miércoles, 25 de abril de 2018

Proyecto para la Iglesia de San Felipe y Santiago, además de un Aporte para la Diócesis


Fundamentos de un Proyecto de Fortalecimiento de la
Iglesia San Felipe y Santiago.
Aportes para la Diócesis


Daniel Montero Bustabad


I.                La Necesidad Fundamental de la Persona


¿Cuál es la necesidad  fundamental del ser humano? ¿Cuál es la aspiración implícita, subyacente a nuestros sueños y anhelos más profundos? ¿A qué aspiramos, a saber, por qué suspiramos? Cuando soñamos, dormidos o despiertos, expresando en imágenes aquellos deseos tan arraigados en nosotros, ¿hemos descubierto hacia qué necesidad no satisfecha nos impulsan dichas ensoñaciones?


Por la presente sostenemos que la necesidad más importante de la persona es ser amada incondicionalmente. Por “amor incondicional” entendemos un conglomerado de aspiraciones que giran en torno al anhelo de cada humano de ser algo más que querido por alguien; se trata de ser amada/o de verdad por lo que somos como personas, y por nada más.


A continuación resumimos esas aspiraciones que representan el anhelo de amor incondicional: 1) Ser amado/a por lo que somos como humanos, independientemente de lo que tengamos o no tengamos, de nuestro origen, ingresos económicos, etnia, intereses compartidos con otra persona, clase social, vínculo familiar, cosmovisión religiosa tradicional o liberal, o bien en la línea de reinterpretación secularizante del aporte religioso, etc. 2) Contar con un sentido concreto, específico, para nuestra vida, algo que le dé sentido a nuestro existir, de modo que formemos parte de algo más grande que nosotros mismos y haga que nuestra vida valga la pena vivirla. De conformidad a Viktor Frankl, las fuentes de sentido son básicamente tres: a) La relación: La relación profunda, significativa, con una o más personas, con un ser querido y/o con un grupo del que realmente formamos parte y al cual nos entregamos. Puede ser también la relación-entrega a un valor, como la dignidad humana holística (integral) o la espiritualidad integral. b) La creación: Una obra de arte que creamos, un trabajo que realizamos, una contribución que efectuamos. c) La actitud: Cuando la persona se enfrenta a sufrimientos que son inmodificables (no a sufrimientos evitables, para los cuales hemos de responder con valores de creación y/o de relación), como una enfermedad terminal, la persona aun conserva la posibilidad de responder a dicha situación con una actitud de dignidad humana. Por ello, cuando a Frankl se le recordaba que el ser humano era capaz de crear el genocidio de Auschwitz, Frankl replicaba que, incluso en esa situación, muchos presos entraban con dignidad, rezando una oración (Frankl fue preso en tres campos de concentración, por lo cual cuenta con autoridad para hablar al respecto). 3) Ser importante y valioso, para sí mismo y para los demás, ser una persona imprescindible, indispensable, de quien el mundo no se puede dar el lujo de prescindir, debido a su importancia. 4) Sentido de pertenencia e identidad. Pertenecer a una gran familia, cuyos orígenes se remontan al lejano pasado, se proyecta también al futuro y, respecto al presente, nos une a una gran familia en muchos países. Numerosas personas viven con la necesidad psicológica de contar con un vínculo con un pasado, con una gran familia presente, y con un brillante futuro. Es la necesidad de historicidad y tradición del ser humano.


Sin embargo, la experiencia nos muestra que dicha necesidad se encuentra crónicamente insatisfecha en nuestras sociedades occidentales. Por ello tantas personas caen en anomia, o en el egoísmo (Durkheim), o bien en las garras del miedo a la libertad (Fromm); por ello hay tanto consumismo, superficialidad, vacío o frustración existencial, adicciones, violencia, etc. Ardemos en el anhelo profundo e insatisfecho de ser amados incondicionalmente. Incluso tratándose de cristianos comprometidos, nuestra naturaleza humana requiere que nuestro amor a Jesús sea concretado y canalizado por medio de la activa participación en un grupo de personas en el cual recibamos y demos amor incondicional, y este anhelo se encuentra crónicamente insatisfecho. Lo es porque las Iglesias colocan un credo rígido en sus puertas de entrada, de modo que, de entrada, excluyen a las personas de mentalidad abierta y crítica; las Iglesias suelen aferrarse a interpretaciones de las Escrituras y de la espiritualidad, ampliamente superadas. Se excluye a las personas porque los poderes públicos, por su naturaleza, únicamente pueden proveer bienes y servicios a las personas nacionales (no a los demás, con matices), y los poderes públicos no se encuentran en condiciones de satisfacer muchas necesidades inmateriales; además, aun tratándose de medicinas u otros bienes o servicios (atención médica, psicológica, etc., a discapacitados, por ejemplo), sus recursos son tan limitados, que generalmente las necesidades de los humanos quedan ampliamente insatisfechas. Nuestra necesidad de amor incondicional arde de vacío e insatisfacción porque la familia como núcleo social se encuentra roto por la plaga generalizada de falta de amor, apatía, consumismo y violencia. Ningún grupo ama y protege a la persona solo por ser un ser humano, independientemente de su origen, credo, ideología, recursos o intereses. Como señalamos, incluso las Iglesias se basan en credos que, por definición, excluyen a las personas con mentalidad crítica. Nadie ama a nadie de verdad. Esta es la plaga de anomia, apatía, consumismo, superficialidad y egoísmo que infectan nuestras sociedades e Iglesias, y que constituyen, en realidad, un suicidio colectivo.

Empero, tras años de búsqueda, se encuentra un grupo que, por su potencial espiritual, atisba la capacidad real de encarnar ese amor incondicional de Jesús. Se trata de la Iglesia Episcopal.



II.              El Valor Especial de la Iglesia Episcopal


La experiencia personal de quien suscribe y de otras personas, nos lleva a la convicción de que la Iglesia Episcopal es la única Iglesia (o grupo de personas) que da respuesta (gracias a su forma de entender el Evangelio de Jesús -y el resto de la Biblia-, y a su compromiso con los mismos) a la necesidad fundamental de la persona de ser amada incondicionalmente. Este es el rasgo distintito de la Iglesia Episcopal, su razón de ser, su valor agregado, su valor singular percibido, lo que la distingue de todos los demás grupos seculares, congregaciones y asociaciones.


Podríamos intentar formular, sobre esta base, una declaración de posicionamiento (lema para presentarse ante la sociedad secular y atraer personas) en estos términos: La Iglesia de Puertas Abiertas, Mente Abierta e Inclusiva.


Cada persona comprometida con la Iglesia Episcopal ha de efectuar un aporte a la misma y a la sociedad en general. Las líneas que inspiran el presente documento, podrían ser una contribución a la labor permanente de la Iglesia Episcopal de re-interpretar su misión y las cinco marcas que la caracterizan.



III.            Hacia un Proyecto de Fortalecimiento


Si nos planteamos los fundamentos de un proyecto de fortalecimiento para la Iglesia Episcopal San Felipe y Santiago en Barrio Cuba, con su visión, misión, objetivos y declaración de posicionamiento, hemos de formular, primero, una salvaguarda previa: Las características de las parroquias y misiones de la Iglesia Episcopal en nuestro país son tales, que no resulta posible que las misiones efectúen un planteamiento aislado de su proyecto pastoral, por lo limitado de su feligresía y recursos. Por ello el proceso continuo de re-lectura y re-interpretación de la misión y marcas de la Iglesia Episcopal de nuestra Nación, ha de ser planteado en términos diocesanos, pensados para todo el país en su conjunto, actualizando de forma permanente su visión, misión, objetivos. Además se podría efectuar una declaración de posicionamiento clara ante la sociedad, en los términos antes sugeridos, que oriente la acción de todas las parroquias y misiones, y pueda atraer a la sociedad en su conjunto con la invitación del Evangelio a unirse a la Iglesia.


Si, como ejercicio, hemos de concretar nuestra propuesta a la Misión San Felipe y Santiago, nos encontramos con un dilema: Para una corriente eclesial, la visión, misión, objetivos y declaración de posicionamiento, ha de ser efectuada por los miembros de la congregación, sin que resulte válido el formular una propuesta ya elaborada, que se presente a la simple aprobación por parte de la congregación. Es decir, no cabe presentar “una propuesta ya cocinada” y someterla a validación, sino que la propuesta ha de ser redactada, partiendo desde cero, por el conjunto de la feligresía.


Frente a este tipo de planteamientos se muestra muy crítico el Rabí Lerner, quien señala que no resulta sostenible a largo plazo, en la dirección correcta, una congregación basada en el mínimo común denominador de sus miembros. Por el contrario, debe contarse con un posek que determine y aplique la ley vigente en la congregación, en términos tales que, interpretamos nosotros, la visión, misión y objetivos de la congregación, quedan ya fijados por su director, tal como hace Lerner en uno de sus libros.


En nuestro ámbito también nos encontramos con una corriente que señala que la visión de la congregación debe ser formulada por el pastor (lo cual incluye la visión, misión y objetivos). Una vez elaborada dicha visión por una persona, debe ser comunicada sabiamente a los miembros.


¿Cómo pronunciarnos ante este dilema? Sostenemos la tesis de que ambos enfoques deben integrarse para la Iglesia San Felipe y Santiago. Podría creerse que ello resulta lógicamente imposible, pues, o bien el proyecto pastoral lo formula la feligresía, o bien el sacerdocio como desarrollo de los lineamientos episcopales, sin que quepa mezclar ambos términos contradictorios. Sin embargo, también podría parecer ilógico que exista una Iglesia mundial con instrumentos pugnantes entre sí como la Escritura, la tradición y la razón, pero la vida diaria en comunión, y la espiritualidad, de la Iglesia Episcopal, muestran ampliamente que sí cabe vivir eclesialmente bajo esta aparente contradicción lógica. Por otra parte, también cabría considerar lógicamente imposible la vida próspera de una comunión mundial de Iglesias sin una autoridad central con jurisdicción universal. Empero, la diaria realidad de la comunión anglicana muestra que esta imposibilidad lógica sí es posible en la comunión bajo el Espíritu Santo.


IV.            Lógica Hebrea


Al respecto hemos de efectuar una digresión y apuntar, brevemente, a la diferencia entre lógica occidental y lógica hebrea. La lógica occidental es cartesiana, mostrando que algo no puede ser, al mismo tiempo, “a” y “no-a”. Algo es blanco o negro de forma excluyente, no ambas cosas a la vez. Sin embargo, la lógica hebrea es distinta. Se expresa, por ejemplo, en los refranes y sabiduría popular. Por ejemplo, la conjunción de refranes: “A quien madruga, Dios le ayuda” y: “No por mucho madrugar amanece más pronto”. Desde la perspectiva de la lógica occidental, ambos aforismos son contradictorios, mutuamente excluyentes. O madrugamos o no madrugamos, punto. Sin embargo, la lógica hebrea hace ambas proposiciones simultáneamente válidas y no contradictorias. Se aplica, aproximadamente, así: Si a una persona le flaquea la diligencia, y piensa en sumirse en la apatía, recuerda el dilema: “A quien madruga, Dios le ayuda”, y vuelve a la senda de la diligencia, esforzándose para cumplir sus deberes. Sin embargo, si otra persona enfrenta una situación distinta, ante la cual su nivel de diligencia es tan alta que cae en el estrés y ansiedad por el futuro, entonces viene a su memoria el otro brocardo: “No por mucho madrugar amanece más pronto”, y entiende que ha de esforzarse, y dejar el resto a las manos de Dios, viviendo en paz, pues él no puede hacer que amanezca más rápido. De lo anterior se deduce que ambos términos “a” y “no-a” pueden ser, y son, simultáneamente válidos, y es en la multiforme complejidad de la vida diaria donde se muestra su rica y diversa aplicabilidad.



