martes, 29 de mayo de 2012

Educación y Alemania.



La importancia para la enseñanza de humanidades de la cultura alemana:
Sobre la necesaria presencia cultural alemana en Latinoamérica y el papel del embajador alemán


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I. Introducción.

Vivimos en un mundo desprovisto de fronteras. El globo terráqueo nunca ha sido tan internacional como hasta ahora. Las personas se mueven de un país a otro con gran facilidad. En un mundo internacional se necesita un nuevo paradigma que legitime el importante papel de las señoras y señores embajadores de Alemania en los distintos países y, por tanto, su papel en este país.

La cultura presente en más naciones del globo terráqueo anima a las personas a basar su identidad en una cultura mundial inclinada del lado americano, donde las personas forjan el sentido de sus vidas en las cosas que poseen, en su estatus social, y en la opinión que los demás tengan de uno. Esta opinión de los demás se manifiesta de diversas formas, como en la pareja que se tenga, la fama, el prestigio, la pertenencia a ciertos clubes, clases sociales o grupos sociales, etc. Como bien señaló el brillante intelectual alemán (austríaco) Erich Fromm, la cultura dominante lleva a las personas a basar su autoestima en lo que tienen y no en lo que son como seres humanos dotados por igual de una dignidad humana inclaudicable.

Dado que la mayoría de los occidentales basan su identidad en “valores” superficiales, no tiene sentido para ellos dar importancia al hecho de que su nacionalidad sea la de un determinado país. Esto influye inevitablemente en los alemanes…

Si da lo mismo ser de un país o de otro, dado que supuestamente lo importante es el dinero, la opinión de los demás, el estatus o cualesquier otro “valor” superficial, entonces, ¿qué sentido tiene ser alemán? ¿Sirve de algo ser alemán? ¿Tiene sentido seguir participando de la cultura alemana si uno vive en otro país? Todo esto puede colocar en una crisis el papel de las señoras y señores embajadores de Alemania en otros países, dado que pierde sentido el ser fiel a lo que representa Alemania si vives fuera del país.

Hay quienes consideran que el papel del embajador se centra en constituir un representante comercial de los intereses alemanes en Costa Rica. Este mandatario goza de una influencia mayor por estar respaldado por el Gobierno Federal teutón. El juicio personal de quien escribe estas líneas consiste en sostener que esta manera de entender el papel del embajador más bien profundiza la crisis, el cuestionamiento de por qué Alemania gasta el dinero de los contribuyentes teutones en destinar embajadores hasta a los países más pobres, como es el caso de Costa Rica. Dado que los países centroamericanos no son tan rentables para las empresas alemanas como otros países (esto suponiendo que, de algún modo, la conexión con Centroamérica continúe siendo rentable a estos efectos), entonces, ¿qué sentido tiene que el Excelentísimo Señor Embajador se esfuerce noblemente por representar al país en Costa Rica? ¿De qué sirve destinar embajadores a los países latinoamericanos?

Existe un segundo motivo por el cual la concepción del papel de la señora y el señor embajador como principalmente un representante comercial teutón más bien establece las bases para una posible crisis futura a nivel mundial en torno al papel de los embajadores. La estructura psicológica de los seres humanos determina que una persona trabaje o actúe con un rendimiento mucho mayor si esta realiza esa actividad guiado por una motivación primaria. Una motivación meramente secundaria realmente no garantiza un rendimiento aceptable a largo plazo. Motivación primaria quiere decir que uno realiza una cosa porque esa cosa es considerada como importante en sí misma para la persona que la realiza. Por ejemplo, hablar con la persona que es un verdadero amiga/o, es algo que llevamos a cabo con una motivación primaria, porque nuestro amigo/a es importante por sí misma para nosotros. En cambio, una motivación secundaria representa algo que se hace solamente porque nos ayuda a conseguir otra cosa que sí es importante para nosotros. Por ejemplo, son muchísimas las personas que laboran en sus trabajos solo por una motivación secundaria. Trabajan en ese empleo para ganar dinero; ganar dinero es lo que realmente quieren, pero el trabajo que hace no les importa realmente y, en ocasiones, hasta lo odian. En mi propia vida pude comprobar que, cuando uno realiza un trabajo que no ama, el rendimiento a largo plazo es mucho más bajo que si la persona lo lleva a cabo con una motivación secundaria.

La gestión de las señoras y señores embajadores teutones ha de ser una labor impulsada por una motivación primaria, si es que realmente se desea que esa gestión cuente con un rendimiento alto a largo plazo.

No existe ningún inconveniente en que el Excelentísimo Señor Volker Fink defienda los intereses comerciales de Germania. Hacerlo ayuda a los trabajadores que laboran al otro lado del Atlántico. La gestión comercial es una causa noble. Pero no puede ser la única. Para que la gestión comercial llegue a estar respaldada por una motivación primaria, se necesita que el Excelentísimo Señor Fink persista entendiendo su papel como uno que va mucho más allá de una representación comercial, o como una “máquina de hacer dinero para Alemania”. La causa noble que como motivación primaria empujará hacia adelante al Sr. Fink, implicará también que dicho Excmo. Señor pueda continuar desplegando a largo plazo un buen rendimiento en su gestión comercial.




II. La razón que me lleva a tratar este tema.


¿Cuál es esa causa noble que puede impulsar la actividad de las señoras y señores embajadores de Alemania? Para responder a esta inquietud he de tratar la cuestión de por qué he decidido escribir sobre este tema, qué me lleva a hacerlo si yo no soy teutón ni tengo familia alemana. En la primera carta abierta que escribí al Señor Embajador (la que trata sobre el tema de la importancia para Alemania del mensaje del vetusto texto de Ezequiel 18), señalamos cómo Nietzsche demostró que no existe un conocimiento objetivo, cierto, verdadero en sí mismo, sino que inexorablemente nuestra biografía personal: características psicológicas, valores, etc. configura necesariamente nuestras ideas. Recalqué que mis valores configuran el centro de mi vida, el cual es el compromiso con el crecimiento personal en la causa de los derechos humanos. En dicha carta abierta manifesté asimismo lo siguiente:

“Esto quiere decir que a mi juicio la causa por los derechos humanos debe mucho a los alemanes, y que el hecho de que los alemanes puedan avergonzarse de su cultura, y traicionar por tanto los valores positivos que residen en la cultura teutona, constituiría un golpe sumamente grave a los derechos humanos”.

El largo período de tiempo durante el cual me familiaricé con las creencias y pensamiento de mis antepasados judíos y de ciertos pensadores hebreos actuales, me llevó a darme cuenta de aquellas enseñanzas que resumen y traducen en términos actuales el contenido del “Antiguo” Testamento como el compromiso con los derechos humanos. Este período de mi vida me ayudó a darme cuenta que el centro de mi existencia es la lucha por tener una vida cada vez más comprometida con los derechos humanos.

Una vez que tuve claro esto, indagué durante mi tiempo libre cuáles eran las “herramientas” con las cuales podía construir una renovada vida centrada en la justicia. Aquí la palabra “herramientas” quiere decir las fuentes de fuerzas interna necesarias para sobreponernos a todo el dolor que hay en el mundo, de modo que podamos encontrar curación para aquellas heridas internas que se puedan sanar y, sobre todo, tener algo de qué asirnos, algo que nos dé fuerzas para continuar adelante en la causa de la justicia (derechos humanos) a pesar de toda la injusticia que reside en el mundo, y que hiere a mi persona y a los demás seres humanos. Esta fuerza interna se llama resiliencia. Con el tiempo me di cuenta que el aporte del psiquiatra alemán (austríaco) Viktor Frankl es muy importante para encontrar esta resiliencia. Hallar un sentido para la vida persona, entendiendo por “sentido” aquello que señaló Frankl, provee al individuo con recursos de resiliencia con los que no podía contar antes.

La lectura de pensadores hebreos que realizaron un aporte positivo a las humanidades, me llevó a Emilio Durkheim, y a un libro clave en la formación de la sociología: El Suicidio.


III. La anomia protestante


En dicho libro Durkeim trató el tema de por qué las personas que viven en la Europa protestante tienen índices de suicidio mucho más altas que los de los países católicos. La obra de Durkheim concluye demostrando que esta tasa mayor se debe a la influencia del protestantismo. Sin embargo, la reflexión que realicé por mi cuenta me llevó a darme cuenta que esto no constituye en realidad un motivo de rechazo del aporte positivo que el protestantismo ha realizado a los países protestantes europeos. Por el contrario, llegué a la conclusión que los derechos humanos en el sentido en el que hoy los entendemos nacieron con el protestantismo, y que, para que sobreviva la causa de los derechos humanos, se necesita que los alemanes permanezcan fieles a los aportes positivos que el protestantismo ha realizado a la cultura alemana. No se trata que los alemanes católicos dejen de ser católicos, ni que los ateos ya no sean ateos. Por el contrario, lo que se requiere es que todos nos hagamos conscientes del aporte indispensable que el protestantismo realizó al compromiso secular con los derechos humanos. Es decir, el aporte protestante en materia de derechos humanos significa que este ayuda a los protestantes a ser buenos protestantes, a los católicos a ser buenos católicos, a los agnósticos a ser buenos agnósticos, y a los ateos a ser buenos ateos. De hecho, la manera en que la mayoría de los católicos alemanes entienden su vida, está íntimamente ligada a la manera en que el protestantismo ha colaborado a hacer de los católicos mejores católicos. Un protestantismo bien entendido nos libera del riesgo de suicidio que nació como subproducto del protestantismo, y a la vez nos capacita a respetar mejor los derechos humanos, y a encontrar fuerzas internas para vivir entregados a esta noble causa.

