domingo, 25 de julio de 2010

Bicentenario de la Constitucion. Aporte Juridico (VI)

a la manera en que el protestantismo ha colaborado a hacer de los católicos mejores católicos. Un protestantismo bien entendido nos libera del riesgo de suicidio que nació como subproducto del protestantismo, y a la vez nos capacita a respetar mejor los derechos humanos, y a encontrar fuerzas internas para vivir entregados a esta noble causa.

Podríamos señalar en términos generales que la manera en la que la gran mayoría de las personas se entendía a sí misma antes de la Reforma Protestante, era tal que la cosmovisión (Weltanschaung), la manera de entender la vida, de las personas se basaba en que la persona era, antes que nada (a priori) miembros de la comunidad en la cual vivía. Esta comunidad era la Iglesia Cristiana (católica) y el Impero Romano Germánico. Esta comunidad era la fuente, no solo del sentido de pertenencia del ser humano, sino también de los valores, leyes, propósito y sentido (en la acepción de Frankl) de sus vidas. Las enseñanzas de Lutero hicieron que las personas de la Europa protestante se dieran cuenta que ellas no eran miembros a priori de la Iglesia católica organizada. Los seres humanos son individuos, es decir, seres humanos que son antes que nada (a priori) miembros de Cristo, no de la Comunidad.

(Lutero intentó reformar la Iglesia organizada y no crear una nueva Iglesia. Sin embargo, cuando el catolicismo romano rechazó sus enseñanzas, él no se sometió a la Iglesia, sino que rompió con ella y estableció nuevas congregaciones que no fueron romanas. De esta manera Lutero manifestó que los deberes individuales hacia D-os son más importantes que las necesidades de la comunidad. Es decir, la vida de Lutero demostró que el individuo tiene que forjar una vida alrededor de lo que ella o él consideren que es justo, sin que puedan dejarse manejar por las necesidades de su comunidad).

Para Lutero, pues, cada persona es una sacerdotisa y como tal tiene la responsabilidad de decidir qué es lo bueno y qué es lo malo para su vida. Cada humano tiene el deber individual de orientar su vida escogiendo su trabajo, la vocación para su tiempo libre, su pareja, y asumiendo toda clase de decisiones por sí misma.

El propósito y el sentido de la vida son extremadamente importantes para el humano, tal como mostró Frankl. Estos fundamentan nuestras vidas, sanan nuestras heridas internas, y nos proveen de las fuerzas para continuar adelante con nuestra vida a pesar de todas las injusticias y el dolor que imperan en el mundo (resiliencia). Antes de Lutero la comunidad era el sentido de la vida del ser humano. Después de Lutero la persona se convierte en individuo, y se queda solo, y tiene que desarrollar por sí mismo aquello que brinde sentido para la vida. Esta es la causa de la anomia. Anomia significa a-nomos (literalmente, “falta-vacío de ley-reglas”); es la pérdida de normas, criterios, estándares, tradiciones con las cuales se fundamenta una vida y se construye una existencia (si dices I have got a life afirmas que has encontrado un nomos para construir una vida). Esto causa un vacío interno. Hasta Lutero la comunidad era el nomos de las personas. Después de Lutero el individuo se queda solo, sin nomos, y tiene que llenar por sí misma el gran vacío que queda en su vida.

Con el protestantismo el individuo se separa axiológicamente (es decir, en el plano de los valores) de la comunidad y de todo grupo, y se queda sin el sentido de la vida que antes la comunidad le daba para llenar su vida. Pierde, pues, la persona, los valores, TRADICIONES, reglas y criterios para orientar la vida que antes le daba su comunidad. Estos criterios escogían por él un trabajo, pareja, comportamientos, etc. Ahora la persona se queda sola, queda suelta al mundo por sí misma, y fruto de su relación individual con D-os tiene que desarrollar un sentido para su vida, así como moral, pautas para escoger un trabajo, una vocación para el tiempo libre, criterios para tomar todas las decisiones que tenemos que realizar en la vida… Esta anomia causada por el protestantismo no solo dio nacimiento al individualismo tan característico de los países europeos protestantes, sino también una soledad íntima, desarraigo… y la fuente de suicidios como explicó Durkheim.