V.              Propuestas


Retornando al dilema planteado, consideramos que el nivel de espiritualidad y comunión al que hemos de aspirar en la Iglesia San Felipe y Santiago, ha de ser tal, que en un futuro seamos aptos para formular, entre todas y todas, al mismo nivel, un proyecto de visión, misión, objetivos y declaración de posicionamiento de la misma; al mismo tiempo, ello resulta compatible con la posibilidad de que, por la presente, formulemos algunas sugerencias que puedan, eventualmente, ser tomadas en consideración por las y los feligreses de la misma. Qué valioso sería, si varias personas pudiéramos poner por escrito nuestras tesis, y estudiar cada uno los aportes de los demás, antes de reunirnos para elaborar un proyecto para nuestro futuro eclesial, inspirado por la misión y marcas de la Iglesia a nivel diocesano, pero concretados, en términos específicos, para nuestra congregación. De este modo, entiendo, se haría posible la compatibilidad, en espiritualidad y comunión, de la democracia al formular el proyecto, con la recepción de propuestas pastorales arraigadas en las tesis episcopales (misión y marcas de la Iglesia a nivel diocesano).



En desarrollo de la línea argumental precedente, podríamos formular algunas propuestas:


Visión: Ante un panorama eclesial en el cual los credos son más importantes que las personas, se excluye a los seres humanos de grupos discriminados, se mira mal a los empobrecidos, se sostienen interpretaciones de la Biblia arraigadas en el pasado, se propone lo siguiente: Creemos en una Iglesia en el cual el credo admite muchas interpretaciones posibles, viviendo juntos, en armonía y comunión, quienes pensamos distinto, pero unidos por lo que Santiago califica como la “ley suprema”: el amor al prójimo, a saber, la solidaridad. Creemos en una Iglesia en la cual se responde, en solidaridad, a la necesidad fundamental de cada persona, de ser amada incondicionalmente, por lo que es ella como humano, de modo que fomentamos que cada persona aprenda, como dice Pablo, a amar a todas y todos y a trabajar, para tener con qué ayudar a los demás. Siempre hay alguien más necesitado que nosotros mismos, a quien hemos de apoyar. Creemos en una Iglesia que integre a los colectivos discriminados, excluidos y rechazados por otras Iglesias y por la sociedad en general. Creemos en una Iglesia cuyos miembros realicen aportes a la sociedad en general y, en la medida de lo posible, contribuyamos a revertir las estructuras injustas que empobrecen a los excluidos y dañan el ambiente (“medioambiente”). Creemos en una Iglesia donde nos amemos todas y todos los feligreses y recibamos en amor a quienes nos visitan. Por todo ello nuestra Visión es una Iglesia donde nos Amamos Sinceramente, Recibimos con Brazos Abiertos a los visitantes, Apoyamos a los Necesitados (todos lo somos, de un modo u otro), Incluimos en igualdad y respeto a todas y todos, y Con Mente Abierta damos la Bienvenida a los Críticos, No Creyentes y No Religiosos.


Reiteramos que la declaración de posicionamiento para presentarnos ante la sociedad, y llamar a las personas a vivir el evangelio como parte de nuestra familia eclesial, es: La Iglesia de Puertas Abiertas, Mente Abierta e Inclusiva.


Nuestra misión se encuentra en las cinco marcas de la Iglesia Episcopal a nivel diocesano, interpretados en el espíritu de lo sostenido en el presente documento.


Los objetivos principales son: -) Oración sistemática, por parte de todas las y los feligreses, acerca del futuro de la Iglesia San Felipe y Santiago, y los pasos que hemos de dar al respecto. La oración sería tanto en la eucaristía, como en otras actividades, como en las devociones privadas. -) Efectuar sucesivos llamamientos a los feligreses para abrirse al mensaje de la conversión diaria. Ello de modo que, quienes permanezcamos en la Iglesia, seamos personas que diariamente nos convirtamos a Jesús y Le permitamos ser el centro de nuestras vidas. -) Discipular y capacitar a los miembros de la Iglesia. -) Evangelizar, tomando en cuenta una doble declaración de posicionamiento ante la sociedad: a) Ante la sociedad en general, en los términos antes indicados: Iglesia de Puertas Abiertas, Mente Abierta e Inclusiva, destinado a llamar a la conversión e integración en la Iglesia, a todas aquellas personas que, independientemente del lugar en que vivan, sean críticos, o aparentemente no religiosos o no creyentes, abiertos a la solidaridad. b) Ante los vecinos de Barrio Cuba, se realizaría, entre los feligreses de la Iglesia, un proceso de diagnóstico y planificación entre todos los miembros en espíritu de igualdad, de modo que, de ese proceso, se formule una visión, misión, objetivos y declaración de posicionamiento, propios de la Iglesia destinados a los vecinos de Barrio Cuba.


Los objetivos subsiguientes son: -) Mantener y perpetuar el ambiente de amor, compartir y alegría en las y los feligreses, celebrados en cada una de nuestras reuniones. -) Darse a conocer a las madres, padres, niñas y niños del Hogar-Escuela, invitándolos a los estudios bíblicos y a la eucaristía. -) Realizar actividades para invitar a la comunidad a conocer la Iglesia. -) Certificar a la Iglesia San Felipe y Santiago como Iglesia (no solo como Hogar-Escuela) Carbono Neutro. Para ello realizar las mejoras que se requieren, en especial en lo que se refiere a platos y utensilios que se utilizan, y reutilizar, separar, clasificar y disponer los residuos apropiadamente. -) Potenciar la presencia y, evangelización en sentido implícito, que ejercería la Iglesia al posicionarse ante la sociedad como un referente ético-solidario atractivo ante personas (aparentemente) no religiosas, no creyentes, de pensamiento secular pero que otorgan a la solidaridad el centro de sus vidas.


