad humana. Esta colectividad que lucha por el Derecho emanado del amor al prójimo es la Iglesia. Para cumplir con este propósito esencial de la Iglesia, esta necesita por definición la educación católica, que es el proceso de crecimiento individual y colectivo en este amor. Es este proceso el que permitirá animar a las nuevas generaciones a escoger a D-os como base de sus vidas, transmitiendo así de generación en generación el compromiso con el amor al prójimo.

De todo lo señalado en las páginas anteriores se desprende que uno de los papeles fundamentales de la Iglesia Católica es la educación teológica a las personas de todas las edades, sin descuidar a los adultos como ha sucedido tan tristemente. La “Buena Nueva” es que esto está cambiando y va a seguir cambiando.

La educación teológica católica se entiende como el proceso de crecimiento individual y colectivo en la causa del amor al prójimo, que es la causa de los derechos humanos: el propósito de la Iglesia. Por ello la educación católica está indisolublemente ligada al propósito mismo de la Iglesia, a la eclesiología.

La Iglesia está llamada a cumplir una triple función: 1) Bait Knesset: Casa de la Comunidad, un lugar donde todas las personas sean bienvenidas y donde también sus miembros puedan desarrollar actos sociales y culturales. Los actos sociales en realidad pertenecen a la cultura del pueblo de D-os, y por ello la Iglesia debe estar abierta a que los miembros vivan dentro de ella también su vida social. 2) Bait Midrash. Casa de estudio bíblico y de crecimiento en el conocimiento y práctica del bien. 3) Bait Tefilah. Casa de oración. “Mi casa será llamada Casa de Oración para todos los pueblos”.

Mariategui llamaba la atención sobre el hecho de que se necesita un nuevo orden social para que cambie la educación. La Iglesia está llamada a ser, para dentro de la Iglesia (y como vanguardia del compromiso con el bien a nivel mundial), un nuevo orden social (no capitalista) basado en los derechos humanos; ese orden es el que hace o hará posible una verdadera educación, en este caso, una educación católica.

Todos somos igualmente sacerdotes. Tanto el profesor como el estudiante son sacerdotes, y todos enseñan a la misma vez que aprenden en el proceso educativo.




10. Para ti, querida/o lector/a


Muchas gracias a ti, quien has dedicado de tu tiempo para leer esta tarea. Deseo que la lectura te sea provechosa.

Me gustaría mucho saber lo que opinas tú de este texto. Puedes escribirme al correo: priority@businesslaw.eu.com

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