VI. El nacimiento del individuo comprometido con los derechos humanos
(filosofía liberal)


La anterior pareciera ser una crítica devastadora del luteranismo, y una paradoja: una liberación que causó la muerte. Sin embargo, esta anomia constituye un legado extremadamente valioso que Lutero brindó al mundo. La persona tiene, por una parte, el deber ético de llenar su vida con aquel sentido que lo mantenga a salvo del suicidio y, de otro lado, esta misma anomia es la fuente del reconocimiento de algunos aspectos de los derechos humanos que no estuvieron presentes en la Edad Media.

Durkheim explicó la razón por la cual los países protestantes avanzaron mucho más que los católicos en la educación de todos los estratos de la sociedad. Dado que el fundamento de la vida protestante es la relación individual de D-os a través de la lectura de la Biblia, entonces el enseñar a leer y escribir a las multitudes es importante para que cada uno pueda leer la Escritura y construir una vida alrededor de lo que la persona aprendió de la Biblia. Por ello enseñar a leer fue una gran prioridad en los países protestantes. Esto no sucedió en los países católicos, donde la persona construía su vida basándose en lo que la comunidad le indicaba que debía hacer.

Nietzsche, el mayor enemigo del judeocristianismo, aceptó que individuo como tal (es decir, separado axiológicamente del rebaño-comunidad-) es una muy reciente creación. El nacimiento del individuo pudo haber tenido sus precedentes en la recuperación de la Antigüedad que llevó a cabo el Renacimiento, pero definitivamente el protestantismo, como se explicó, supuso el nacimiento del individuo, potenciado luego por el liberalismo (Kant y la Ilustración francesa). Y no solo el individuo nació gracias al protestantismo, sino que nació una persona comprometida con los derechos humanos. Esta es la razón por la cual Nietzsche odia el protestantismo, porque ese filósofo es el enemigo de los derechos humanos.

Lutero fue determinante en el nacimiento del individuo como tal, y de un individuo comprometido con su relación personal con D-os. Si tuviéramos que traducir en conceptos modernos el significado de esta relación, diríamos que es una relación con los derechos humanos, con la dignidad humana, porque el centro de la Biblia es el compromiso con los derechos humanos, y estos han de ser el corazón de nuestras existencias.

La dignidad humana, tal como la entendemos en la actualidad, es inseparable del descubrimiento de este individuo como tal, separado axiológicamente del rebaño, es decir, libre (liberalismo). Gracias a Lutero entendemos hoy que la dignidad humana significa que cada uno de los humanos como individuos que somos, tenemos el derecho (y la responsabilidad) de decidir por nosotros mismos, sin la intervención de los demás, cuál es la fe correcta, cuál es la moral justa, cuál es el sentido de la vida que asumimos para nosotros, con qué tradiciones nos comprometemos, qué hacemos en nuestro tiempo libre (vocación), a qué Iglesia nos comprometemos, y cuáles serán los criterios con los cuales tomaremos todas las decisiones que hemos de asumir a lo largo de nuestras vidas.

Esta es la razón por la cual fue necesariamente un alemán luterano la persona que ha desarrollado la mejor explicación de la dignidad humana. Hablo del protestante Emanuel Kant, especialmente de su obra “Fundamentos de la Metafísica de la Moral”. Allí Kant muestra que la dignidad humana es el compromiso de tratar a cada persona como un fin en sí misma, y NO como un medio o instrumento para otro fin, no importa cuán sagrado, santo, espiritual, patriótico o lo que sea, que este otro fin pueda ser. Este concepto kantiano de la dignidad humana es la base para una correcta concepción de los derechos humanos; también este entendimiento de la dignidad humana constituye el criterio para interpretar el contenido de los derechos humanos, y para resolver los conflictos que suceden cuando un derecho humano choca con otro. Por ello, a raíz de Kant, dignidad humana y derechos humanos son sinónimos.

Esta cultura alemana liberal es indispensable para la causa mundial de los derechos humanos.

