lunes, 16 de abril de 2012

Realidad Católica Actual (I).

Realidad Católica Actual.


I. Planteamiento.

El presente texto pretende ofrecer una perspectiva complementaria al estudio del catolicismo. La peculiaridad del aporte radica en que fue iniciado desde una perspectiva externa, por parte de quien en el pasado contempló el fenómeno referido desde la otro ámbito. Muchas veces quienes viven intensamente una experiencia, desde su interior, son beneficiadas al conocer el punto de vista de quienes la contemplan con más distancia o espacio; resulta frecuente que, con esta mayor perspectiva, se hallen aspectos dignos de analizar que no son percibidos tan claramente desde la cercanía, desde el interior de la experiencia.
La tesis que se ofrece aduce que el catolicismo se enfrenta a un peligro provocado por una sociedad (me enfoco en los países hispanos) que se dice católica sin serlo en gran parte; esta falacia colectiva podría llegar a afectar a los católicos de buena voluntad, incluso inconscientemente, presionando para que vayan olvidando la Realidad de la Verdad (Católica) que tienen enfrente, ante su vista, en la realidad cotidiana, y vayan sustituyendo esa Realidad de la Verdad por la “realidad” de la mentira en que vive la mayoría de la sociedad, a saber, la cultura de la muerte.