Un programa de trabajo podría incluir: -) Oración sistemática, por parte de todas las y los feligreses, acerca del futuro de la Iglesia San Felipe y Santiago, y los pasos que hemos de dar al respecto. La oración sería tanto en la eucaristía, como en otras actividades, como en las devociones privadas. -) Entre los feligreses de la Iglesia, un proceso de diagnóstico y planificación entre todos los miembros en espíritu de igualdad, de modo que, de ese proceso, se formule una visión, misión, objetivos y declaración de posicionamiento, propios de la Iglesia destinados a los vecinos de Barrio Cuba. -) Mantener y perpetuar el ambiente de amor, compartir y alegría en las y los feligreses, vivido intensamente, en alegría, en cada una de nuestras reuniones. -) Continuar con la eucaristía como portón de bienvenida a los visitantes y para nuestra edificación. -) Fortalecer el compartir los alimentos después de la eucaristía, en el mismo ambiente de cordialidad que abraza en sororidad a los visitantes. -) Seguir con el recién inaugurado estudio bíblico de los jueves, e incluir en el futuro otro u otros días (aporte de la Pbtera. Monterroza). -) Capacitar más a nuestros feligreses en la Biblia, en un futuro Estudio Bíblico de los domingos antes de la Eucaristía (también aporte de la Pbtera. Monterroza). Ello para que seamos más y mejores personas capaces de evangelizar a los demás. -) Ofrecer enseñanza a quienes quieran ser parte de nuestra familia eclesial (Ídem.)  -) Perdurar en apoyarse en la conexión con el Hogar-Escuela para invitar a madres, padres, niñas y niños, a la Iglesia, aprovechando para ello las actividades para madres y padres del Hogar-Escuela (aporte de la Pbtera. Monterroza). -) Abrir en el futuro próximo sesiones de cine cristiano para la familia, invitando a la comunidad; aunque las actividades se realicen en el Hogar-Escuela, se requiere el apoyo de otra congregación para la organización (aporte de la Pbtera. Monterroza). -) Organizar actividades de bingo, venta de garaje y otros, como medio de que los visitantes conozcan la Iglesia y, de manera breve, reciban una invitación espiritual a unirse a las actividades de la Iglesia. -) Certificar a la Iglesia San Felipe y Santiago como Iglesia (no solo como Hogar-Escuela) Carbono Neutro. Para ello realizar las mejoras que se requieren, en especial en lo que se refiere a platos y utensilios que se utilizan, y reutilizar, separar, clasificar y disponer los residuos apropiadamente. -) Utilizar la conexión con la Defensoría de los Habitantes y otras instituciones, para promocionar la Iglesia como congregación libre de discriminación e inclusiva, abierta a las personas no religiosas, no creyentes, que hacen de la solidaridad el centro de sus vidas. -) Ejercer evangelismo boca-a-boca ante las amistades, en nuestros trabajos, con conocidos, invitándolos a abrirse al evangelio y visitar la Iglesia, a todas las personas que valoran (o pueden llegar a valorar) el amor al prójimo (solidaridad) como centro de sus vidas. También a toda persona que nos preste oído. De un modo u otro, todos necesitamos ser transformados por el evangelio. Todos somos presos del pecado y anhelamos profundamente ser amados incondicionalmente; es decir, todos clamamos por la redención en Cristo.



VI.            Características de la Congregación


Se ha de dedicar un apartado a las características actuales de la congregación, con la finalidad de concretar la realidad actual desde la que se parte. 



VII.          Llamamiento Específico a la Lectora y al Lector


La Iglesia Episcopal representa la más prístina manifestación comunitaria del amor redentor de Cristo en la unción del Espíritu Santo. Constituye los brazos y manos con los cuales Jesús abraza a cada persona, expresándole amor incondicional. Se llama a pertenecer a nuestra familia a cada persona que desea entregarse al amor al prójimo en Jesús, es decir, a la solidaridad. Es la familia por la cual el amor incondicional llega a cada persona, incluyéndola solo por ser humana, sin imponerle causas de exclusión. Se ama e incluye al humano independientemente de su origen, recursos, intereses, economía, filosofía, interpretación de la religión. Provee un sentido de la vida insustituible, a través de las relaciones que fomenta con las hermanas y hermanos en la fe y en el servicio a la sociedad, a cada persona necesitada (todos somos necesitados, en un sentido u otro). Nos integramos en familia. Asimismo somos impulsados por la Iglesia a crear, a través de nuestro trabajo, ética y aportes, realizándonos en ello. Ante el dolor, nos acompaña en el ejercicio de valores de actitud sanos. La Iglesia nos provee el marco de pensamiento, y la pertenencia a una familia, en la que nos sentimos como en verdad somos: importantes, imprescindibles, insustituibles, preciosos para Cristo, para la Iglesia, para la hermana y hermano, y para el prójimo. Asimismo la Iglesia provee la realidad de formar parte de una familia inter e intrageneracional, nacional e internacional.


Aunado a lo anterior, concretizando en la Iglesia San Felipe y Santiago, los elementos para el futuro de la congregación se hallan presentes: La oración, la sororidad y amor desbordante de la feligresía, el sacerdocio comprometido, la labor de equipo. La visión, esencial para crear un futuro, se ha propuesto en el presente documento como uno de los varios posibles elementos para re-interpretar diariamente la misión y las cinco marcas de la Iglesia. Rogamos que Dios se pronuncie acerca de nuestro futuro, y las y los feligreses actuemos en consecuencia.


Querida lectora, querido lector, la decisión está en sus manos.
    


Bibliografía Comentada


Banks, Robert. La Idea de Comunidad en Pablo. España, CLIE, 2011. Comunidad en Pablo. Sostiene la tesis de que las Iglesias de Pablo se caracterizaban por su deber de entrelazar orgánicamente los distintos dones-carismas-ministerios de sus miembros, en un ambiente equitativo, de respeto pleno. El respeto a la mujer llegaba a los carismas que hoy consideramos más destacados.