Podríamos señalar en términos generales que la manera en la que la gran mayoría de las personas se entendía a sí misma antes de la Reforma Protestante, era tal que la cosmovisión (Weltanschaung), la manera de entender la vida, de las personas se basaba en que la persona era, antes que nada (a priori) miembros de la comunidad en la cual vivía. Esta comunidad era la Iglesia Cristiana (católica) y el Impero Romano Germánico. Esta comunidad era la fuente, no solo del sentido de pertenencia del ser humano, sino también de los valores, leyes, propósito y sentido (en la acepción de Frankl) de sus vidas. Las enseñanzas de Lutero hicieron que las personas de la Europa protestante se dieran cuenta que ellas no eran miembros a priori de la Iglesia católica organizada. Los seres humanos son individuos, es decir, seres humanos que son antes que nada (a priori) miembros de Cristo, no de la Comunidad.

(Lutero intentó reformar la Iglesia organizada y no crear una nueva Iglesia. Sin embargo, cuando el catolicismo romano rechazó sus enseñanzas, él no se sometió a la Iglesia, sino que rompió con ella y estableció nuevas congregaciones que no fueron romanas. De esta manera Lutero manifestó que los deberes individuales hacia D-os son más importantes que las necesidades de la comunidad. Es decir, la vida de Lutero demostró que el individuo tiene que forjar una vida alrededor de lo que ella o él consideren que es justo, sin que puedan dejarse manejar por las necesidades de su comunidad).

Para Lutero, pues, cada persona es una sacerdotisa y como tal tiene la responsabilidad de decidir qué es lo bueno y qué es lo malo para su vida. Cada humano tiene el deber individual de orientar su vida escogiendo su trabajo, la vocación para su tiempo libre, su pareja, y asumiendo toda clase de decisiones por sí misma.

El propósito y el sentido de la vida son extremadamente importantes para el humano, tal como mostró Frankl. Estos fundamentan nuestras vidas, sanan nuestras heridas internas, y nos proveen de las fuerzas para continuar adelante con nuestra vida a pesar de todas las injusticias y el dolor que imperan en el mundo (resiliencia). Antes de Lutero la comunidad era el sentido de la vida del ser humano. Después de Lutero la persona se convierte en individuo, y se queda solo, y tiene que desarrollar por sí mismo aquello que brinde sentido para la vida. Esta es la causa de la anomia. Anomia significa a-nomos (literalmente, “falta-vacío de ley-reglas”); es la pérdida de normas, criterios, estándares, tradiciones con las cuales se fundamenta una vida y se construye una existencia (si dices I have got a life afirmas que has encontrado un nomos para construir una vida). Esto causa un vacío interno. Hasta Lutero la comunidad era el nomos de las personas. Después de Lutero el individuo se queda solo, sin nomos, y tiene que llenar por sí misma el gran vacío que queda en su vida.

Con el protestantismo el individuo se separa axiológicamente (es decir, en el plano de los valores) de la comunidad y de todo grupo, y se queda sin el sentido de la vida que antes la comunidad le daba para llenar su vida. Pierde, pues, la persona, los valores, TRADICIONES, reglas y criterios para orientar la vida que antes le daba su comunidad. Estos criterios escogían por él un trabajo, pareja, comportamientos, etc. Ahora la persona se queda sola, queda suelta al mundo por sí misma, y fruto de su relación individual con D-os tiene que desarrollar un sentido para su vida, así como moral, pautas para escoger un trabajo, una vocación para el tiempo libre, criterios para tomar todas las decisiones que tenemos que realizar en la vida… Esta anomia causada por el protestantismo no solo dio nacimiento al individualismo tan característico de los países europeos protestantes, sino también una soledad íntima, desarraigo… y la fuente de suicidios como explicó Durkheim.



IV. El nacimiento del individuo comprometido con los derechos humanos


La anterior pareciera ser una crítica devastadora del luteranismo, y una paradoja: una liberación que causó la muerte. Sin embargo, esta anomia constituye un legado extremadamente valioso que Lutero brindó al mundo. La persona tiene, por una parte, el deber ético de llenar su vida con aquel sentido que lo mantenga a salvo del suicidio y, de otro lado, esta misma anomia es la fuente del reconocimiento de algunos aspectos de los derechos humanos que no estuvieron presentes en la Edad Media.

Durkheim explicó la razón por la cual los países protestantes avanzaron mucho más que los católicos en la educación de todos los estratos de la sociedad. Dado que el fundamento de la vida protestante es la relación individual de D-os a través de la lectura de la Biblia, entonces el enseñar a leer y escribir a las multitudes es importante para que cada uno pueda leer la Escritura y construir una vida alrededor de lo que la persona aprendió de la Biblia. Por ello enseñar a leer fue una gran prioridad en los países protestantes. Esto no sucedió en los países católicos, donde la persona construía su vida basándose en lo que la comunidad le indicaba que debía hacer.

