martes, 22 de marzo de 2011

Tu Brillo.

Escrito I:

Saludos. Quisiera reflexionar contigo sobre aquello que es realmente refulgente, sobre el brillo, y así preguntar qué posee más fulgor que una estrella de diamantes sobre una nocturna cordillera de zafiro. ¿Qué es lo único que hay en la vida más resplandeciente que la dignidad de una estrella de diamantes brillando en la noche sobre una cordillera de zafiro? Pues lo único que existe más fulgurante que lo reseñado, es un cerebro humano de verdad que corona una persona de un corazón de oro. Por ello tú eres más brillante aun que una estrella diamantina rutilando de noche sobre una cordillera de zafiro.
Con toda seriedad y respeto suscribe,

Escrito II:

Saludos. Espero que les agrade el siguiente cuento que escribí:
“Una persona se encontraba sentada en un puente –que muchos consideraban que se trataba de un puente roto– en cuyo filo se miraba el precipicio y dijo para sí misma:
Mi nombre es AKM, británico, nacido en Escandinavia, en la cual, de bebé, amé, ya para toda la vida, sus impresionantes paisajes. Mis padres, a los que no conozco, son británicos; nuestros antepasados son británicos, escandinavos, hugonotes franceses que arraigaron en diversas regiones como los Países Bajos, y también hebreos. Porto en mí la marca del pacto, lo cual constituye un honor para mi persona. Siendo también bebé, al encontrarme fuera de Europa en un viaje, ocurrió una injusticia, de modo que ninguno de los países mencionados me otorgó su nacionalidad, impidiéndome la entrada a mi tierra; la añoro con toda vehemencia, pasión y persistencia, pero mi vida es exilio, entre personas que rechazan la forma de ser de mi procedencia y sus valores de aprecio por la cultura, de creación y renovación de paradigmas y de sobriedad. Por ello vivo como fantasma entre gentes hostiles, padeciendo añoranza de mi tierra, sin encajar, sin encontrar amigos, pues las personas de mi entorno se divierten trasnochando y bebiendo, mientras odian todo lo intelectual que me caracteriza. Escribí a las Iglesias de los países que amo, pidiéndoles contactar a personas que quisieran ser mis amigos a la distancia y así sentir un poco de calor humano de mi tierra, pero todo fue en vano; me rechazan las Iglesias. Como un oso polar que es arrojado al tórrido trópico indefenso, así yo perezco en estas tierras; lo predecible sería la finalización pronta de mis días, como ocurre con el oso polar; sin embargo, durante unas cuantas semanas, me gustaría intentar encontrar alguna alternativa para continuar adelante, a pesar de los rechazos que cada día padezco con el corazón roto. El día que todo finalice, deseo que sea un día de limpia conciencia, en la cual parta tras haber pronunciado la Shemá, y envuelto en la bandera británica”.



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