domingo, 25 de julio de 2010

Bicentenario de la Constitución. Aporte Jurídico (IV)

que el corazón de mi vida constituye el compromiso con el crecimiento personal en la senda de los derechos humanos. La Biblia hebrea tocó mi corazón, porque su mensaje es el compromiso con el amor al prójimo, es decir, con los derechos humanos.

A partir de entonces comencé a familiarizarme con algunos de los principales autores judíos contemporáneos, con su manera de entender el judaísmo. Aprendí a apreciar el gran aporte que muchos pensadores hebreos contemporáneos han hecho a la causa de los derechos humanos. El aporte judío a la causa de la justicia sigue siendo muy importante.

Una gran fuente del pensamiento hebreo se encuentra en la respuesta que se ha de brindar al hecho del holocausto. Paradójicamente, muchas personas, al intentar procesar lo sucedido en el holocausto, han llegado a creer en D-os. Por otra parte, las creencias de muchos otros en D-os se han visto sacudidas. Ser fiel al judaísmo no implica creer en D-os, pero sí ser fiel al corazón de la Tanakh: los derechos humanos. Las creencias de una gran cantidad de judíos en el progreso de la humanidad, en el compromiso de Occidente con la libertad y la justicia, en la razón humana como fuente de rectitud y progreso, se vinieron abajo con el holocausto. Por ello tantos pensadores no han tenido más remedio que abordar el tema del holocausto, y el cómo fundamentar la vida de los seres humanos en un mundo que ha pasado por un holocausto, y que puede volver a pasar por otro, dado que son innumerables las personas comprometidas con la superficialidad y con el tratar a otros mal con tal de beneficiarnos.

El tema del holocausto me llevó a plantearme la cuestión de si la Alemania de entonces o la Alemania de ahora, o bien los alemanes de aquel tiempo, o bien los teutones de la actualidad, fueron y/o son responsables del mismo, de esta gran tragedia humana. Se trata de una catástrofe sin precedentes dirigida sistemáticamente a exterminarnos. Creo que el motivo de ello fue que sus promotores entendieron que eliminar a los judíos supondría un golpe fuerte contra la causa de la justicia en el mundo.



III. ¿Shoah u holocausto?


Los pensadores judíos se han inclinado por calificar al exterminio de nuestros hermanos como shoah, es decir, “desastre”. Lo sucedido es un bouleversement tan overwhelming, tan enorme, tan incalificable, que realmente no existe palabra para ello. No se trata de un holocausto, dado que dicho asesinato sistemático no puede entenderse como una ofrenda a D-os. Se trata de algo incalificable; como se necesita darle un nombre, se le llama simplemente “desastre”. La opinión personal del que escribe estas líneas consiste en llamar la atención a la obra de un superviviente de tres campos de concentración, el psiquiatra Dr. Viktor Frankl, alemán (austríaco). Su psiquiatría fue quemada en Auschwitz, pero como ave fénix renació al darse cuenta que quienes tuvieron más probabilidad de sobrevivir al campo de concentración no fueron las personas más fuertes, ni las más inteligentes, ni aquellas más optimistas, ni aquellos que por instinto ponían en práctica las enseñanzas de lo que hoy conocemos como psicología cognitiva.. Percibió que quienes tenían más oportunidades de sobrevivir constituían quienes podían encontrar en sus mentes un sentido a su vida después de salir del campo. Algunos encontraban un sentido pensando que, cuando salieran, amarían o cuidarían de alguna persona que fuera importante para él. Otros hallaban el sentido en alguna obra que realizar una vez que escaparan. Para otras personas este sentido era el compromiso con alguna causa noble, como el que no se volviera a repetir una tragedia. Ese sentido constituía un algo a lo que ha persona de asía en esos momentos de dolor, y apretando fuertemente ese sentido lograba encontrar fuerzas internas para sobreponerse y seguir adelante.

Frankl dividió las fuentes de sentido en tres tipos de valores: 1) Valores de Creación: lo que hacemos, aquello que llevamos a cabo, como un trabajo, un libro que escribimos, o una actividad que nos resulte significativa. 2) Valores de Relación: la amistad o el amor que brindamos a otra u otras personas. Puede ser la relación que tengamos con una obra de arte al disfrutarla, o con la naturaleza, etc. 3) Valores de Actitud: Ante situaciones que nos provocan sufrimiento pero que no podemos cambiar, lo que sí podemos llevar a cabo es decidir afrontar esa situación con dignidad humana. Esta dignidad con la que vivimos el dolor consiste un valor de actitud, en el compromiso por vivir la dignidad humana aun en medio de aquel dolor que no podamos evitar padecer.