Nietzsche, el mayor enemigo del judeocristianismo, aceptó que individuo como tal (es decir, separado axiológicamente del rebaño-comunidad-) es una muy reciente creación. El nacimiento del individuo pudo haber tenido sus precedentes en la recuperación de la Antigüedad que llevó a cabo el Renacimiento, pero definitivamente el protestantismo, como se explicó, supuso el nacimiento del individuo. Y no solo el individuo nació gracias al protestantismo, sino que nació una persona comprometida con los derechos humanos. Esta es la razón por la cual Nietzsche odia el protestantismo, porque ese filósofo es el enemigo de los derechos humanos.

Lutero fue determinante en el nacimiento del individuo como tal, y de un individuo comprometido con su relación personal con D-os. Si tuviéramos que traducir en conceptos modernos el significado de esta relación, diríamos que es una relación con los derechos humanos, con la dignidad humana, porque el centro de la Biblia es el compromiso con los derechos humanos, y estos han de ser el corazón de nuestras existencias.

La dignidad humana, tal como la entendemos en la actualidad, es inseparable del descubrimiento de este individuo como tal, separado axiológicamente del rebaño. Gracias a Lutero entendemos hoy que la dignidad humana significa que cada uno de los humanos como individuos que somos, tenemos el derecho (y la responsabilidad) de decidir por nosotros mismos, sin la intervención de los demás, cuál es la fe correcta, cuál es la moral justa, cuál es el sentido de la vida que asumimos para nosotros, con qué tradiciones nos comprometemos, qué hacemos en nuestro tiempo libre (vocación), a qué Iglesia nos comprometemos, y cuáles serán los criterios con los cuales tomaremos todas las decisiones que hemos de asumir a lo largo de nuestras vidas.

Esta es la razón por la cual fue necesariamente un alemán luterano la persona que ha desarrollado la mejor explicación de la dignidad humana. Hablo del protestante Emanuel Kant, especialmente de su obra “Fundamentos de la Metafísica de la Moral”. Allí Kant muestra que la dignidad humana es el compromiso de tratar a cada persona como un fin en sí misma, y NO como un medio o instrumento para otro fin, no importa cuán sagrado, santo, espiritual, patriótico o lo que sea, que este otro fin pueda ser. Este concepto kantiano de la dignidad humana es la base para una correcta concepción de los derechos humanos; también este entendimiento de la dignidad humana constituye el criterio para interpretar el contenido de los derechos humanos, y para resolver los conflictos que suceden cuando un derecho humano choca con otro. Por ello, a raíz de Kant, dignidad humana y derechos humanos son sinónimos.

Esta cultura alemana es indispensable para la causa mundial de los derechos humanos.

La idea de la justificación por la fe es muy importante y tiene un significado profundo para los individuos actuales, incluso para aquellos que piensan firmemente que han perdido o que no tienen la fe, pero que son personas comprometidas con la justicia. Esta enseñanza luterana nos dice que las buenas obras NO son suficientes para construir una vida comprometida con la dignidad humana. Además de buenas obras necesitamos estructuras mentales (esto es, fe) que determinen qué obras se han de llevar a cabo porque son realmente obras que producen un mayor respeto a los derechos humanos; también necesitamos, además de buenas obras, fuerzas internas y externas, así como recursos externos e internos que nos capaciten para realizar estas obras. Esta enseñanza expresada en la metáfora llena de poder de la justificación por la fe es compatible con el hecho de que una persona viva en una crisis de fe. En una crisis de fe nos separamos por completo de cualquier creencia a priori, es decir, de cualquier fe que se coloque por encima de la dignidad humana. Pero es que precisamente esto es lo que significa realmente el concepto de D-os según la Biblia, en la interpretación de Erich Fromm. Por eso el ateo comprometido con la dignidad humana realmente es un creyente, aunque no se haya aun dado cuenta de ello.


V. Hacia una identidad germánica.

¿Cómo podemos construir una vida basada en el compromiso con la dignidad humana? Vamos enumerando los pasos por orden de importancia, comenzando por lo más relevante.

1) Los derechos humanos como el centro de la vida del individuo. NO pertenecemos a priori a ninguna comunidad, tradición o fe. Por ello, desde el punto de vista valorativo (de los valores, axiológico) no tenemos sentido de pertenencia a ningún grupo o cultura. Usando el ejemplo de la filosofía del “como-si” del pensador alemán Hans Vaihiinger, nosotros vivimos como-si (als ob) no tuviéramos un sentido de pertenencia, como-si no fuéramos parte de ninguna sociedad, fe o cultura. Por tanto NO apoyamos incondicionalmente ninguna fe, nación, cultura u organización. Nada se considera más importante que la dignidad humana.

