lunes, 26 de diciembre de 2011

¡Feliz Navidad!

D-os no es una idea abstracta fuera de este mundo, ni algo ajeno a nuestras vidas cotidianas y a la realidad.

En Josué hijo de José (popularmente conocido como J•e•s•ú•s) vemos a D-os plasmado en la vida de una persona. Por ello es “D-os con nosotros”, es decir, Emanuel (Isaías 7:14).

En Navidad reconocemos nuestras limitaciones; asumimos que, por nosotros mismos, carecemos de las fuerzas para seguir adelante. Empero, al mismo tiempo aceptamos la invitación de D-os (Apocalipsis 3:20) de perdonarnos y llenarnos de su amor incondicional, para que nos amemos sanamente a nosotros mismos y a los demás, cubriéndonos así de fuerzas para proseguir el Camino del bien. De este modo continuaremos viviendo en D-os en lo sucesivo.

Recordemos el texto de Filipenses 2: 5-12: “Tengan unos con otros la manera de pensar propia de quien está único a Cristo Jesús, el cual: ‘Aunque existía con el mismo ser de D-os, no se aferró a la igualdad con él, sino que renunció a lo que era suyo y tomó naturaleza de siervo, haciéndose como todos los hombres y presentándose como un hombre cualquiera, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, hasta la muerte en la cruz. Por eso D-os le dio el más alto honor y el más excelente de todos los nombres…”

El refrán afirma que es de bien nacidos ser agradecidos. Por ello, en nuestra nueva vida en el Camino de Rectitud, hemos de vivir agradecidos con D-os y, en consecuencia, amar, servir y ayudar a los demás, sin tratarlos como instrumentos o medios para nuestros deseos, sino con amor verdadero, como fines en sí mismos.

El amor de D-os que nos inunda en Navidad nos pide y mueve a amar a los demás.

Feliz Navidad.

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