La shoah, entiendo yo, no es un desastre sin nombre. Para sobreponernos a una fuente de dolor, los seres humanos debemos de atribuirle algún sentido. Necesitamos darle un sentido hasta a lo incalificable, para así poder poner en marcha los mecanismos psíquicos humanos que nos llevan a conseguir fuerzas internas para seguir adelante a pesar del sufrimiento. Los valores de actitud son aquellos que se han de aplicar para sobreponernos a tragedias como aquella a la que hacemos referencia. El concepto de holocausto es para mí válido a la hora de adherir un valor de actitud a ese dolor. Por supuesto que no se trata de que exista un D-os que haya permitido esa tragedia. Obviamente tampoco existe un D-os que espera que nos sacrifiquemos por él o ella. Entender el dolor como holocausto nos lleva al texto (también muy importante para Occidente) de Isaías 52-53, el canto del siervo sufriente. Dicho texto habla de una persona justa que es destruida por personas que eligen el mal. Sin embargo, el siervo sufriente encuentra consuelo en el hecho de saber que la causa del amor al prójimo no perecerá al morir él, sino que el siervo puede encontrar fuerzas en el dolor sabiendo que, aunque todo sea un desastre, siempre habrá un grupo de personas comprometidas con el bien. La justicia no muere, y eso es lo que consuela al siervo sufriente. El canto del siervo sufriente fundamenta la existencia de valores de actitud que se pueden desplegar ante el desastre. Dichos valores nos llevan a entender el dolor inevitable no como shoah-desastre, sino como una situación ante la cual podemos responder con dignidad humana, asumiendo con dignidad los padecimientos, y de continuar comprometidos con la causa de los derechos humanos aun en medio de un padecimiento que nos lleve a la muerte. Por ello lo sucedido no es shoah sino holocausto.



IV. ¿Responsabilidad alemana en el holocausto?


Analizaremos este problema a raíz de Ezequiel 18. Se trata de uno de los textos clave del pensamiento hebreo. Es también, como veremos, uno de los documentos fundantes de Occidente. Las citas provienen de la traducción “D-os habla hoy”.

“1 El Señor se dirigió a mí, y me dijo: 2 "¿Por qué en Israel no deja de repetirse aquel refrán[a] que dice: 'Los padres comen uvas agrias y a los hijos se les destemplan los dientes'? 3 Yo, el Señor, juro por mi vida que nunca volverán ustedes a repetir este refrán en Israel”.

Se trata de un mensaje cuyo autor se enfrenta radicalmente a una de las convicciones intuitivas más arraigadas no solo de los israelitas, sino de toda la humanidad, predominante también en Occidente hasta hace poco. Recalco el hecho de que este texto muestra que lo justo, lo correcto, no proviene del pueblo, ni tampoco de las intuiciones. La gente pensaba que el mal o el bien que hiciera una persona era algo cuya responsabilidad pasaba a su descendencia. Es decir, la descendencia es responsable por aquello malo o bueno que hubiese hecho otra persona, como por ejemplo, el progenitor. Además la intuición más profunda del pueblo sostenía que la responsabilidad era colectiva. Lo bueno o malo que hiciera el grupo al cual yo pertenezco, constituye una responsabilidad que también es atribuida a mi persona, aun cuando yo no hubiera hecho esa cosa buena o mala. El mensaje de Ezequiel 18 rompe con esto y se aparta de la intuición del pueblo.

Esto nos lleva a distanciarnos de toda aquella filosofía, incluso contemporánea, que sin querer basa la verdad y/o la ética, en las intuiciones. Las intuiciones llevan a violar la dignidad humana (sinónimo de derechos humanos), dado que estiman que las intuiciones son más importantes que los derechos humanos. Ello por cuanto las intuiciones llevaron a la humanidad a atribuir responsabilidad a una persona por lo que hubiese hecho el colectiva al cual pertenecía la persona, ejemplificado en el padre como progenitor y pater familias.

Continuemos:

“Aquel que peque, morirá. 5 "El hombre recto es el que hace lo que es justo y recto (…) no le quita la mujer a su prójimo… 7 no oprime a nadie, sino que devuelve a su deudor lo que había recibido de él en prenda; no roba a nadie; comparte su pan con el hambriento y da ropa al desnudo; 8 no presta dinero con usura ni exige intereses; no causa daño a nadie; es justo cuando juzga un pleito entre dos personas; 9 actúa de acuerdo con mis leyes y cumple fielmente mis mandamientos. Ese hombre es verdaderamente recto, y por lo tanto vivirá. Yo, el Señor, lo afirmo”.

Aquí el autor resume el contenido de la Biblia hebrea. Este resumen se basa en ejemplos concretos, dado que el pensamiento hebreo no usa abstracciones. Como ahora en Occidente utilizamos conceptos amplios, podemos manifestar en tal sentido que el centro de la Tanakh es el compromiso con el amor al prójimo, es decir, con los derechos humanos.

Prosigamos:

10 "Pero si este hombre tiene un hijo violento y asesino, que hace cualquiera de esas cosas 11 que su padre no hacía, es decir, que participa en los banquetes que se celebran en las colinas para honrar a los ídolos, que le quita la mujer a su prójimo, 12 que oprime al pobre y al necesitado, que roba a los demás, que no devuelve a sus deudores lo que había recibido de ellos en prenda, que pone su confianza en los falsos dioses y hace cosas que yo detesto, 13 que presta dinero con usura y exige intereses: ese hombre no podrá vivir. Después de haber hecho todas esas cosas que yo detesto, morirá sin remedio, y él mismo será responsable de su muerte”.

Nótese que en este texto a la persona NO se le atribuye (imputa) ninguna responsabilidad por aquello que hubiese llevado a cabo el grupo al cual él pertenece, bien sea que ese grupo haya hecho eso bueno o malo en el pasado o en el presente. Si el colectivo de una persona actúa rectamente, pero la persona hace lo malo, esa persona será responsable de su mal, aunque su país sea lo más bueno del mundo.

Este texto es fundante de la civilización Occidental tal como nosotros la entendemos. El mismo Nietzsche reconoció que el individuo es una reciente creación. Este texto constituye la base sobre la cual nació el concepto de individuo. El individuo nace cuando Occidente llega a la convicción de que la responsabilidad es PERSONAL. Esta convicción llegó a Occidente a raíz de la Reforma Protestante. Cada ser humano es responsable por lo que ella o él lleva a cabo; su mérito o demérito fluye de su conducta personal, y no del comportamiento de su grupo. Con este texto se asienta la base sobre la cual siglos después Occidente llegará a entender que cada individuo tiene la responsabilidad de determinar por sí mismo qué es lo bueno y qué es lo malo, y de actuar en consecuencia, dado que no puede delegar en otros esa responsabilidad. La responsabilidad no se delega porque nadie se exime de su culpa invocando la conducta o las creencias de su grupo. Cada uno es responsable por lo que hace, y tiene el deber de escoger por sí mismo y en soledad qué conductas llevará a cabo, a qué valores de compromete, qué hará en su tiempo libre, qué trabajo escoge realizar, a quién decide proponer relaciones íntimas, qué vocación escoge, etc. El nacimiento de la persona occidental actual debe mucho al mensaje que animó a escribir este texto de Ezequiel 18.

Por otra parte, existen personas en la actualidad que de algún modo toleran que ciertos funcionarios o colaboradores del Estado de Israel violen derechos humanos. El motivo de ello consiste en cierta manera en que de este modo se logra crear un refugio (Estado de Israel) que ayude a las personas justas que sobrevivieron a la tragedia. Sin embargo, vemos que para este texto la justicia de un grupo (pueblo hebreo) no legitima ni hace tolerable que la persona actúe mal.

14 "Puede ser que este hombre, a su vez, tenga un hijo que vea todos los pecados cometidos por su padre, pero que no siga su ejemplo; 15 es decir, que no participe en los banquetes que se celebran en las colinas para honrar a los ídolos, ni ponga su confianza en los falsos dioses de Israel; que no le quite la mujer a su prójimo 16 ni oprima a nadie; que no exija nada en prenda cuando le pidan prestado; que no robe a nadie, sino que comparta su pan con el hambriento y dé ropa al desnudo; 17 que no haga daño a nadie ni preste dinero con usura o intereses; y que cumpla mis leyes y actúe según mis mandatos: ese hombre no morirá por los pecados de su padre. Ciertamente vivirá”.

La imagen internacional de Alemania y de los teutones se ha manchado, no por la guerra ni por el holocausto, sino porque una gran mayoría de las personas piensan que los alemanes de entonces o los de la actualidad cargan con una culpa colectiva por los horrores del pasado. El mensaje de este texto hebreo, y también texto fundacional de Occidente, es exactamente el contrario. Son muchísimos y muchísimos las y los alemanes que en el presente se han comprometido con la causa de los derechos humanos. Ellos no cargan con ninguna culpa colectiva. La persona que se compromete con el bien es inocente, no responde de ninguna manera por las injusticias de su grupo, ni por aquella de sus antepasados.