La idea de la justificación por la fe es muy importante y tiene un significado profundo para los individuos actuales, incluso para aquellos que piensan firmemente que han perdido o que no tienen la fe, pero que son personas comprometidas con la justicia. Esta enseñanza luterana nos dice que las buenas obras NO son suficientes para construir una vida comprometida con la dignidad humana. Además de buenas obras necesitamos estructuras mentales (esto es, fe) que determinen qué obras se han de llevar a cabo porque son realmente obras que producen un mayor respeto a los derechos humanos; también necesitamos, además de buenas obras, fuerzas internas y externas, así como recursos externos e internos que nos capaciten para realizar estas obras. Esta enseñanza expresada en la metáfora llena de poder de la justificación por la fe es compatible con el hecho de que una persona viva en una crisis de fe. En una crisis de fe nos separamos por completo de cualquier creencia a priori, es decir, de cualquier fe que se coloque por encima de la dignidad humana. Pero es que precisamente esto es lo que significa realmente el concepto de D-os según la Biblia, en la interpretación de Erich Fromm. Por eso el ateo comprometido con la dignidad humana realmente es un creyente, aunque no se haya aun dado cuenta de ello.



VII. Hacia una identidad germánica liberal


¿Cómo podemos construir una vida basada en el compromiso con la dignidad humana? Vamos enumerando los pasos por orden de importancia, comenzando por lo más relevante.

1) Los derechos humanos como el centro de la vida del individuo. NO pertenecemos a priori a ninguna comunidad, tradición o fe. Por ello, desde el punto de vista valorativo (de los valores, axiológico) no tenemos sentido de pertenencia a ningún grupo o cultura. Usando el ejemplo de la filosofía del “como-si” del pensador alemán Hans Vaihiinger, nosotros vivimos como-si (als ob) no tuviéramos un sentido de pertenencia, como-si no fuéramos parte de ninguna sociedad, fe o cultura. Por tanto NO apoyamos incondicionalmente ninguna fe, nación, cultura u organización. Nada se considera más importante que la dignidad humana.

De este modo nos separamos de tantas personas que son europeas, americanas, judías, o lo que sea, antes que personas comprometidas con los derechos humanos. Ellos se consideran, pues, como americanos… a priori, y la necesidad de proteger lo americano, europeo, judío, o lo que sea, es más importante que la justicia. Por el contrario, para nosotros la prioridad número uno son los derechos humanos.

2) Tomamos de cada cultura lo que nos sea de ayuda para forjar una vida comprometida con la dignidad humana. En este sentido somos multiculturales, inspirados por aquel texto de Isaías 6:3-6 que señala que toda la tierra está llena de la presencia de D-os. Esto significa que en cada lugar del mundo podemos encontrar aspectos que son valiosas para la causa de los derechos humanos. Ser multicultural no significa, sin embargo, que pertenezcamos a una cultura internacional solo porque esta sea universal. La dignidad humana está por encima de todo.

3) De todo el acervo cultural del mundo, de todas las fuentes de recursos internos para forjar una vida comprometida con la dignidad humana, con el fin de trabajar en nuestra identidad, damos prioridad a aquella cultura especial a través de la cual podamos realizar una mejor contribución a la causa de los derechos humanos en el mundo. Esta cultura a la que damos prioridad deberá ser la fuente de la mayor parte de la identidad del individuo. Mi convicción personal es que los alemanes tienen el deber ético de escoger como esta cultura especial libera, prioritaria, a los aspectos positivos de la cultura germana que giran alrededor de la enseñanza de Martín Lutero, Kant y la Ilustracíón liberal que resumimos antes.

La filosofía del Profesor y Rabí Eugenio Borowitz ha de ser interpretada en el sentido de que, con el fin de poder forjar una vida comprometida con la justicia que sea una vida fructífera, los seres humanos no solo tienen el deber de ser personas comprometidas en abstracto con la causa de los derechos humanos, sino que los seres humanos tienen también la necesidad psíquica de ser miembros activos de una cultura especial que sea comprometida con la dignidad humana.

(Esto podría ser coherente con el hecho de que Viktor Frankl no señalara como la fuente de sentido para la vida la causa del amor al prójimo, sino que, para él, se requiere que ese compromiso se concrete de una manera práctica; será esa manifestación práctica la que representará un sentido para el individuo, y no la justicia en abstracto. Por ejemplo, no podemos hallar un sentido para la vida comprometiéndonos en abstracto con los derechos humanos, pero sí descubrimos un sentido si este compromiso nos lleva a cuidar a nuestros padres; este valor de relación –con los padres en este ejemplo- sí constituirá un sentido para el individuo. De lo anterior se desprende que no es suficiente con comprometerse en abstracto con la causa de los derechos humanos para encontrar las fuerzas internas y la resiliencia necesaria para vivir este compromiso. La causa abstracta tiene que manifestarse en un sentido concreto. La manera de canalizar este sentido concreto es la participación en una cultura especial).

Esta cultura especial, a la que se da prioridad, será la fuente de recursos de resiliencia individuales y colectivos que harán capaces al individuo de vivir toda su vida comprometida con los derechos humanos, sobreponiéndose a todas las injusticias y dolor que reinan en el mundo, sin traicionar su compromiso con la justicia al desmoralizarse totalmente por las injusticias que uno recibe. A través de esta participación activa en una cultura con aspectos positivos para la causa de la dignidad humana, podemos encontrar sanidad para nuestras heridas internas, fuerza para continuar adelante en el largo proceso de muchos años de luchar pacíficamente por la causa de la dignidad humana, así como un sentido para nuestras vidas, y paz interna. Esto también incluye las fuerzas para animar a las generaciones sucesivas a escoger el bien. La causa por la dignidad humana debe ser una concatenación intergeneracional

(¿Cómo es que podemos encontrar sanidad interna de nuestras heridas a través de la participación en una cultura especial? Las personas encuentran salud interna a través del arte. Aquí “arte” ha de ser entendido en su sentido amplio, que incluye hasta la participación en cultos significativos cuyo centro sea el amor al prójimo. Sumergiéndose plenamente en el disfrute de una obra de arte, la persona encuentra curación interna y fuerzas: resiliencia; además, como señalamos antes, encontrar un sentido para la vida implica realizar un aporte a una cultura, sea del tipo que sea este aporte, como el cuidar de nuestros padres).

Esta escogencia de una cultura especial a la que le damos prioridad no implica ningún chauvinismo, ni cerrarnos a las lecciones positivas y recursos internos que otras culturas nos puedan brindar para capacitarnos mejor para construir toda una vida comprometida con el bien.

Esta cultura especial es el canal a través del cual fluirá nuestra contribución a la dignidad humana mundial como un río de aguas sanadoras.

Así, pues, reitero que considero que los alemanes comprometidos con el bien tienen el deber ético de escoger las culturas germánicas como esta cultura especial a la cual brindarán prioridad. El contenido de las culturas germánicas se centra en los aspectos positivos que se encuentran en la misma, especialmente la dignidad humana desarrollada por teutones como Lutero y Kant. Por tanto, querida/o lector/a, ¡comprométete con tu cultura germana!

El rabí Borowitz cometió sin querer el error de pensar que el noakhita (no-judío) no tiene el deber ético de considerarse a sí mismo una persona que tiene una prioridad de hacer una contribución a esa cultura especial a través de la cual su aporte a la causa de la dignidad humana pueda ser más fructífera. El rabí Borowitz, sin querer, se olvidó de las personas que no son hijas de judías o que no se han convertido rabínicamente al judaísmo. El rabí Shaul (pop. “San Pablo”) acertó al señalar que los gentiles comprometidos con la justicia son realmente miembros del pueblo de D-os, un pueblo con un pacto especial que los lleva a luchar por el amor al prójimo. De todos modos, la contribución del rabí Borowitz es muy importante.

El rabí Mardoqueo Kaplan nos enseñó que un compromiso efectivo con la justicia es un compromiso compartido por un grupo de personas que deciden trabajar juntas. (Desde nuestra perspectiva podríamos decir que el compromiso con la dignidad humana es un compromiso esencialmente individual, pero al mismo tiempo nos motiva a compartir este compromiso con otros, haciendo de esta manera dicho compromiso uno también colectivo). Este compromiso colectivo no nace rápidamente, sino que es un proceso de trabajo intergeneracional. Es cierto que hoy gocemos de un respeto de los derechos humanos mucho mayor que antes, incluyendo la Antigüedad. (El adversario Nietzsche explicó realmente de qué trata el paganismo: la cultura de la opresión, y por eso él abogaba por un retorno al pensamiento de la Antigüedad para

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