sábado, 14 de abril de 2012

Símbolos de Semana Santa.

Vivir una Semana Santa católica es una vocación a relatar despacio.

En estas líneas hago referencia a lo que me marcó, un detalle muy significativo, inspirador y que define una existencia. Me refiero a unos símbolos de la Misa del Viernes en la noche.

Al final de la misma el oficiante coloca en el centro las dos luminarias, los cirios, ardiendo. La sorpresa arriba cuando, en medio de ellos, surge la Cruz. La Cruz en medio de dos cirios es el símbolo más fuerte que en el vivido.

Una primera interpretación podría ver los cirios como los dos testigos o ramas de olivo del Tabernáculo y, posteriormente, del Templo de Yerushalaim. Las dos ramas son los dos mesías (ungidos), los dos hijos del aceite, el sacerdocio y el reinado. Por ello la tradición habla del mashiaj ben Yosef y el mashiah ben David. El sacerdocio simboliza al hijo de José, el Siervo Sufriente que moriría en expiación de los pecados. El reinado constituye el hijo de David, el Rey. Los dos cirios apuntando a la Cruz nos muestran a Josué hijo de José (pop. Jesús: Yehosha ben Yosef) como el mesías Siervo Sufriente que en la Cruz muere por expiación de nuestros pecados, quien constituye también el hijo de David que reina. La Cruz no es sólo dolor, también es el perdón que lleva al reino de D-os, el medio de salvación de toda la humanidad. Por ello, al llevar la Cruz que cada uno de nosotros llevamos cada día -el dolor inevitable que no podemos quitar unido a la determinación de hacerle frente y seguir viviendo en un proyecto de vida comprometido con los demás- es medio de salvación, pues seguir adelante, a pesar del dolor, nos constituye en Cuerpo de D-os Encarnado, en los brazos y pies con los que Jesús auxilia a los demás en nuestro mundo actual. Jesús es el Siervo Sufriente y a la vez, el Rey. La Cruz lleva al perdón y al reinado de amor, a la verdad salvífica.

Sin embargo, ello no fue lo que realmente me impactó.

Me impactó interpretar los cirios como el ner tamid, como la llama eterna que arde (ardía) en el Templo de Yerushalaim y que me simboliza la Shejinah (Presencia de D-os). Contrasta ver surgir la Cruz ante el ner tamid. ¿Por qué surge el símbolo del abandono de D-os (“D-os mío, D-os mío, ¿por qué me has abandonado?”; D-os abandona a Cristo en la Cruz al cargar los pecados, el abandono es parte de la expiación), justo ante el símbolo de la Presencia de D-os? ¿Por qué el reflejo del dolor se coloca ante el símbolo de la calidez de D-os? Emerge el profundo significado cuando consideramos que, en los momentos de la vida cotidiana en los cuales cargamos la Cruz diaria de cada uno de nosotros, realmente nos estamos sintiendo abandonados por D-os. Esa soledad del dolor clama al Cielo. Sin embargo, la Cruz es también el ner tamid. Cuando nos sentimos abandonados hemos de vivir en la convicción de que, de una manera que no se puede ver ni sentir, la Shejinah (Presencia de D-os) se manifiesta dentro de nuestro aparente abandono, impulsándonos a seguir adelante, amando a los demás, a pesar de la injusticia recibida (esta es la vocación que nos hace Isaías 52-53). La Shejinah es la convicción de seguir adelante, en el camino del bien, a pesar del dolor. La Shejinah es, pues, invisible, pero real. Lo “irreal” pero real, la Verdad, el Camino de D-os. De este modo podemos entender que la Shejinah no es (solo) algo fuera de nosotros a quien nosotros intentamos comunicarnos; en verdad la Shejinah es la realidad interior de nosotros, por la cual decidimos seguir adelante a pesar del dolor. La Shejinah es la realidad que desde el interior de nosotros nos impulsa a seguir adelante, en amor. La Shejinah es la zarza que arde que no se consume, somos nosotros cuando, a pesar del dolor, no nos consumimos, sino que perseveramos en la Verdad, en el Camino de D-os. La Shejinah somos nosotros como individuos, pero también la realidad interior de todos unidos en Iglesia, Cuerpo de Cristo. El Cuerpo de Cristo se erige en la realidad interna de cada uno de nosotros, quienes, juntos, conformamos la realidad más amplia de la Presencia de D-os en el mundo a través de la Iglesia.

El mundo sólo tiene dos alternativas: O el estilo de vida actual que es cultura de muerte, o la Presencia de D-os a través de la Iglesia, la Cruz entre los cirios. Escojamos la Cruz, que es la vida.

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