Borowitz, Eugene. Renewing the Covenant. A Theology for the Postmodern Jew. Philadelphia, EEUU, Jewish Publication Society (JPS), 1996. Valioso para hebreos y cristianos, nos muestra una renovada teoría del deber religioso (mejorando el imperativo categórico de Kant), como aquel que equilibra armoniosamente nuestros deberes hacia Dios, la humanidad en general, la propia persona (self) y el pueblo del pacto.


Kant, Immanuel. Groundwork for the Metaphysics of Morals. Reino Unido, Cambridge, 1996. Fundamenta que toda la cosmovisión individual y colectiva debe basarse en la dignidad humana bajo el imperativo categórico.


Kaplan, Mordecai. The Religion of Ethical Nationhood: Judaism’s Contribution to World Peace. EEUU, Macmillan, 1970. Ofrece la síntesis de todo el pensamiento del autor. De acuerdo a la ley de la polaridad, la persona es independiente e interdependiente. Esta es la clave para entender la dignidad de la persona unida a una amplia participación en un pueblo (religioso) de vocación ética. La religión se interpreta como la autoconsciencia de un pueblo religioso, que le hace consciente de su pasado, su futuro, y su peculiar vocación de ser un modelo o servidor para los demás pueblos, expresando y viviendo la “ethical nationhood” (vida de todo un pueblo al servicio de la ética). La sabiduría es fruto de la religión y consiste en la capacidad de satisfacer nuestras necesidades de forma sostenible, evitando caer en los extremos de la agresión, la codicia y la lujuria destructiva, en un marco de sostenibilidad intra e intergeneracional.


Lerner, Michael. Jewish Renewal. EEUU, Putnam, 1994. Ofrece una teología y eclesiología sumamente valiosas, no solamente para congregaciones judías, sino también cristianas.


Morris, Robert. Una Iglesia de Bendición. El simple secreto para desarrollar la iglesia que usted ama. Florida, Casa Creación, 2014. Extremadamente valioso para determinar qué es y cómo se encuentra (práctico) la visión que oriente la Iglesia. Destaca la importancia trascendental que para la Iglesia tiene el encontrar su visión específica como congregación local, y enfocarse en ella. Sostiene que es el pastor quien debe recibir de Dios la visión y comunicarla sabiamente a la feligresía. Interpretamos nosotros que, a partir de allí, al posible miembro de la Iglesia corresponde decidir a cuál Iglesia decide hacerse miembro, dependiendo de su sintoniza o no con la visión explicada por el pastor. Destaca la importancia de una verdad bíblica: Las cosas sanas crecen naturalmente. Preocupémonos por potenciar que nuestra congregación local sea sana. Si ésta lo es, funcionarán los planes para que la misma crezca. En caso contrario no se logrará nada. Valorar.


Ramsey, Michael. The Anglican Spirit. EEUU, Seabury, 2004. Trata del espíritu de la Iglesia Cristiana y de las distintas escuelas teológicas.


Ramsey, Michael. The Gospel and the Catholic Church. EEUU, Hendrickson, 2009. El sentido de la Iglesia se encuentra en el vivir permanentemente la pasión y resurrección de Cristo. Una Iglesia es plenamente católica cuando abraza e incluye a la totalidad de los cristianos, es decir, a la cristiandad entera, sin excluir las congregaciones o Iglesias de otras denominaciones.


Ruiz, David D. La Transformación de la Iglesia. Un llamado a retornar a la esencia genética de la Iglesia. Colombia. Editorial Desafío, 2017. Sostiene que la misión de la Iglesia consiste en el discipulado, tanto hacer discípulos, como formar, moldear discípulos.


Soto Murillo, Rolando. “Diagnosticar, Planear, Organizar en el ministerio pastoral”. En Pastoral Administrativa (CEPAS) Nº 3, San José, Seminario Bíblico Latinoamericano, CELEP, Alfalit, 1987. Sostiene que las labores de diagnóstico, formulación de visión, misión y objetivos de la Iglesia, pertenece a la feligresía en su conjunto. Aporta herramientas para ello.


Stott, John. Basic Christian Leadership: Biblical Models of Church, Gospel and Ministry. EEUU, IVPress, 2006. El liderazgo en Pablo se caracteriza por su humildad, por ser servidores de los demás. He allí nuestro modelo.


Stott, John. The Living Church. Reflections of a Lifelong Pastor. EEUU, IVPress, 2011. Destaca que el papel de la Iglesia consiste en desarrollar armoniosamente su llamado a la adoración, evangelización, discipulado, koinonía (amor dentro de los fieles de la Iglesia local), servicio a la sociedad en general y ministerio ordenado.


Williams, Ralph. Escuela Dominical: El Corazón de la Iglesia. Miami, EEUU, Editorial Vida, 2003. Destaca la Escuela Dominical como centro de la Iglesia.


Daniel Montero Bustabad

sábado, 14 de abril de 2018

Comunidad


El trabajo es la comunidad (con-unidad, comunión) entre aquellas personas con las cuales pasamos la mayor parte de nuestras vidas, junto a los cuales damos lo mejor de nosotros mismos, con un fin solidario, de crear un bien, servicio o función pública, que va más allá de nosotros mismos, bajo una finalidad ética. Ello, en el más pleno sentido de la palabra, es lo que describe juntos el trabajo que, por el ambiente, definen nuestras vidas. No existe, en este sentido, una distinción entre vida privada y trabajo público, pues los valores de ambos coinciden, trasladando las energías y aportes de la existencia privada, al ámbito del trabajo en el que nos damos a nosotros mismos al servicio de los demás, a través del ambiente. Por ello resulta más que propicio el compartir contigo una noticia personal. Es una alegría compartir esto contigo, en el anhelo de que se abra una bella etapa en nuestro devenir vital, en la comunidad ambiental en la cual usted y yo nos radicamos.