De este modo nos separamos de tantas personas que son europeas, americanas, judías, o lo que sea, antes que personas comprometidas con los derechos humanos. Ellos se consideran, pues, como americanos… a priori, y la necesidad de proteger lo americano, europeo, judío, o lo que sea, es más importante que la justicia. Por el contrario, para nosotros la prioridad número uno son los derechos humanos.

2) Tomamos de cada cultura lo que nos sea de ayuda para forjar una vida comprometida con la dignidad humana. En este sentido somos multiculturales, inspirados por aquel texto de Isaías 6:3-6 que señala que toda la tierra está llena de la presencia de D-os. Esto significa que en cada lugar del mundo podemos encontrar aspectos que son valiosas para la causa de los derechos humanos. Ser multicultural no significa, sin embargo, que pertenezcamos a una cultura internacional solo porque esta sea universal. La dignidad humana está por encima de todo.

3) De todo el acervo cultural del mundo, de todas las fuentes de recursos internos para forjar una vida comprometida con la dignidad humana, con el fin de trabajar en nuestra identidad, damos prioridad a aquella cultura especial a través de la cual podamos realizar una mejor contribución a la causa de los derechos humanos en el mundo. Esta cultura a la que damos prioridad deberá ser la fuente de la mayor parte de la identidad del individuo. Mi convicción personal es que los alemanes tienen el deber ético de escoger como esta cultura especial, prioritaria, a los aspectos positivos de la cultura germana que giran alrededor de la enseñanza de Martín Lutero que resumimos antes.

La filosofía del Profesor y Rabí Eugenio Borowitz ha de ser interpretada en el sentido de que, con el fin de poder forjar una vida comprometida con la justicia que sea una vida fructífera, los seres humanos no solo tienen el deber de ser personas comprometidas en abstracto con la causa de los derechos humanos, sino que los seres humanos tienen también la necesidad psíquica de ser miembros activos de una cultura especial que sea comprometida con la dignidad humana.

(Esto podría ser coherente con el hecho de que Viktor Frankl no señalara como la fuente de sentido para la vida la causa del amor al prójimo, sino que, para él, se requiere que ese compromiso se concrete de una manera práctica; será esa manifestación práctica la que representará un sentido para el individuo, y no la justicia en abstracto. Por ejemplo, no podemos hallar un sentido para la vida comprometiéndonos en abstracto con los derechos humanos, pero sí descubrimos un sentido si este compromiso nos lleva a cuidar a nuestros padres; este valor de relación –con los padres en este ejemplo- sí constituirá un sentido para el individuo. De lo anterior se desprende que no es suficiente con comprometerse en abstracto con la causa de los derechos humanos para encontrar las fuerzas internas y la resiliencia necesaria para vivir este compromiso. La causa abstracta tiene que manifestarse en un sentido concreto. La manera de canalizar este sentido concreto es la participación en una cultura especial).

Esta cultura especial, a la que se da prioridad, será la fuente de recursos de resiliencia individuales y colectivos que harán capaces al individuo de vivir toda su vida comprometida con los derechos humanos, sobreponiéndose a todas las injusticias y dolor que reinan en el mundo, sin traicionar su compromiso con la justicia al desmoralizarse totalmente por las injusticias que uno recibe. A través de esta participación activa en una cultura con aspectos positivos para la causa de la dignidad humana, podemos encontrar sanidad para nuestras heridas internas, fuerza para continuar adelante en el largo proceso de muchos años de luchar pacíficamente por la causa de la dignidad humana, así como un sentido para nuestras vidas, y paz interna. Esto también incluye las fuerzas para animar a las generaciones sucesivas a escoger el bien. La causa por la dignidad humana debe ser una concatenación intergeneracional.

(¿Cómo es que podemos encontrar sanidad interna de nuestras heridas a través de la participación en una cultura especial? Las personas encuentran salud interna a través del arte. Aquí “arte” ha de ser entendido en su sentido amplio, que incluye hasta la participación en cultos significativos cuyo centro sea el amor al prójimo. Sumergiéndose plenamente en el disfrute de una obra de arte -como puede ser un servicio religioso, Gottesdienst-, la persona encuentra curación interna y fuerzas: resiliencia; además, como señalamos antes, encontrar un sentido para la vida implica realizar un aporte a una cultura, sea del tipo que sea este aporte, como el cuidar de nuestros padres).

Esta escogencia de una cultura especial a la que le damos prioridad no implica ningún chauvinismo, ni cerrarnos a las lecciones positivas y recursos internos que otras culturas nos puedan brindar para capacitarnos mejor para construir toda una vida comprometida con el bien.

Esta cultura especial es el canal a través del cual fluirá nuestra contribución a la dignidad humana mundial como un río de aguas sanadoras.

