sábado, 31 de marzo de 2012

El Milagro de la Iglesia.

El verdadero milagro lo vemos en aquello que rompe la regla de la naturaleza; en un mundo en el que "el pez grande se come al pez pequeño", en el que el depredador animal acaba con los débiles, el milagro se encuentra cuando se rompe este patrón, y en vez de la opresión, surge el amor. En Semana Santa celebramos el amor incondicional de D-os en el milagro de la salida de Mizraim, en el milagro de la escapatoria de la opresión, en el milagro también del arrepentimiento y el perdón, en el que no solamente reconocemos que hemos sido víctimas, sino que también hemos hecho mal a otros y cambiamos. Cuando no transmitimos a otros el mal que hemos recibido, sino que actuamos con bondad, nace el milagro del cambio, que es el verdadero motor de la historia. La Iglesia es el hogar el milagro, el cuerpo viviente de Cristo, la compañía de personas con las que nos reunimos para reconocer nuestra necesidad de perdón, donde confesamos nuestras faltas y nos arrepentimos, donde a su vez compartimos con otros un proyecto de vida de solidaridad, rompiendo con la opresión que caracteriza el mundo. La Casa del Milagro que es el amor es la Iglesia, cuya luz brilla cada vez que amamos a otros incondicionalmente, así como nos ama D-os, tal como somos, sin condiciones. Eso es lo que diferencia la Iglesia de los grupos humanos. Los grupos humanos son clubes donde se excluye a la gente que no encaja con el grupo. La Iglesia es la Casa del Milagro, del milagro del amor incondicional de D-os, quien nos ama por lo que somos, seres humanos. Vivamos el milagro de la Iglesia de amor incondicional.

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