sábado, 24 de marzo de 2018

Comentarios al Don de la Autoridad (La Autoridad en la Iglesia III)


Título:          El Don de la Autoridad (La Autoridad en la Iglesia III)

Autor:           Comisión Internacional Anglicano-Católica Romana (ARCIC ll)
                    1999



Daniel Montero Bustabad monterodaniel@monterodaniel.com 

www.monterodaniel.com


I.                Antecedentes: Fruto de anteriores trabajos de ARCIC, se llegó a consensos tales como los que se exponen a continuación:

·       reconocimiento de que el Espíritu del Señor resucitado mantiene al pueblo de Dios en obediencia a la voluntad del Padre. Mediante esta acción del Espíritu Santo la autoridad del Señor actúa en la lglesia (cf . Relación Final, La Autoridad en la lglesia 1,3);

·       reconocimiento de que por su bautismo y su participación en el sensus fidelium el laicado representa una parte integrante en las tomas de decisión en la lglesia (cf. La Autoridad en la lglesia: Aclaración, 4);

·       la complementariedad de primado y conciliaridad como elementos de episcopé dentro de la lglesia (cf. La Autoridad en la lglesia 1,22

·       la necesidad de una primacía universal ejercida por el Obispo de Roma como un signo y salvaguarda de la unidad dentro de una lglesia re-unida (cf  La Autoridad en la lglesia ll,9);

·       la necesidad de un primado universal que ejerza su ministerio en asociación
colegiada con los otros Obispos (cf. La Autoridad en la lglesia 11,19);

·       una comprensión del primado universal y la conciliaridad que complemente y no suplante el ejercicio de la episcopé en las lglesias.


II.              Ideas Destacadas:


12. “Cuando un creyente dice "amén" a Cristo individualmente, siempre está incluida una dimensión más amplia: un "amén" a la fe de la comunidad cristiana. La persona que recibe el bautismo debe llegar a conocer la implicación plena del hecho de participar en la vida divina dentro del Cuerpo de Cristo… El "amén" del creyente a Cristo es tan fundamental que los cristianos individuales mediante su vida están llamados a decir "amén" a todo lo que la entera comunidad de cristianos recibe y enseña como el auténtico significado del Evangelio y del modo de seguir a Cristo”.

Considero que la segunda parte de la cita es de rectitud dudosa. Es cierto que un cristiano nunca lo es de forma individual, sino que está llamado a integrarse en la Iglesia. Sin embargo, esta integración eclesial no se puede asumir de forma automática que sea a una Iglesia concreta. Tampoco se puede asumir que todo lo que llegue a enseñar la Iglesia en cualquier momento sea recto ante Dios, ni que deba ser asumido incondicionalmente por el creyente. En principio debe el creyente aceptar la esencia de la enseñanza de la Iglesia y seguir la autoridad de la misma, pero ello lo es como norma general. Pueden surgir excepciones, en las cuales el creyente tenga el deber ante Dios de apartarse de doctrinas u órdenes de la Iglesia, por ser contrarias a la voluntad de Dios.

15.  …Mediante el proceso de la tradición, la lglesia administra la gracia del Señor Jesucristo y la koinonia del Espíritu Santo (cf . 2 Cor 13,14). Por tanto, la Tradición es esencial para la economía de gracia, amor y comunión…

16.  La Tradición apostólica es un don de Dios que debe ser constantemente renovado. Por medio de ella, el Espíritu Santo forma, mantiene y sostiene la comunión de las lglesias locales de una generación a la siguiente. La transmisión y recepción de la Tradición apostólica es un acto de comunión en el que el Espíritu une a las lglesias locales de nuestros días con las que las han precedido en la única fe apostólica. El proceso de la tradición entraña la recepción constante y permanente y la comunicación de la Palabra de Dios revelada en muchas circunstancias diferentes y en tiempos permanentemente en cambio…

22.  La formación del canon de las Escrituras fue una parte esencial del proceso de tradición. El reconocimiento de la lglesia de estas Escrituras como canónicas, tras largo período de discernimiento crítico, fue al mismo tiempo un acto de obediencia y de autoridad. Fue un acto de obediencia en el que la lglesia discernió y recibió el "sí" dador de vida de Dios por medio de las Escrituras, aceptándolas como la norma de fe. Fue un acto de autoridad en el que la lglesia, bajo la guía del Espíritu Santo, recibió y transmitió estos textos, declarando que estaban inspirados y que los demás no debían ser incluidos en el canon.

23. El significado del Evangelio de Dios revelado es comprendido plenamente sólo dentro de la lglesia. La revelación de Dios ha sido confiada a la comunidad. La Iglesia no puede ser descrita con propiedad como un conjunto de creyentes individuales, ni puede considerarse su fe como la suma de las creencias de los individuos. Los creyentes forman, juntos, el pueblo de la fe, porque han sido incorporados por el bautismo a una comunidad que recibe las Escrituras canónicas como la auténtica Palabra de Dios; reciben la fe en el interior de esta comunidad.  La fe de la comunidad precede a la fe del individuo.

Resulta valiosa la comprensión de que la tradición en Iglesia no es la suma de creencias de los creyentes individuales, sino que el cristiano debe vivir imbuido plenamente de la vida de la comunidad cristiana eclesial. De ello se deriva que la Iglesia tiene un cierto peso en la toma de decisiones individuales, así como que lo que ésta enseña debe ser analizado seriamente por el individuo. Sin embargo, estimo que, desde un punto de vista valorativo, la fe del individuo precede a la de la comunidad, pues la justificación es por fe sola. Por ello debe descartarse la consecuencia de la tesis contraria que se podría desprender de lo manifestado en el documento, que sería que el magisterio eclesial debe ser incondicionalmente obedecido por el creyente individual. Quien ha de rendir cuentas ante el Hijo de Hombre-juez, es el individuo, amparado en la justificación por la fe sola que él decide aceptar individualmente en su vida. Por ello, aunque la tradición eclesial y el consiguiente magisterio deben tener un peso cierto en la toma de decisiones del creyente individual, éste debe apartarse de aquéllos cuando exista una desviación grave de la voluntad de Dios, como individuo que, como tal individuo, debe vivir como si fuese a rendir cuentas ante el Juez terrenal (nuevo reino de Dios), Jesús el Mesías.