Así, pues, reitero que considero que los alemanes comprometidos con el bien tienen el deber ético de escoger las culturas germánicas como esta cultura especial a la cual brindarán prioridad. El contenido de las culturas germánicas se centra en los aspectos positivos que se encuentran en la misma, especialmente la dignidad humana desarrollada por teutones como Lutero y Kant. Por tanto, querida/o lector/a, ¡comprométete con tu cultura germana!

El rabí Borowitz cometió sin querer el error de pensar que el noakhita (no-judío) no tiene el deber ético de considerarse a sí mismo una persona que tiene una prioridad de hacer una contribución a esa cultura especial a través de la cual su aporte a la causa de la dignidad humana pueda ser más fructífera. El rabí Borowitz, sin querer, se olvidó de las personas que no son hijas de judías o que no se han convertido rabínicamente al judaísmo. El rabí Shaul (pop. “San Pablo”) acertó al señalar que los gentiles comprometidos con la justicia son realmente miembros del pueblo de D-os, un pueblo con un pacto especial que los lleva a luchar por el amor al prójimo. De todos modos, la contribución del rabí Borowitz es muy importante.

El rabí Mardoqueo Kaplan nos enseñó que un compromiso efectivo con la justicia es un compromiso compartido por un grupo de personas que deciden trabajar juntas. (Desde nuestra perspectiva podríamos decir que el compromiso con la dignidad humana es un compromiso esencialmente individual, pero al mismo tiempo nos motiva a compartir este compromiso con otros, haciendo de esta manera dicho compromiso uno también colectivo). Este compromiso colectivo no nace rápidamente, sino que es un proceso de trabajo intergeneracional. Es cierto que hoy gocemos de un respeto de los derechos humanos mucho mayor que antes, incluyendo la Antigüedad. (El adversario Nietzsche explicó realmente de qué trata el paganismo: la cultura de la opresión, y por eso él abogaba por un retorno al pensamiento de la Antigüedad para sustentar una cultura opresiva). Esto no sucedió por una revelación repentina. Por el contrario, se trata de un proceso muy largo que comenzó hace varios milenios con lo que llegó a ser conocido después como el pueblo hebreo.

Las culturas germánicas cuentan con un mayor respeto a la dignidad humana que otras culturas, como por ejemplo las latinas. De hecho, nuestra manera de entender la dignidad humana se basa en el pensamiento alemán de Lutero. Los países germánicos gozan de medio milenio de experiencia inspirada por esta comprensión de los derechos humanos (Menschenwürde-Menschenrechte). Si la causa de la dignidad humana ha de sobrevivir (ruego que así sea), entonces se requiere que las personas germanas europeas continúen siendo leales a los aspectos positivos de su cultura: el entendimiento individual de la dignidad humana y el compromiso con la justicia social. Sin las culturas germanas, el mundo perdería el mayor testigo y el mayor luchador por la causa de la dignidad humana, y por tanto perdería un ingrediente clave para la propagación y profundización de los derechos humanos.

Lo que hemos señalado antes no quiere decir que veamos a Alemania o al luteranismo con ingenuidad. De hecho, la mayoría de los alemanes considerados luteranos no lo son realmente, e incluso muchos que realmente son luteranos tienen que luchar contra el mal que reside dentro de ellos mismos, y frecuentemente pecan, es decir, se desvían del compromiso con el amor al prójimo. Lo que trato de decir es que existe una minoría de seguidores de las enseñanzas de Lutero que están comprometidos con la justicia, y esta minoría es la que hace que las culturas europeas germánicas sean diferentes de las demás culturas del mundo, porque en este sentido las culturas germánicas pueden hacer mucho por la cultura de la dignidad humana.

Las ONG’s han aceptado que lo que realmente necesitamos en la actualidad es una cultura de solidaridad, esto es, una cultura no solo de obras justas, sino una cultura integral que fortalezca a las personas en el compromiso con la causa, y que también haga posible que se realicen más y más obras de solidaridad. Mi convicción personal es que los aportes positivos de la cultura alemana centrados en la enseñanza de Lutero, constituyen esta cultura de la solidaridad de la que el mundo tanto necesita. No se trata de que los latinos se conviertan en alemanes, sino que los alemanes sean fieles a su cultura, incluyendo el aporte luterano, y que por tanto inspiren a las personas de los demás países a comprometerse con este entendimiento renovado de lo que significa la dignidad humana.


