lunes, 16 de abril de 2012

Realidad Católica Actual (II).

Conversemos con las personas que encontramos en nuestra realidad cotidiana. Deduzcamos cuáles son los lugares importantes para ellos, de qué sitios hablan, y por qué tipos de locales preguntan cuando visitan una aldea o ciudad nueva.

Mi impresión consiste en que los profesionales machos (quizá no caballeros) se interesan por las Casas de B•a•c•o, las Casas de Azares y las Casas de Azahares de porneia… Las profesionales hembras buscan las Casas de Lashon Harah, la actividad de Pluto, los templos de Maimon y, fenómeno moderno, las cuevas de consumismo (hombres incluidos).

Todos ellos saben que pasaron frente a Iglesias, Conventos, quizá frente a alguna antigua shul, pero no vieron. Sólo ven lo relacionado con el paganismo; el catolicismo se borra, se disipa, sólo lo pagano queda. Recuerda el testo de Isaías 59: las iniquidades atrapan a las personas y les impiden llegar al arrepentimiento. Ven pero sin observar, oyen pero no entienden, se les habla pero no comprenden. Sólo saben ir a los modernos templos paganos.
Empecemos por nosotros mismos. Veamos si, de modo inconsciente, por presión social o rutina, hemos dejado de sentir la Realidad, escudriñemos también si estamos incorporando sentimientos de la “realidad” de la mentira, o si de otra forma, nos estamos alejando…

Nuestras prioridades, ¿están orientadas al amor práctico, a la contribución por el cambio de todos, de la sociedad, del mundo? ¿Estarán determinadas por el consumismo? ¿Qué fija la prioridad en la asignación del tiempo, los recursos, las amistades…? Por otra parte, ¿nos valoramos por lo que somos, imagen de D-os, dignidad humana, o por lo que tenemos, compramos, aparentamos o algo peor? ¿Cómo valoramos a los demás? ¿A quiénes permitimos entrar y compartir dentro de nuestras vidas? ¿A qué lugares acudimos para conocer personas, para sentirnos a gusto, para premiarnos, para estar tranquilos y en paz? ¿Son lugares coherentes con un compromiso a largo plazo con el amor al prójimo o son únicamente cuevas de… por ejemplo, consumismo? La respuesta a cada una de esas preguntas muestra dónde radica nuestra realidad, si en la Realidad de la Verdad, o en la “realidad” de la mentira.

Luego observemos a los demás, analicemos…

Tracemos posteriormente la biografía de nuestra vida. Examinemos si lo que consideramos logros o aspectos importantes de nuestra existencia lo son o no. Escrutemos si hemos dejado de dar énfasis a aspectos que han sido o que son verdaderamente importantes. Luego practiquemos el mismo procedimiento con nuestro presente…

Hagamos que nuestra realidad sea la Realidad de la Verdad (Católica). No nos alejemos.

Lo anterior corre el peligro de ser muy abstracto. Por ello se requiere un ejemplo personal. Discúlpenme por hablar de mí. Desde hace quinientos años mi familia no es católica, de modo que no fui educado como tal. En Salamanca estudié, encontrando, mediante libros (no por clases o lecciones), las ideas de Federico de Castro y Bravo (el mejor jurista español de todo el siglo XX) y de José Castán Tobeñas. En ellos, tiempo después, hallé la concepción católica del Derecho, por lo cual, contemplaba con mis ojos o mente el Convento de San Esteban, morada de Francisco de Vitoria, padre del Derecho Internacional, sentía los edificios “hablar” sin palabras, transmitir el mensaje del catolicismo. Esas palabras eran fuego que ardía dentro de mí y guardaba la calidez del catolicismo, el vínculo con una cadena ininterrumpida de generaciones vinculadas con la fidelidad (emunah, fides), con su concepción del Derecho unido a la moral, a la lucha por una sociedad justa, por una sociedad en la que valga la pena vivir, y por un tipo nuevo de ser humano, por una metamorfosis individual (Romanos 12) en apertura al bien. Esos edificios, esas Iglesias, esos Conventos, esa concepción del Derecho, ese amor al bien, quedaron esculpidos en mi corazón, con voces que se “escuchan” sin cesar, que se sienten por el bien.

Las personas que compartieron conmigo observaron todo esto, pero quedaron igual. Parece que el catolicismo sigue siendo externo, ajeno, algo que no los cambió ni que les habla. El catolicismo quedó sepultado en su pasado.
En el centro de Sefarad conversé con un sacerdote católico costarricense, que había venido acá para un postgrado. Le pregunté qué impresión vivía, cómo percibía y vivía estando en un país, España, tan importante (pasado, presente, futuro) para el catolicismo. Su respuesta consistió en que no siente nada.
Por ello todos hemos de preguntarnos dónde radica nuestra realidad… No demos nada por sentado… Escudriñémonos como paso para una vida en tshuvah…
Con el tiempo profundicé en el vínculo entre el Derecho y la moral y en el compromiso con una sociedad renovada (Romanos 12). Durante muchísimo tiempo pedía a D-os que me indicara, o me diera una señal, sobre si eso que percibía del catolicismo significaba que debía acercarme a compartir con los católicos, si debía incluir el catolicismo en mi realidad. ¿Era D-os quien me llamaba?
Tiempo después, empero, percibí que la pregunta estaba mal planteada. D-os no es (solo) una realidad externa a nosotros que desde fuera nos pueda llamar. D-os es, sobre todo, la Realidad interna a nosotros, la Realidad que pide con “voces indecibles”, la Realidad desde nuestro más recóndito ser, nos impulsa a seguir en el camino de la rectitud. Sobre esta base brotó la fuerza interna que se expresó en la determinación que consiste en lo siguiente: Quiero que el catolicismo no sea ajeno a mí, quiero ver el catolicismo como no una contingencia o casualidad en mi devenir vital, quiero que no sea casualidad sentir el llamado de Salamanca, los testimonios católicos en Iglesias, Conventos y, sobre todo, quiero que no perezca en mí la concepción moral del Derecho de la Escuela católica de Salamanca. Ha nacido en mi existencia la decisión de hacer del catolicismo presencia viva en mí, Realidad activa, vocación cumplida.