28.  El pueblo de Dios como un todo es el portador de la Tradición viva. En situaciones  cambiantes que producen nuevos desafíos al Evangelio, el discernimiento,  actualización y comunicación de la Palabra de Dios es la responsabilidad de la totalidad del pueblo de Dios. El Espíritu Santo actúa a través de todos  los miembros de la comunidad, utilizando los dones que él da a cada uno para el bien de todos. Los teólogos especialmente sirven a la comunión de la Iglesia entera explorando si y cómo se deberían integrar las nuevas ideas en la corriente viva de Ia Tradición. En cada comunidad existe un intercambio, un toma y daca mutuos, en el que Obispos, clero y laicos reciben de y dan a los otros dentro del cuerpo entero (el énfasis es añadido).


La autoridad en la Iglesia sirve para la proclamación del evangelio y para la acción del mismo a los que no son cristianos. Es decir, la autoridad de la Iglesia es con una finalidad misionera (apartado 32). Por ello la autoridad ha de buscar la unidad de todos los cristianos, y así hallar legitimidad ante los no cristianos, al percibir una Iglesia unida (33).

El Obispo tiene autoridad para tomar decisiones (jurisdicción), y el creyente tiene el deber de obedecerle, pues ha de recibir como creyente su decisión y acatarla. Su libertad consiste en saberse creyente que, como tal, recibe y cumple la decisión del Obispo (36).

Sínodos en la Iglesia. Los Obispos, a su vez, se integran en un colegio de Obispos (pues las Iglesias locales son interdependientes, de modo que las mismas muestran su pertenencia a un todo más amplio, siendo esto la comunión entre las Iglesias), de modo que cada decisión debe tomarse en el nivel apropiado. Este principio se manifiesta de forma distinta en las dos comuniones.

La indefectibilidad de la Iglesia significa el cumplimiento de la promesa de Cristo a la Iglesia, de que le enseñará toda la verdad, generando certeza a la Iglesia, pues Cristo mantendrá a la Iglesia en la verdad (41). Como la Iglesia es indefectible, su enseñanza es infalible (42). El colegio episcopal ejerce esta función magisterial, en virtud de la sucesión apostólica (44).


Comentario de Daniel Montero: La historia refuta estas tesis.


La primacía consiste en ejercer “la autoridad en colegialidad y conciliaridad” (45). La ARCIC ha establecido que la primacía debe ser ejercida universalmente. Por ello el magisterio universal (proclamar y enseñar una verdad a todos) es ejercido por el obispo de Roma en el colegio episcopal (47). Esta enseñanza tiene el mismo peso que la aducida por los concilios ecuménicos (47).

“Cuestiones planteadas a los Anglicanos
56. Hemos visto que son necesarios a todos los niveles instrumentos de vigilancia y toma de decisiones para sostener la comunión. Teniendo esto en cuenta la Comunión Anglicana está explorando el desarrollo de estructuras de autoridad entre sus provincias. ¿Está la Comunión también abierta a la aceptación de instrumentos de vigilancia que permitirían que las decisiones que deben adoptarse, en determinadas circunstancias, vincularan a la lglesia entera? Cuando surgen nuevas cuestiones importantes que, en fidelidad a la Escritura y Tradición requieren una respuesta unida, ¿estas estructuras ayudarán a los Anglicanos a participar en el sensus fidelium con todos los cristianos? ¿Hasta qué punto la acción unilateral por parte de provincias o diócesis en materias que conciernen a la lglesia entera, una vez que la consulta ha tenido lugar, debilita la koinonia? Los Anglicanos han mostrado su voluntad de tolerar anomalías con el fin de mantener la comunión. Ciertamente esto ha llevado al debilitamiento de la comunión que se manifiesta en la Eucaristía, en el ejercicio de la episcopé y en el intercambio de ministros. ¿Qué consecuencias se derivan de ello? Sobre todo, ¿cómo tratarán los Anglicanos la cuestión de la primacía universal tal como está emergiendo de su vida común y del diálogo ecuménico?”


III.            Conclusiones del texto:


a.     No existe el cristiano aislado. Ser cristiano implica, por definición, ser miembro activo de la Iglesia.

b.     Ser miembro activo de la Iglesia conlleva someterse a la autoridad de la misma en asuntos eclesiales, y acatar el magisterio (enseñanza) de la misma.

c.     Para que la Iglesia actúe como tal Iglesia, es decir, conjunto coherente de miembros (sociedad eclesial) y no como una banda de individuos aislados, se requiere un elemento aglutinador. Este elemento aglutinador implica el poder, el cual tiene dos ramas principales: i) Poder decisorio sobre asuntos eclesiales (jurisdicción). ii) Salvaguarda y enseñanza del depósito de la fe (magisterio).

d.     La jurisdicción y el magisterio son ejercidos en la Iglesia por los Obispos de forma colegiada, en los distintos niveles estudiados en los textos. Ello se fundamenta en la sucesión apostólica, entendida, ya sea como manifestación del derecho divino, o por derecho humano.

e.     Sobre esta base se reflexiona acerca de que los niveles de decisión eclesiales no son solamente a nivel de diócesis y provincia, sino que también existe un nivel universal donde debe reconocerse la primacía universal del obispo de Roma, con cierta autoridad y magisterio de forma colegiada. Este es el punto de contacto para lograr en el futuro una plena comunión entre anglicanos y romanos. Para ello los anglicanos deben avanzar en los procesos de reconocimiento de un nivel universal de magisterio, toma de decisiones y supervisión (episcopé). Los romanos, por su lado, deben profundizar en el carácter colegial y conciliar del ejercicio de la jurisdicción y magisterio a nivel universal, nacional y diocesano.

f.      Los romanos y los anglicanos deben asumir de nuevo lo que realmente significa el primado universal.