4) De acuerdo a las ciudades o lugares donde la persona tenga la posibilidad de vivir, ella ha de escoger como lugar de residencia esa localidad donde pueda realizar una mejor contribución a la causa mundial de la dignidad humana de acuerdo a las características, talentos y necesidades de la persona. El ser humano ha de evaluar las tres diferentes fuentes de sentido en la vida señaladas por Viktor Frankl, y decidir cuál es el lugar donde estas fuentes de sentido las puede realizar mejor en conformidad con la causa de la justicia. Esta escogencia de un lugar para vivir también marcará la identidad del individuo. Estos mismos criterios han de ser empleador con el fin de escoger a cuál Iglesia de esa localidad se unirá la persona. Si dicho ser humano tiene influencia en la decisión respecto a cuál denominación se habrá de afiliar la Iglesia local, la denominación escogida habrá de ser aquella a través e la cual la congregación local podrá realizar una mejor contribución a la causa de los derechos humanos.

Si comparamos las culturas germánicas con las latinoamericanas, notaremos un claro contraste en la manera en la que son educados l@s nin@s. De un modo muy esquemático podría apuntar en la siguiente dirección: A los infantes latinos se nos educó con una dependencia emocional hacia los padres u otras personas. Se nos formó como elementos de un grupo de personas, siendo más importante el grupo que el individuo. De este modo la identidad de la persona se basa en la relación y dependencia de los demás. Por el contrario, l@s niñ@s germánicos son criados con una personalidad mucho más sana. La identidad germana se basa en la independencia del individuo. Por lo general son infantes más seguros de sí mismos, independientes, autónomos, que dirigen sus propias vidas. La personalidad germana es más sana. Por ello los latinos viven con sus padres mucho más tiempo que los teutones, y aun viviendo separados, todavía basan su identidad en algún grupo al que pertenezcan, más que en su condición de individuos independientes y autónomos. Este carácter más sano de la personalidad germánica se basa en el legado cultural de Lutero. La formación que reciben los infantes teutones es el resultado de un largo proceso de muchas generaciones, que lleva como resultado el vivir mucho más cercano al compromiso con la dignidad humana, con los derechos humanos. El primer derecho humano es a tener una personalidad autónoma, libre de ataduras o dependencias emocionales con los padres o con el grupo al cual uno pertenezca. Dado que el aporte positivo de la cultura teutona tarda tantas generaciones en producirse, y dado que es tan delicado el equilibrio psíquico del que depende para que una persona siga siendo fiel a su identidad individual, es muy importante que los alemanes vivan su cultura, es decir, que se liberen de la culpa de ser alemanes, y conserven en sus vidas todos los buenos aportes de la cultura germana, y estén diariamente en contacto con manifestaciones de la cultura alemana, y no pierdan ellos, ni sus hijas o hijos, el carácter alemán que tiene que tener su vida en virtud de su relación constante con la cultura teutona, aunque ellos vivan fuera de Alemania.




VI. Construyendo una vida alemana en Latinoamérica. ¿De qué sirve ser alemán si uno vive en Latinoamérica?


La teología latinoamericana de la liberación ha marcado un hito en el pensamiento secular. El compromiso con la justicia social de esta teología pone en un diálogo fecundo a todas las diversas ciencias sociales, y orienta esta interdisciplinariedad en el compromiso con un mundo donde haya más justicia. Por tanto esta teología es ya parte del pensamiento secular, es decir, es compartido tanto por creyentes comprometidos con los derechos humanos, como con ateos o agnósticos que impulsan la dignidad humana. Muchos dentro de este movimiento consideran que las raíces del mal constituyen aquellas estructuras internacionales que hacen posible un bienestar sin precedentes para unos pocos, y una indiferencia hacia la muerte de tantas personas por falta de una nutrición o salud adecuadas, o bien otras violaciones de los derechos humanos. Sin embargo, en realidad la raíz del mal no es el acervo de estas estructuras injustas de creación y distribución de la riqueza… y de la pobreza. La contribución del luteranismo ha sido el poner el énfasis en que la raíz del mal es lo que hace posible esas estructuras, esto es, el mal que reside en el corazón de las personas, influenciándolas a escoger el no luchar contra la tendencia humana a la injusticia, esto es, a violar la dignidad humana tratando a los humanos como objetos o instrumentos para lograr nuestros deseos. Esto es aquello que la Biblia llama “pecado”. El luteranismo coloca el énfasis en el lugar correcto, y entonces ha formulado la mejor manera de crear un mundo mejor, liberándonos del pecado.

De todo lo señalado en esta carta se desprende que la mayoría de las personas que viven en los países germánicos de Europa tienen el deber ético de vivir en ese lugar con el fin de poder construir una vida plena en una cultura acorde con el compromiso con la dignidad humana, esto es, en una sociedad configurada por tantas personas que, a lo largo de muchas generaciones, han configurado una cultura comprometida con la dignidad humana. Sin embargo, tiene sentido que una minoría de alemanes vengan a vivir a lugares como Latinoamérica con el fin de unirse a aquellos latinoamericanos que recientemente han experimentado en sus vidas el aporte del luteranismo para la dignidad humana, así como para cooperar con aquellas personas que viven la teología latinoamericana de la justicia social. Estos latinoamericanos que han experimentado recientemente el luteranismo, así como los hispanoamericanos que viven la teología latinoamericana, necesitan toda la ayuda posible, por lo que les hace bien el aliento, los consejos, la inspiración y el empuje de alemanes cuyas vidas se centren en los derechos humanos.