(Se ha planteado el tema de las indemnizaciones por los asesinatos. Es cierto que existe un deber de reparar el mal, y que, a EFECTOS PATRIMONIALES ÚNICAMENTE, el Estado de la actualidad debe pagar el dinero de aquello que se le quitó a las víctimas, así como por el dolor y muerte causados. Asimismo se deberá indemnizar por cualquier beneficio que se hubiese recibido a causa del mal proceder. Sin embargo, estamos hablando de normas que se aplican a responder a una situación patrimonial de falta de equilibrio. Esto NO implica que haya RESPONSABILIDAD. El concepto de responsabilidad que se basa en los derechos humanos únicamente nace por aquello que una persona lleva a cabo, no por lo realizado por otros. Estas indemnizaciones tienen su fundamento jurídico en el deber de compensar, no en una responsabilidad en sentido propio).

En las dos citas precedentes observamos que quien es responsable del bien es la persona que ha realizado ese bien, y quien es culpable del mal es el individuo que actúa torcidamente. Es el individuo el responsable y NO la COLECTIVIDAD. Alemania, como palabra para designar un grupo de personas, NO fue responsable hace sesenta años del mal, ni tampoco lo es en la actualidad. “Alemania” no existe; ningún individuo se llama “Alemania”, ni existe ninguna cosa con ese nombre. “Alemania” es solamente una palabra. Es útil porque nos permite hacer referencia en un solo vocablo a un grupo de personas. Sin embargo, nadie es responsable por lo que hayan hecho la mayoría de las personas de su grupo, ni por lo que haya hecho una minoría, o bien una persona aislada, de su grupo.

Por ello el compromiso con los derechos humanos clama por una urgente rehabilitación de la imagen internacional de Alemania y de los teutones; requiere asimismo llevar a cabo labores de educación, información y propaganda que extiendan esta verdad, y permita al mundo internacional abrirse más, de verdad, al aporte positivo que realizan aquellos teutones comprometidos con el bien, libres de los prejuicios errados de que Alemania, o los teutones, son culpables. Dicho prejuicio de culpa hace que muchísimos seres humanos en el mundo internacional se cierren al trato con la cultura alemana y/o con los alemanes, y no se abran al aporte de ideas y de otras maneras que realizan los alemanes. La verdad debe contribuir a que todos nos abramos al bien que ciertamente hay en Alemania.

18 "Su padre, que fue opresor, y cometió robos, e hizo lo malo en medio de su pueblo, morirá en castigo de sus propios pecados. 19 Ustedes preguntarán: '¿Por qué no paga el hijo también por los pecados del padre?' Pues porque el hijo hizo lo que es recto y justo, y cumplió y puso en práctica todas mis leyes: por eso ciertamente vivirá. 20 Solo aquel que peque morirá. Ni el hijo ha de pagar por los pecados del padre, ni el padre por los pecados del hijo. El justo recibirá el premio a su justicia; y el malvado, el castigo a su maldad”.

Este párrafo reafirma con efectividad el mensaje. Adelante:

21 "Y si el malvado se aparta de todos los pecados que cometía, y cumple todas mis leyes y hace lo que es recto y justo, ciertamente vivirá y no morirá. 22 Yo no volveré a acordarme de todo lo malo que hizo, y él vivirá por hacer lo que es recto. 23 Yo no quiero que el malvado muera, sino que cambie de conducta y viva. Yo, el Señor, lo afirmo”.

Con estas líneas se responde a qué pasa con aquellas personas que se comportaron mal durante la guerra, pero que se arrepienten y cambian. Con toda claridad este texto afirma la verdad de que estas personas reciben perdón y, por tanto, ya no cargan con el peso de la culpa de sus maldades pasadas. La tradición judía ha tratado muy bien el tema del baal t’shuvah, literalmente, el “Señor del retorno” (arrepentimiento). De acuerdo a la ley judía no se puede ni siquiera recordarle al arrepentido el mal que hizo. El perdón es perdón de verdad.

Por otra parte, se ha de recalcar que estos textos circunscriben la culpa a aquel tiempo durante el cual se obró mal, nada más. Viktor Frankl, de quien hablamos, relató de su propia experiencia, así como de testimonios de supervivientes, que hubo guardas nazis de los campos de concentración que ayudaron de verdad a los judíos. También explica Frankl que hubo judíos que se comportaron muy mal contra sus conciudadanos. Respecto a estas personas Ezequiel 18 afirma que estos guardas son justos, no cargan con responsabilidad, mientras que aquellos judíos son culpables hasta que se arrepientan de verdad.

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