IV.            Reflexiones:


a.     El texto formula muchos aportes para la comprensión de la autoridad en la Iglesia. Muy significativo resulta el reconocimiento de que ser creyente implica, por definición, ser miembro activo de la Iglesia y que el miembro activo, como tal, debe sujetarse a la jurisdicción y magisterio de la Iglesia.

b.     Considero, sin embargo, que podría existir una deficiencia metodológica en los presupuestos teórico-metodológicos del texto. El mismo parte de una estructura vertical de arriba hacia abajo y de un papel pasivo del creyente individual, que simplemente obedece. Sin embargo, a partir del Renacimiento, la Reforma y la Modernidad, resulta incompatible con la cosmovisión del creyente ilustrado actual, el punto de partida pasivo-vertical del texto. Para que el creyente actual pueda asumir los objetivos del texto, se debe partir del proceso contrario, es decir, de forma horizontal de abajo hacia arriba y de un papel activo del creyente en la determinación de la verdad y de la autoridad.

c.     Para la reconstrucción de la vida eclesial de forma horizontal y de abajo hacia arriba, resulta fundamental la teología de Borowitz, la cual, si es el caso, podré exponer oralmente en clase.

d.     En este proceso, el creyente individual asume el libre examen, su deber de formular sus creencias y de asumir las consecuencias de formar parte del Cuerpo de Cristo. A partir de estas bases entiende la participación activa en la Iglesia, la cual implica acatar la jurisdicción de la Iglesia y su magisterio, pero no de forma incondicional. La historia está llena de ejemplos de ejercido incorrecto de la autoridad eclesial, ante la cual los creyentes individuales asumieron su responsabilidad ante Jesús de apartarse de tales decisiones o enseñanzas. Sin embargo, el que la sujeción a la jurisdicción y al magisterio no sea incondicional, su recepción cuidadosa por cada creyente individual, proporciona una base suficiente para garantizar una vertebración adecuada de la vida eclesial y el avance del Reino de Dios.

e.     No comparto la tesis de que deba existir un magisterio y jurisdicción universales. El primado universal ha de ser únicamente de honor y, en el ejercicio de ese honor, se debe utilizar la persuasión, nada más. Un papel semejante al del Arzobispo de Canterbury, pero ejercido universalmente, no necesariamente desde Roma.



V.              ¿Qué dificultades se presentan en la Iglesia en el ejercicio de la autoridad?


En las Iglesias cristianas, independientemente de cuál comunidad se trate, se presentan retos tales como los siguientes:


1.               Colegialidad. Garantizar que las decisiones sean adoptadas con el debido consenso de clero y laicado (incluyendo las diversas clases sociales). Potenciar la conciliaridad y la colegialidad.

2.               Gobernabilidad. Garantizar que el debate no se eternice sin adoptar las decisiones que sean adecuadas, tras un proceso decisorio colegiado (que admite primacía) que legitime la decisión. En caso de que la decisión no sea unánime, deberá estar respaldada por una mayoría lo suficientemente fuerte (el tipo de mayoría, simple, absoluta o más reforzada, dependerá del tipo de decisión) como para garantizar la legitimidad de la misma, y, por tanto, la obediencia a la misma.

3.               Representatividad. Garantizar que los representantes de los colegios decisorios, sean lo suficientemente representativos del clero y del laicado, incluyendo las diversas clases sociales, niveles de educación, etnias, etc.

4.               Primacía. Procurar ganar legitimidad ante la sociedad, mostrando la unidad de los cristianos a través de una primacía honorífica.

5.               Episcopalidad colegial. Cada generación debe re-descubrir y perfilar mejor el papel de las Obispas/os como custodios del depósito de la fe que se re-interpreta en cada generación. La relevancia de las mismas incluye lo siguiente: 1) Custodios del depósito de la fe. 2) Supervisor de la rectitud de la administración eclesiástica. 3) Juez eclesiástico. Para todas estas labores se necesita un órgano independiente, que no dependa de elecciones o de mayorías transitorias, sino de personas cristianas independientes de solvencia contrastada.

6.               Todo lo anterior constituye la respuesta a dificultades de todas las comuniones, tales como: i) Falta de representatividad de los colegios decisorios, por involucrar solo clero y no laicado, o, aunque involucre a ambos, éstos no representen las diversas clases sociales, niveles de educación, etnias, etc. ii) Unilateralidad en la adopción de decisiones, sin garantizar la colegialidad que contribuya a la legitimidad de las mismas. iii) Fragmentariedad local o provincial de las decisiones y magisterio, de modo que lo establecido en una provincia contradice lo dispuesto en la otra. Para responder a ello se encuentran los instrumentos de unidad. iv) Falta de gobernabilidad: Los debates internos se hacen internos y no se adoptan decisiones. v) Falta de acatamiento de las decisiones y/o del magisterio. Ello puede deberse a falta de legitimidad de las decisiones, o bien a falta de compromiso del laicado. La falta de compromiso del laicado (¿clero?) es un grave reto para el cristianismo. Vivimos una plaga de “cristianismo” nominal que insulta a Jesús. Otro problema es una plaga de cristianos verdaderos, pero no comprometidos con ninguna Iglesia. Este es otro grave reto del cristianismo. iv) En el cristianismo también se vive una fuerte independencia de la Iglesia de cada barrio o ciudad, con ausencia de cobertura espiritual o conexión con la Iglesia universal. Ello fomenta toda clase de desviaciones y problemas. La episcopalidad colegiada es una respuesta a tal situación.


 Daniel Montero Bustabad monterodaniel@monterodaniel.com 


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