La sociedad en la que vivimos se califica mayoritariamente como cultura de la muerte. Las personas no son valoradas por lo que son, sino por lo que tienen. No se ama a los demás, sino que se vive en la indiferencia y, cuando se puede, en utilizar a los demás como instrumentos para satisfacernos. A la sociedad no le importa que más de veinte mil niños mueran diariamente por falta de adecuada nutrición… sumemos los adultos… y todo ello apunta al holocausto humano en el que vive nuestra sociedad. Muerte es indiferencia, rechazo, manipulación, mentira. Las personas saben que las demás no las quieren, por lo cual viven conscientemente rechazadas y rechazando, dedicando su tiempo a producir por producir para gastar para comprar la atención (no el amor, que no existe) (u otras ventajas) de los demás. Este producir por consumismo lleva al holocausto ambiental cuyos efectos ya empezamos a sentir, pues la tierra no aguanta más la infernal sobreexplotación en la que habitamos. Una gran proporción de la sociedad se suicida en vida… eso es en gran parte la drogadicción, eso es la superficialidad, eso es dejar de luchar por lo justo y conformarnos con vegetar para esperar el fin de la existencia… o en “disfrutar” superficialmente como libertinos hasta que termine la existencia; con el libertinaje no se disfruta, sino que se suman pequeños placeres que no satisfacen por dentro, que no llenan, que hacen vivir conscientemente en vacío existencial, sabiendo que se está muerto por dentro, al perderse los ideales, la nobleza, el romanticismo, la lucha por lo justo, bueno y bello, por amar y ser amado sinceramente… La cultura de la muerte se prolonga mediante la manipulación colectiva consistente en sembrar consumismo, mediante caprichos, deseos irracionales, valores superficiales, formas y estilos de vida también superficiales. Esta superficialidad se difunde por los medios de “comunicación” de masas de forma manipulativa y harto reiterativa.

IV. Final.

Estamos llamados a dar respuesta a la constante presión de la cultura de la muerte de cambiar la Realidad “de la Verdad de D-os por la mentira de la vanidad”, de la superficialidad. La amenaza por excelencia a la que se enfrentan los católicos, se halla en los constantes mensajes que se reciben seduciendo a cambiar la Realidad de la Verdad por la “realidad” de la mentira, a dejarse llevar por alegrías superficiales, por la rutina, por el ser como los demás, por abdicar de la Verdad, en nombre de una sociedad que se llama a sí misma católica, pero que en verdad es, en gran parte, la sociedad de la cultura de la muerte.

La respuesta al reto planteado debe ser consciente y constante. Cada día nos presenta múltiples momentos en los que hemos de imitar el “sí” de María, que implica un “no” a la seducción de la mentira. La Realidad de la Verdad se recrea constantemente, al vivir abriéndonos diariamente a la gracia de D-os, al elegir persistentemente de forma coherente con los requerimientos de la Realidad de la Verdad (Católica). Es esta recreación constante de la Realidad de la Verdad por la gracia de D-os, lo que involucra lo mejor del humano, transformando en conductas, sentimientos, pensamientos y prioridades, tanto individuales como compartidos con otros (ej. con la Iglesia) la vocación a la que somos llamados por gracia D-vina. No se trata de un esperar pasivo. Se requiere un esperar en D-os y, a la vez, un actuar constante respondiendo de forma coherente con el siempre renovado encuentro con el Misterio de la piedad. Es esta coherencia en la respuesta la que apela a la mejor creatividad, persistencia, rectitud, calidez, amabilidad, firmeza… y todas las demás cualidades que hemos de poner en práctica en la apertura a la siempre renovada (Romanos 12) Realidad de la Verdad.

Un componente muy importante de esta respuesta a la gracia de D-os, se encuentra en “la renovación de nuestro entendimiento” (Romanos 12), lo cual significa renovar nuestro acercamiento a la Realidad de la Verdad, generando lo siguiente: 1. Los mecanismos adecuados para formar y vivir esa Realidad. En ello se incluye el determinar cómo interpreto los objetos, eventos y demás que encuentro en mi cotidianeidad, y el asignarles un papel en mi existencia. A ello se refiere la pincelada de mi biografía ofrecida arriba. 2. Determinar las conductas y pensamientos coherentes con un compromiso coherente con el catolicismo. 3. Abrirnos a los diferentes llamados que nos vienen de D-os (vocación). 4. Analizar los mensajes de recibimos, aceptando los correctos, rechazando los falsos y eliminando de nuestro interior aquellas mentiras que por error hayamos aceptado.

Estamos llamados a esta labor diaria. Una labor de amor por la vida, de amor a D-os a través del prójimo, de celebración de la vida cotidiana como un regalo de D-os, como un devenir vital constantemente abriéndose al amor de D-os y a la gracia en compartir.

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