De este modo las personas alemanas que viven en Latinoamérica cuentan con una posición muy importante, ya que por la extraordinaria combinación que se produce entre su cultura alemana y el lugar en el que viven, pueden refundir en una sola vida dos diferentes ramas muy importantes para el compromiso con los derechos humanos: el mensaje de la individualidad centrada en la dignidad humana, y la teología orientada a la justicia social.

Estoy convencido que aquellos alemanes que viven en este continente tienen el deber ético de mantener viva dentro de sí mismos la cultura alemana, concretamente sus aportes positivos. Por ello creo que los alemanes tienen la obligación de apoyar las actividades culturales alemanas que la Embajada u otras entidades lleven a cabo. Los teutones deben reunirse periódicamente con sus compatriotas, compartir su vida con ellos, con el fin de mantener vivos dentro de sí mismos los aportes positivos de la cultura germana. No solo deben cuidarse de no perder el contacto con su cultura, sino que también deben educar a sus hijas e hijos, nietas, nietos… en la cultura alemana. Esto es muy necesario para que sobreviva a largo plazo el compromiso con los derechos humanos.

Por esto considero tan importante el que Alemania mantenga una embajada en este país. Por todo ello, Excelentísimo Señor Embajador Volker Fink, su elevada responsabilidad es sumamente importante.





VII. El Papel del Honorable Señor Embajador


Esta es la causa noble que ha de impulsar a los embajadores teutones en Latinoamérica. Su labor es noble y es muy importante. No podemos abrir un portillo para que en el futuro pudiese entrar en crisis la identidad y la labor de las señoras y señores embajadores. Es importante que el Embajador realice su función guiado por una motivación primaria. Esto es imprescindible a mi juicio.

El Señor Embajador Volker Fink es el protagonista, el eje alrededor del cual han de converger todas las iniciativas destinadas a que los alemanes que residan en Costa Rica, y que deseen comprometerse con el bien, puedan fortalecer su identidad teutona, así como renovar y mantener vivos dentro de sí los diversos aportes tan positivos de la cultura germana.

Por ello la principal labor del Señor Embajador Volker Fink es, a mi juicio, un trabajo cultural. Esto es de gran importancia para la causa de los derechos humanos a largo plazo.

Al principio de esta misiva señalamos también que la causa noble por la que abogamos va a resultar también positiva a largo plazo para la gestión comercial del Señor Embajador. El motivo de ello es que el entender como noble el puesto del Embajador le confiere una dignidad muy especial, y lo impulsa a realizar su labor comercial con una motivación primaria. Ya no existe la posibilidad de que las personas sientan la labor de representación comercial como una “fabricación de dinero”. Por el contrario, la gestión comercial es una parte importante de una causa muy noble, el fortalecimiento de la cultura alemana en las personas teutonas, y también no germanas, que viven en este continente. Lo que impulsa la representación comercial no son intereses superficiales, sino el compromiso con la causa de que los alemanes de allá, y los que viven aquí, puedan ganar su pan diario, dado que se venderán más productos alemanes. El trabajo, la producción, y la correcta venta de eso que se produce, es parte integral de una cultura comprometida con la dignidad humana.

Los mejores historiadores reconocen que la historia no es neutral. La labor de la persona que investiga la historia refleja necesariamente sus características internas y sus valores. De este modo para nosotros la historia teutona no es un grupo de fechas y nombres, sino la convergencia en una cultura de dos corrientes que han llegado a formar una unidad inseparable. Por un lado está el nacimiento del individuo y de la dignidad humana. De otro, el compromiso con la justicia social. Ambos son inseparables y son los pilares del compromiso germano con los derechos humanos.

El Excelentísimo Señor Embajador en Costa Rica es el representante de esta gran cultura en Costa Rica, así como el promotor de la misma en los costarricenses y en los alemanes. El que su gestión comercial contribuya a que los alemanes puedan ganarse el pan diario es una base necesaria para que esta cultura pueda mantenerse con vida, y llegar a diversas regiones del globo terráqueo.

Alemania debe ser liberada de la culpa. Los alemanes deben ser liberados, así como las personas que se han visto afectadas por una imagen internacional negativa de los teutones; dicha imagen es falsa. Por el bien de los derechos humanos, las personas de todo el mundo han de conocer la verdad, y abrirse a los aportes positivos que son las culturas germánicas. Esta es la noble labor del Excelentísimo Señor Embajador, y esta es su elevada misión y su puesto tan importante para los costarricenses y para los alemanes.

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