II. El Catolicismo.

No resulta sencillo ofrecer una definición de catolicismo, ni éste resulta el texto apropiado para hacerlo. Quizá en algún momento se ofrezca la oportunidad de abordar más ampliamente el tema. Por el momento sólo se ofrecen unas observaciones necesarias para enfocar el tema de este texto.
1. Resulta imprescindible dejar claro el punto de partida necesario para analizar el catolicismo. Para ello se debe comenzar por rechazar la pretensión extendida entre los críticos de tender a reducir el catolicismo a únicamente un grupo de ideas (o a evaluarlo solo desde la supuesta perspectiva de ideas abstractas); de ese modo se mutilaría el catolicismo, impidiendo quizá a las personas que reciben la “información”, poder llegar a sentir la vocación católica, el verdadero aporte y llamado del catolicismo. Es cierto que el catolicismo incluye doctrinas, que vienen a ser ideas. Pero ello es sólo una parte. El catolicismo se halla en el encuentro personal como D-os, y en cómo este encuentro se manifiesta o traduce en el compromiso integral (holístico) de las personas con D-os, por medio del amor práctico al prójimo. Abarca el conjunto de la existencia, los valores, conductas, actitudes, sentimientos, tiempo, recursos… el todo de la persona, incluyendo sus ideas… pero no solo sus ideas. De este modo parece que la sociedad, interesadamente, pretende hacer olvidar que las ideas ayudan a comprender el catolicismo… pero no son el catolicismo. Son sólo un complemento que, como tal complemento, facilitan comprender el compromiso holístico católico… pero no sustituyen el conjunto del catolicismo que se ha de vivir… no de almacenar en la cabeza como una computadora. El catolicismo se vive, el catolicismo se reza, el catolicismo se siente en sacramentos, en el compartir con otros, en amar, en cambiar el mundo, en darse, en tomar la Cruz y seguir a Jesús (Imitatio Dei…) Pudiera ser que este intento de reducir el catolicismo a ideas sea complaciente con quienes pretendan desprestigiarlo, sacando ideas de su contexto, para infundirles vulnerabilidad al haber perdido su sentido contextual, y una vez deformadas las ideas mediante este procedimiento, rechazar el conjunto de la Realidad de la Verdad… como si ésta consistiese solo en ideas deformadas…
2. El catolicismo se ha de buscar en la vida de las personas que aman a D-os amando al prójimo. Dichas personas, tomando este amor como el punto de partida de sus vidas, observan la existencia con los ojos de D-os, es decir, ven la Realidad de la Verdad (Católica), porque el amor fruto del encuentro con D-os radica en el centro de su devenir vital. Este abrirse a la Realidad de la Verdad incluye ideas, sí, pero también mucho más. Por ejemplo, una actitud católica. No encuentro mejor manera de explicar el catolicismo que mediante la experiencia de conocer una persona católica. Se trataba de una maestra de más de ochenta años, jubilada, que vivía en condiciones de gran pobreza. Su vida era frugal y austera. Sin embargo, en ella moraba la sonrisa. Conversando con ella, sonó el timbre. Eran las personas de Caritas. Pensé que le traían una contribución. Me equivoqué. Ella sacó un dinero, que mensualmente donaba, para compartir en ayuda a otros. Me impresionó. Ella tenía derecho a vivir quejándose, podía recordar que la sociedad había marginado o traicionado a una de las primeras maestras, cabía vivir culpando a otros… pero no… ella decidió vivir católicamente, con una sonrisa, compartiendo, en sus graves estrecheces, con otras personas… No olvidaré esa actitud, esa decisión constante… allí radica KOL HASHEM.
3. Algo más que escapa cualquier intento de “definir” el catolicismo por medio de ideas: el amor incondicional. Una persona visitaba por primera vez un grupo de amigos católicos que se reúnen para aprender y compartir. Al final del estudio, el recién llegado expresó su agrado por la profundidad de lo conversado, pero también externó su inquietud de si sería procedente en otra sesión externar sus peculiares ideas, que pudieran ser disímiles con la de los textos estudiados. La respuesta que recibió fue clara: lo más importante es la amistad, no hay temor a ideas diferentes. Ello también impresiona. Donde está el amor incondicional, allí está D-os. Donde se excluye, allí mora la “realidad” de la mentira, la cultura de la muerte, independientemente del disfraz que adopte. Esta disposición de darse, de brindar amistad incondicional a una persona sedienta, marcó su existencia, al encontrar así, directamente, la Realidad de la Verdad (Católica). También esto evade una reducción del catolicismo a ideas.
4. Deberíamos sentirnos diariamente impresionados por los testimonios visuales que encontramos en nuestra cotidianeidad, que nos hablan del amor a D-os a través de las generaciones. Cada vez que nos desplazamos de un lugar a otro, encontramos Iglesias, Conventos, lugares significativos por lo construido y/o por los nombres de los sitios… Todo ello nos recuerda el compromiso con D-os a lo largo de las generaciones. De una manera no literal, pero significativa, los edificios nos “hablan”. Verlos es recordar o sentir la fe que inspiraba a sus contemporáneos, así como a las generaciones siguientes. Ello resulta tanto más profundo cuando uno estudia la profesión en la casa del monje de San Esteban, Francisco de Vitoria, padre del Derecho Internacional. La Escuela de Salamanca pervive en la necesidad humana de unir el Derecho a la moral, al compromiso real con una sociedad justa, diferente a la actual, con una sociedad católica, no pagana como en gran parte es nuestra sociedad, sino con un tipo de individuo renovado (Romano 12), con una sociedad en la que valga la pena vivir. La única alternativa real, integral y coherente, a la cultura de la muerte de nuestra sociedad, es el catolicismo. La alternativa es clara: catolicismo o muerte. Punto. Vivir personalmente donde nació en Salamanca este Derecho Internacional católico, vivir sus edificios, sus testimonios, su historia, es percibir un algo sin palabras que escapa la definición por ideas.

III. Realidad Católica.

Habitamos en la Realidad de la Verdad o en la mentira. Podemos creer que estamos en una u otra, pero tal vez nos confundamos, o nos confundan; quizá, sin darnos cuenta, no estamos percibiendo la Realidad de la Verdad que tenemos enfrente de nosotros, justo a nuestra vista, en la vida cotidiana. Puede que miremos a nuestro paso Iglesias, Conventos, memoriales, pero que veamos sin observar… sin sentir… sin que los memoriales transmitan su vocación y su mensaje a lo profundo de nuestras existencias. Si ello sucede con nosotros, tanto más se dará con otras personas menos interesadas y que, considerándose católicas, pudieran haber olvidado el centro del Catolicismo… de modo que de éste solo le queden ideas vacías y sentimientos inconexos.

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