jueves, 15 de marzo de 2012

Tu Collar.

Ayer, al mediodía, vino hacia mí un momento muy especial; ¿sería un recuerdo?, ¿sería un suspiro?, ¿sería una premonición? Fuere lo que fuere, el cielo me embargó, pues una criatura fascinante me visitó; un ser superlativo de dulce sonrisa, curvas encantadoras y bondad sin par, estuvo conmigo prodigando alegría y ternura delicada. Su nombre, su nombre me admiró, pues es tu nombre, escrito en tu cuello bajo tu collar, fina joya muy personal. Ahora tu nombre permanece en mi memoria, imborrable, siempre presente, suspiro de mi sincera admiración y firme remembranza de quien eres tú. Tu nombre me recuerda los atributos que te caracterizan, que no se limitan a un irresistible atractivo físico, no se circunscriben a una elegancia y femineidad en el vestir impactantes, y a una ilustre profesionalidad, sino que abarcan más, mucho más, a tu personalidad que irradia tanta alegría, y a tu corazón tierno, de delicados sentimientos y gran nobleza y bondad. Eres tú una gran persona, cuyo nombre permanece en mí, por quien eres, nobleza de persona, toda una dama. Gracias por ser quien eres.

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