lunes, 5 de septiembre de 2011

Tano

Al morir mi perrito me vino a la mente una reflexión, la cual comparto ahora con ustedes.
Tuve que entregar a mi perrito al asesino, pues no había cura y sufría.
Infinidad de personas, en el pasado y hoy mismo, mueren como perros, sin nadie que les consuele. Sufren en soledad, sin que nadie haga nada por ellos, sin consuelo, así como mi perrito, que murió en manos del asesino.
Más de veinte mil niños en el mundo mueren diariamente por falta de una nutrición adecuada, más de seis millones de judíos murieron durante la II Guerra Mundial como mártires, y entre ellos más de un millón murió literalmente de hambre en Ucrania, etc., etc., etc.
Sería iluso imaginarse que todas estas personas encuentran consuelo al morir; muchisisisisímos de ellos mueren como perros.
¿Contradice esto la enseñanza bíblica que nos llama a amar a D-os y al prójimo?
Para bordar una respuesta, podemos buscar un hilo áureo en el Libro de Oraciones (Sidur), donde encontramos la antigua oración del Kadish en arameo, la que se reza en ocasión de la muerte. En la misma se da gracias a D-os y se declara la confianza en el proceso mesiánico.
Realizando una reinterpretación funcionalista de esta oración, podemos sostener que el mensaje que podemos extraer para el mundo actual es el siguiente:
El agradecer a D-os significa un acto mediante el cual las personas eligen no identificarse ni con la “ley de la selva” que rige la naturaleza (donde el fuerte despoja al débil y donde impera la muerte) ni en las relaciones entre las personas (opresión de los débiles por parte de los poderosos), sino que se identifican con el D-os de la Biblia hebrea, cuyo lema es el amor al prójimo, la justicia que da ayuda al débil y nos llama a amar a cada persona por lo que la persona es, independientemente de la clase social de la persona, de sus habilidades o de su contexto.
La confianza en el proceso mesiánico significa identificarse con, y trabajar activamente en, la causa de la Biblia hebrea, que es la causa de construir un mundo renovado con amor al prójimo, justicia para todos, donde no haya muertos por desnutrición ni opresión.
Lo anterior conecta con el mensaje de Isaías 52-53, el pueblo de Israel como siervo sufriente. Ante el dolor que nos muestra que cada uno de nosotros no controla su destino y nos encontramos con barreras infranqueables, podemos confiar en lo siguiente: Tanto en el pasado, como hoy, como en el futuro, siempre existirán grupos grandes o pequeños de personas que vivan el mensaje de la Biblia, de modo que no cabe la desesperación, pues confiamos con fundamento en la continuada persistencia del pueblo de D-os, pase lo que pase; nos identificamos con este pueblo y así sabemos que nuestra vida no ha sido en vano. La salvación se alcanza cuando cada persona no se desespera ante el dolor, sino que continúa adelante, practicando el bien, a pesar del mal. Es esta persistencia en el amor a pesar de la injusticia, lo que esparce la salvación en la tierra, y este es el papel del pueblo de D-os.
Ante la cruda realidad del dolor humano, la respuesta es persistir en el compromiso con el amor al prójimo, es decir, con la dignidad humana, amando ese compromiso, que es amar a D-os.
El amor a D-os como dignidad humana y el amor al prójimo, es lo que marca la diferencia, y podemos confiar en que, independientemente de lo que nos pase a nosotros en lo individual, siempre existirá un pueblo de D-os que señale hacia la justicia y viva el amor de verdad.
La respuesta al dolor es persistir en la dignidad humana, pues, como dice la Biblia, “D-os es amor”.
La existencia de dolor no contradice el mensaje de la Biblia. Es, precisamente, nuestra rebeldía ante el dolor, nuestra falta de conformismo, mostrada en el Kadish, lo que evidencia nuestro apego a D-os – es decir, al compromiso holístico con la dignidad humana, pues “D-os es amor.”–
El amor incondicional que caracterizó a Tano que pervive en nosotros es evidencia de la persistencia de D-os.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada